Merezco estar nominado al Global Ticher Prais

Llevo tiempo sin escribir. Ya sé que algunos estáis añorando mi artículo matutino pero, es lo que tiene haberse convertido en un desertor de la tiza que entra a trabajar a las siete y media. Bueno, ya sabemos que desertar de la tiza es ponerse a tocarse las partes con fruición, mientras una corte de aduladores te trae el café, te sitúa la almohada en posición y acaba, dentro de sus posibillidades, haciéndote algunas cosas de esas que, por ser horario infantil, es imposible de mencionar. Bueno, sinceramente, creo que debo ser de los desertores del tipo B. O, visto lo visto, del C. Algún día ya os lo contaré con calma. Sí, se ha de ser cenutrio para perder condiciones laborales. Una experiencia más que me voy a llevar. Eso sí, a partir de una edad, lo de las experiencias innovadoras, al igual que lo de hacer deporte, es algo que debería hacerse con mesura. Si no que se lo digan a todas esas articulaciones que no sabía ni que tenía y que, por no se sabe qué razón, han empezado a tener vida propia. Una vida propia que no consigue eliminar ni el ibuprofeno ni ataques farmacológicos más potentes. Mejor volver a la horchata, a las sesiones de mindfulness horizontal o, a flippear todo lo relacionado con la actividad física. Pero la verdad es que en este artículo no os voy a hablar de lo anterior y sí de los méritos que estoy haciendo para salir nominado como finalista al Global Ticher Prais. Ese maravilloso premio dotado con una pasta que, por lo visto, dice que eres lo más de lo más como docente. Bueno, a mí me importa un pijo lo anterior y, lo que verdaderamente me importa es la pasta. Vamos a ser sinceros

Fuente: ShutterStock

Estoy haciendo méritos. Me he largado del aula y he perdido de vista a mis alumnos. Tengo un libro publicado que se usa como material en una determinada Universidad española (de la que me ahorro el nombre, para no desprestigiar aún más sus estudios). He subido unos vídeos a Youtube y me estoy poniendo bien guapo con esas horas de gimnasio que os he mencionado ya, y que me recuerdan que, por desgracia, tengo más articulaciones en mi cuerpo de las que me gustaría. Y ya si eso le sumamos el aspecto de ser representante del sector masculino heterosexual… Coñe, que habiendo más mujeres dedicadas a la docencia, el machismo en nuestro país mola mazo. Más aún en la nominación a determinados premios educativos. O, simplemente, en los ascensos de escalafón profesional.

Ya sé que me falta lo del máster en la URJC y, cómo no, la tesis doctoral. Bueno, en este caso puedo suplir el máster por uno de la UOC y la tesis por una desaparición fortuita de la misma. Total, es solo el Global Ticher Prais y no el postularme a Ministro de Educación.

Además, cada vez son más los que me proponen escribir tuits patrocinados, patrocinarme posts hablando de las maravillas de la aplicación A, B o C. E, incluso, hay algunos que quieren llevarme allende de los mares y océanos para dar determinadas charlas de evangelización educativa. Lo sé, no voy a misa pero prometo ir en un futuro. O no, pero la foto a Instagram la subo. Es que mi cuerpo tan bien cincelado, amén de algunos pequeños detallitos que se pueden pulir con un buen uso de Photoshop o cualquier alternativa libre de esas que hay por la red, se merece ser venerado. Y ya no digamos esa mente tan maravillosa, capaz de detectar los cientos de sabores de la horchata y taxonomizarlos en un esquema que acaba, finalmente, poniéndoles una nota a las mismas. Bueno, rúbrica. No la vayamos a cagar antes de hora.

Llevo mal lo de no pisar callos pero eso es un pequeño error disculpable. Prometo veinte avemarías y cuarenta padrenuestros. Tengo claro que los políticos que gestionan la educación en este país son maravillosos, que OK Diario es uno de los medios de comunicación de más calidad y que, al final, lo importante es el chocolate. Yo me entiendo. Y no estoy hablando del de uso terapéutico que eso no está, precisamente, reconocido en nuestro país. Ni, por lo que creo, en demasiados.

Os pido, con todo el cariño del mundo, que me nominéis para el Global Ticher Prais. Que montéis una campaña en change.org o, simplemente, que en vuestros blogs pongáis una insignia digital de apoyo a mi candidatura. Quién mejor para representar lo excelso de la docencia. Quién mejor que yo. Ya tardáis en tuitearlo 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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