Medidas para mejorar la educación valenciana el curso 2016-2017

Hay algo en lo que los docentes que estamos trabajando en las aulas de la Comunidad Valenciana tenemos claro: hay un gran fracaso escolar y las medidas que se llevan aplicando las últimas décadas bajo el gobierno del PP y, algunas que se están tomando por parte de los «nuevos», siguen sin ser las más necesarias. Cuando un gobierno se despreocupa durante décadas de lo que sucede en las aulas, más allá del intento de lucro por parte de unos cuantos o la necesaria obtención de votos tomando medidas que beneficien sólo a sus votantes, se crea un problema. Y, a estas alturas de la película en la educación valenciana, queda claro que tenemos un gran problema educativo. Un estado de emergencia que obliga a tomar determinada medidas que, por desgracia, siguen sin tomarse por motivos que algunos desconocemos. No es cuestión de medidas estrella (XarxaLlibres, Primavera Educativa, escolarización temprana a los dos años, propuestas de construcción masiva de centros educativos u otras de diferente calado). Hay medidas urgentes -que no parches- y, por desgracia, da la sensación que se sigan confundiendo las grandes decisiones con medidas, mucho más económicas que las que se están aplicando, a mi entender, demasiado poco trabajadas.

Fuente: http://www.newsx.com
Fuente: http://www.newsx.com

Conviene trabajar en la mejora de la educación desde los centros. Es imprescindible crear un cuerpo de inspectores que funcione y no tenga el lastre de haberse convertido, al menos en la Comunidad Valenciana, en un refugio político de determinados docentes. No lo digo yo, sólo hace falta ver el perfil político de los inspectores y observar que la mayoría pertenecen ideológicamente a un determinado sector político. Y eso es un problema. Si los encargados de la vigilancia de los centros educativos y de asesorar a los mismos para la mejora educativa son unos simples peones políticos, tenemos un problema. Legalmente es imposible echar a algunos de los que hay pero sí que hay posibilidad, a nivel legal, de crear un cuerpo de inspectores accidentales que, mediante una prueba objetiva en la que demuestren sus dotes de liderazgo y conocimiento de la realidad de los centros educativos (y no estoy hablando del típico examen teórico que sólo pueden aprobar los que van a una determinada academia o uno que ya actúa de inspector accidental porque le escogieron por sus simpatías políticas), pueda ser el nexo de unión entre el centro educativo y la Conselleria. ¿Y qué hacemos con los que tenemos ahora? Pues lo lógico… que sigan siendo el cuerpo de burócratas en el que se han convertido la mayoría y se dediquen, en exclusividad, a apagar fuegos y a tareas de gestión desde el despacho. Sí, ese perfil de inspección también es necesario. Por cierto, no todos tienen ganas de medrar y hay algunos que tienen ganas de hacer cosas… pues a esos facilitarles que se incorporen al cuerpo accidental que se cree. Accidental porque, los que entren en el mismo, deberían tener un período máximo de permanencia en el mismo de ocho años con evaluaciones periódicas de su función.

Ya hemos conseguido crear el nexo de unión entre los centros y la administración para que los docentes, representados por su equipo directivo o de forma individual, puedan trasladarle las necesidades. Con lo anterior conseguimos algo muy importante: control de los centros y trabajo cooperativo entre los que deberían ayudar a los que están en las aulas y los que están. ¿Vale la pena ese dinero en personal? Yo creo que la rentabilidad del coste que supone lo anterior es impresionante y el beneficio muy superior a los costes.

Ahora que ya tenemos el puente creado, vamos a trabajar en la dirección de los centros. Los directores son fundamentales para gestionar las mejoras educativas de sus centros. Es por ello que se hace imprescindible, para ellos, tener disponible una formación adecuada en la gestión de los mismos y, como he dicho antes, acceso directo a la administración mediante esos inspectores que deberían incorporarse al sistema. Dicha formación debería hacerse a lo largo del curso escolar, de forma obligatoria, y con feedbacks continuos entre los directores de los diferentes centros. No se trata de habilitar a alguien para ejercer la función directiva, se trata de acompañar al director en sus necesidades. Algo muy relacionado con la autonomía pedagógica que deberían tener y las posibilidades de gestionar sus necesidades de personal, que no los nombres.

También se debería incorporar la posibilidad de que fueran los centros educativos quienes eligieran qué planes educativos les son necesarios. Sí, debe haber un límite de alumnos que lo exijan (los recursos son finitos) pero, con una buena gestión del profesorado que existe actualmente en los centros con una sobredotación mínima, nos podríamos permitir ratios mucho más reducidas y proyectos de diversificación curricular eficaces. Además, tengamos claro que donde se hace imprescindible esa sobredotación es en Primaria ya que, junto con Infantil -aunque ahí entran más otro tipo de aprendizajes-, es donde se fragua el fracaso escolar. En los IES ya tenemos alumnos que, por desgracia, ya han fracasado en un sistema que no ha abocado recursos en ellos. Por cierto, las condiciones laborales de los docentes, sea cual sea la etapa educativa en la que se imparta clase, deberían equipararse. Menor horario lectivo pero mayor exigencia a la hora de preparar las clases y establecer elementos de coordinación eficaces -que no reunionitis inútil-.

Ya veis que en todo momento estoy hablando de los profesionales. Sí, es clave para cualquier mejora educativa gestionar bien los perfiles profesionales de los docentes y ofrecerles, cuando sea necesario, la mejor ayuda posible.

Más cuestiones que ya he inferido anteriormente… las ratios. Se hace imprescindible, aunque algunos no lo crean, establecer unas ratios máximas muy alejadas de las actuales. ¿Cuál es la ratio ideal? Después de mi experiencia personal y hablar con mis compañeros sobre el tema, tenemos bastante claro que el número debería oscilar entre 14 y 18 alumnos por aula. Con ese número se puede trabajar muy bien y personalizar las necesidades. Eso sí, algo que también debería ir muy relacionado con las ratios es el tema de la tutorización de los alumnos. Una tutorización que debería cambiar de perspectiva y obligar a todo el profesorado de los centros a mentorizar a los mismos alumnos a lo largo de toda su etapa académica. Si, por ejemplo, hay cuarenta docentes en el centro (hablo de un IES, pero debería hacerse igual y, con más motivo, en etapas inferiores) y doscientos alumnos, cada docente debería tutorizar a cinco alumnos de forma exclusiva a lo largo de toda secundaria. ¿Qué conseguimos con lo anterior? Pues conocer las necesidades de cada alumno y poder solucionar sus problemas de aprendizaje. No tiene ningún sentido la tutoría actual tal y como está planteada con veintimuchos alumnos tutorizados anualmente por un docente -que, con suerte repite dos cursos- porque no acabas de conocer a tus alumnos ni lo que necesitan.

¿Y qué pasa con la detección de los problemas de contexto? Sí, a veces podemos tener muchos recursos a todos los niveles y, por desgracia, no acabamos de obtener los resultados deseados. ¿Qué hacemos? Pues bien, tenemos dos opciones… dejarlo a pruebas finalistas como las que postula el Ministerio de Educación (que no sirven para nada más allá de para segregar) o establecer unos mecanismos de evaluación continuos, tanto de alumnos como docentes, que permitan ver qué fallos se están cometiendo y cómo atajarlos. Lo anterior se hace pisando las aulas por parte de los nuevos inspectores, realizando reuniones de trabajo periódicas y, cómo no, potenciando el intercambio de prácticas y docentes entre centros educativos.

Ya veis que hasta ahora no he hablado de recursos tecnológicos. Pues bien, creo que después de haber hablado un poco de medidas a nivel de gestión curricular, planes educativos de contexto y profesorado, toca hablar de tecnología. ¿Qué tecnología usamos en el aula? ¿Cómo capacitamos al docente para que la use de forma adecuada?

La tecnología debe convertirse en algo que permita hacer las cosas de una manera más sencilla y mejore el aprendizaje de nuestros alumnos. No tiene ningún sentido -y ya lo he repetido en multitud de ocasiones- usar la tecnología para hacer lo mismo que se hacía antes en un formato más guay. Lo importante es usarlas para hacer cosas diferentes y, para ello, se hace imprescindible que los docentes se capaciten en su uso establecimiento de un sistema de capacitación digital metodológica para los docentes obligatoria. Sí, acabo de decir obligatoria. Es obligatorio que, mediante un sistema de formación por niveles, todo el profesorado tenga unos máximos -que no mínimos- de competencia digital para poder decidir qué hacer con las herramientas tecnológicas que tiene disponibles. Y sí, deberían ser los centros quienes gestionaran sus necesidades a nivel tecnológico -incluida su conectividad- mediante la asignación de recursos económicos para que pudieran hacerlo y que deberían ser justificados ante la administración más allá de un proyecto copiado de la red.

Ya habéis visto que he entrado también en el tema de la formación a la hora de hablar de competencia digital y uso de herramientas tecnológicas. Pues bien, ahora tocaría reformular todos los centros de profesorado de la Comunidad. Centros que deberían tener dos objetivos básicos: formar al profesorado y generar materiales educativos de calidad. Para ello debería aumentarse el número de asesores, limitando su alejamiento del aula y, posibilitando una docencia mixta combinada con esa asesoría, con la exigencia por parte de la administración de que se capacite al profesorado más allá de la realización de cursos de nulo interés para la mejora educativa. No sólo deberían ofrecer la formación para capacitar a nivel tecnológico, deberían poner a disposición de todos los docentes los tipos de metodología que existen y, así, poder capacitar en las mismas a los docentes para que elijan la que les sirva en cada momento. No se trata de estandarizar, se trata de ofrecer alternativas y soluciones.

Quizás me estoy dejando algunas cosas en el tintero (especialmente las que hacen referencia a etapas post obligatorias) pero creo que he tocado en este artículo los puntos que, a nivel personal y basados en mi experiencia profesional, creo que son imprescindibles para que mi Conselleria pueda luchar contra algo que no debería dejarnos indiferentes: el alumnado que, por determinados motivos, fracasa en el sistema educativo.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Sí, ahora les ha dado por «las propuestas de mejora» por escrito, pero, ¡ojo! a los nenes ni mentarlos. En cuanto al cuerpo de inspectores (de enseñanza media, no de primaria) su creación se retrotrae a la época franquista. No es difícil deducir con qué propósito. Lo mejor que se podría hacer con él es desmantelarlo y crear, de nuevo, el prestigioso cuerpo de catedráticos de enseñanza media con exámenes de gran dificultad y un temario de 150 temas. Vigente hasta 1983 y destruido por Rubalcaba.
    Si te das cuenta, la reforma ha sido un estrepitoso fracaso y todo tiende a recrear lo que nunca se debió de tocar (aunque sí mejorar).

  2. Has tratado puntos muy interesantes, aunque en cuanto a la formación en las TICs, cuando un docente tiene ganas de innovar y formarse tiene a su disposición cursos, ya sean del CEFIRE, MEC…, para reciclarse y trabajar adecuándose a la realidad actual. El problema es que también hay docentes que viven muy «cómodos» que no les interesa descubrir nuevas metodologías tecnológicas porque les supone trabajo. El perfil en la mayoría, es de docentes que ha estado en un sólo centro donde llevan más de 20 años, no han visto la vida y alternativas en otros centros ni les ha interesado. Además, llevan a sus hijos a la privada porque no quieren que sus hijos tengan lo que ellos hacen.
    Por otro lado, si te ofreces a ser director, directora en mi caso, por supuesto realizando un estudio del centro ( en mi caso de uno que nadie quería ser director/a y habiendo una dirección en funciones), elaborando el proyecto correspondiente para mejorar la gestión, sometiéndote a una evaluación (ante la dirección del centro, el alumnado e inspector), exponiendo tus objetivos ante el claustro y el consejo escolar y llega el momento crucial de poder exponerlo ante la Comisión de Selección (representante de la Administración e inspectores), resulta que amablemente te dan la patada sin dejar de exponer tu proyecto porque la futura directiva del centro (en mi caso que no querían ser), ha llegado a una puntuación mínima (baremación doble por se del centro) que ha realizado el proyecto en tiempo récord por puro trámite sólo porque alguien de fuera del centro más cualificado y formado «el lobo» podría ser director/a. Además jugando sucio, ocultando datos que están obligados a ofrecer aún siendo denunciado ante inspección y sabiendo qué tipo de «profesional» hay porque se quedan en evidencia. Da igual si eres la mejor exposición de 4 directores aspirantes ante el claustro y consejo escolar, donde la votación es pública y el profesorado del propio centro si votan a alguien de fuera se pone en evidencia y tiene repercusiones, además de ser una valoración de los respectivos proyectos de dirección informativa pero no vinculante ante la Comisión. Además de esto, te obligan a llevar una candidatura del centro y currículum que si eres de fuera tienes muchas dificultades para conseguirla, y luego el apoyo de estos compañeros se ve «empañada» por posibles represalias ya que el proyecto es público y en algún caso he sabido que luego han querido quitar su currículum del proyecto de fuera del centro ante la inspección por la imposibilidad de serlo ante la candidatura del propio centro que tiene muchas posibilidades por no decir que son los que serán los elegidos. Por ello la conclusión es que te sientes un conejillo de indias para estimular que el profesorado del centro al que optas ser directora trabaje y donde la normativa está muy viciada. En conclusión, parece ser que no es mejor el que se prepara y quien trabaja y además todo ello está avalado por la normativa aún siendo conocedores la inspección. Lo único que queda es que yo me formo y trabajo para y por mi alumnado y por vocación.

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