Medias verdades

No puedo menos que estar totalmente de acuerdo con el artículo publicado por John Spencer y Tom Panarese. Un artículo donde se nos expone un listado de frases que, últimamente, están en boga de muchos en las diferentes redes sociales y que tienen mucho a ver con la función docente. Frases hechas que, en demasiadas ocasiones, son usadas por los «salvadores» de turno que van a ser capaces de salvar, con su grandilocuencia, ese sistema educativo que hace aguas. Algo que, por cierto, permite a algunos vivir del cuento y a otros muchos sentirse guiados por un dogma de fe.

medias_verdades

Es por ello que me permito colgaros (y adaptar) las medias verdades que comentan, los autores del artículo referenciado anteriormente, que se están vertiendo de forma indiscriminada en diferentes foros. Unas medias verdades que se venden muy bien y que, seguro que más de uno de nosotros, compramos sin mirar demasiado la etiqueta. Unas afirmaciones, plagadas de matices que no se hacen, que casi nunca vienen de personas que están en el aula. No lo olvidemos nunca… la mejor mentira es una verdad a medias.

  • «Los docentes deberían negarse a dar ________ «. Es muy bonito desde púlpitos alejados del aula decir que los docentes deberíamos negarnos a evaluar, a pasar pruebas estandarizadas, a boicotear la aparición de nuevas materias curriculares. Es muy bonito defenderlo pero, a la hora de la verdad, los padres exigen buenas notas para sus hijos, poder ver los exámenes y que el trabajo de sus hijos cuente para poder entrar en un futuro en la carrera elegida. ¿Alguien se imagina un docente de segundo de bachillerato no preparando para Selectividad? ¿Cómo justifica delante de los padres que su hijo no va a acceder a la carrera deseada porque él, como docente, no cree en el sistema? Muy bonito, poco realista.
  • «Soy un docente» o «Cualquiera es un docente». No. No todo el mundo es docente. Si uno vive de dar charlas sobre cuestiones educativas, eso no le convierte en docente. Pueden ser charlas más o menos interesantes, llenas o no de sentido común pero, jamás, a la persona que hay encima de la tarima se le puede considerar docente. Docente es una profesión. Un trabajo remunerado. ¿Alguien se imagina que llamáramos doctor a alguien por ser capaz de aplicar una tirita a sus hijos? ¿Alguien se imagina que consideráramos chef a todos los que cocinan en sus casas? ¿Alguien cree que, por hacerme un café por la mañana, soy un camarero? Enseñar algo fuera del ámbito profesional no da el derecho a ser llamado docente.
  • «El problema real es el desarrollo profesional del docente«. No, el verdadero problema es la política. A menudo, los docentes intuyen/saben lo que debería ser una buena Educación pero se debe rendir cuentas a la administración. Si se quiere cambiar el sistema se tiene que hacer desde la política. Meterte en política educativa no va a darte muchos réditos (a nivel de ¡qué bonito es todo!) pero es la única forma de conseguir cambiar las cosas. Postular cambios desde el aula puede ser interesante pero jamás va a permitir un cambio educativo real.
  • «El sistema educativo está roto«. No, el sistema está viciado. Hay una enorme cantidad de cosas que, a pesar de todo, siguen funcionando maravillosamente bien en la Educación Pública. Si no fuera así, nadie conseguiría nunca nada y, por suerte, aún hay personas que están saliendo de la misma y labrándose una gran trayectoria personal/profesional. Por tanto, ¿podemos hablar de estropicio absoluto?
  • «Debemos dejar de enseñar con métodos del siglo XIX». Está claro que la única institución que cambia más lentamente que el sistema educativo es la Iglesia Católica. También está claro que estoy enseñando en edificios y mediante horarios que se desarrollaron hace más de 100 años. El único problema que le veo a lo anterior es que, quizás, la sociedad tampoco ha cambiado realmente tanto desde el siglo XIX. Analizar fríamente la sociedad y descubrir que el modelo productivo es similar al de hace décadas debería hacernos replantear la afirmación. Eso sí, es muy bonito enseñar para trabajos que aún no existen porque, incluso que no lleguen a existir nunca, la docencia-ficción se vende muy bien.
  • «Necesitamos a los mejores para ser docentes». Qué bonito es la excelencia académica para obtener a los mejores docentes. El único problema es que quizás no deberíamos buscar al que sea académicamente mejor y sí al que sea capaz de transmitir mejor. En la Universidad lo anterior se lleva al absurdo… ¿quién no es capaz de decir quiénes han sido sus mejores docentes? ¿Cuántas veces esos docentes son los más brillantes a nivel intelectual? ¿Es necesario saber mucho? ¿Es necesario sacar un diez en todas las asignaturas de la carrera para ser un buen docente? Creo que elegir a los mejores no consiste en esa perversión de la selección aunque, sinceramente, creo que los tiros de los políticos que lo mangonean todo van por ahí. Eso sí, tan mala es la perversión de la frase anterior como aquella que dice que «quien vale, vale y, quien no, para docente».
  • «Los docentes aprenden más de los alumnos que los alumnos de los docentes». Los docentes deberíamos realizar un aprendizaje permanente pero, sin embargo, atesoramos más conocimientos que los alumnos y más experiencias vitales que ellos. Si en el aula el docente debe convertirse en aprendiz y el alumno en docente quizás es que hay algo que funciona realmente mal. Eso sí, queda muy bien decirlo en diferentes foros. Vende bien.
  • «Los docentes no tienen el monopolio del conocimiento». Tengo claro que no lo sé todo pero también creo que, si no somos capaces de tener el espíritu crítico desarrollado, la capacidad de búsqueda de información y la posibilidad de ir siempre un paso delante de los chavales, nos hemos equivocado de trabajo. Nadie tiene el monopolio del conocimiento pero sí que hay diferentes gradaciones en ese espacio cooperativo.
  • «Si hacemos las clases atractivas, el problema de disciplina desaparece». Perogrullada del copón. Los alumnos tienen un objetivo claro en su rol. Dicho objetivo, más allá de lo ilusionante que parezca para el docente lo que ha montado, está siempre canalizado. La disciplina no depende de lo amena que sea la clase. La disciplina depende de como sea el docente, su capacidad de interacción y el uso de los roles que tanto critican los amantes del laissez faire. Algunos alumnos actuarán de forma poco disciplinada con independencia del docente y de su praxis. Algo que, si esos que lo defienden/postulan, hablaran de la realidad y no de esa alternativa que algunos desconocen y otros manipulan, sería algo incuestionable. El que no quiere aprender por los motivos que sean, lo hagas como lo hagas, va a ser un problema en el aula. Eso sí, ahora con los portátiles en el aula ese problema de disciplina se soluciona fácilmente. Qué bonito es internet para distraer al personal.

Cuestiones que deberían hacer pensar. Cuestiones que, quizás estamos tomando como ciertas, y que en nuestro día a día se desmontan demasiado a menudo. No hay peor realidad que la que uno no quiere ver. No hay peor afirmación que la que se da sin matices. No hay peor matiz que el que no existe.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments

Deja un comentario

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
close-link