Mi concepción de la educación del siglo XXI

Estoy un poco harto al ver como se mediatizan escuelas del siglo XXI, docentes innovadores o monjas que, curiosamente y apelando a falsas teorías educativas, se encumbran como adalides del modelo educativo que debería plantearse. Un viaje a la escuela del siglo XXI (sic.) no debería verse como un cambio brusco y sí como algo que permita mejorar el objetivo básico de la misma. Un objetivo muy alejado de las herramientas utilizadas, las metodologías milagro o determinados discursos, más o menos edulcorados, que algunos intentan colarnos. Por cierto, también hay mucho discuso que huele a rancio y naftlalínico un poco que alguien se pone a analizarlo.

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Mi concepción de la educación del siglo XXI sería alejarla de la posibilidad de hacer negocio basándonos en ella. Una educación para todos que no segregue, ni en centros ni en aulas, se hace imprescindible. Más aún cuando el objetivo básico es que, aparte de que los alumnos aprendan, es que vivan mejor que sus padres. Ratios bajas, oportunidades para todos, apoyos suficientes y, al final, personalización del aprendizaje más allá de lo que marquen esos controles exhaustivos que te ofrecen determinados programas basados en múltiples rúbricas o calificaciones. O sea, evaluación significativa al margen de intereses de terceros y centrada en la mejora de las habilidades/capacidades del alumnado. Me da igual el método usado (exámenes, observación directa, trabajos «individuales» con sentido, etc.), lo que importa es que sirvan.

Los trabajos en grupo deberían abolirse para ser realizados fuera del aula. Al menos mientras no exista la completa seguridad que todos trabajaran en la realización del mismo. Ídem para aquellos que pueden hacerse mediante un copia y pega de internet. Otra cuestión son las tareas para mejorar o aprender ciertos conceptos porque, como se sabe aunque algunos no quieran reconocerlo y piensen que ciertas cosas suceden por ciencia infusa, a sumar se aprende haciendo sumas. Lo mismo para adquirir determinado tipo de saberes, mejora de forma física o aprendizaje, por poner un ejemplo, en cultura musical. ¿Qué hay de malo en dedicar tiempo a la cultura incluso que no esté en el currículum? ¿Y si montamos un currículum mucho más básico y flexible con mecanismos más fiables para saber si se han asumido esas bases antes de pasar a hacer otra cosa? Claro que no todos aprenden a leer -ni deben aprender- al mismo momento. Es por ello que una educación del siglo XXI debe aislar el concepto edad fisiológica de la ecuación.

Eliminar distractores de los centros, educar en el uso de dispositivos electrónicos, fusilar cualquier aprendizaje que sea ideológico per se (léase, por ejemplo, cualquier religión como asignatura obligatoria), potenciar la inclusión, la igualdad bien entendida, el compañerismo, la capacidad de ser autosuficientes en ciertos aspectos y un largo etcétera de objetivos. Todo ello sin olvidarnos del futuro de nuestros alumnos porque, al final, en la sociedad debemos reponer médicos, docentes, ingenieros, limpiadores, reponedores y un largo etcétera de profesiones tan respetables como cualquier otra.

Mi concepción de la escuela del siglo XXI se aleja de la concepción salvadora de unos, de la ludificación a cualquier coste, del sometimiento a los vaivenes de las modas, de los negacionistas de ciertas cuestiones, de las multinacionales o centros educativos que quieren hacer caja, de los vendehumos y, de aquellos que creen que sin trabajo se consiguen las cosas. No estoy pensando en un modelo industrial pero tampoco podemos centrarnos en exclusiva en plantear un modelo alejado de la obtención de resultados porque, por mucho que a algunos les guste vivir en Yupi, vivimos en una realidad que debemos ir cambiando poco a poco. ¿Empezamos con los chavales que tenemos ahora y nos dejamos de milongas acerca de prepararles para profesiones que no existen? Ésta es mi concepción. Ya, seguro que estoy equivocado y puedo matizarlo, pero grosso modo es lo que pienso sobre el tema.

Un post surgido de la lectura del artículo "Viaje a la educación del siglo XXI"... donde hay muchas cosas que me chirrían.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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