Mi particular Pacto Educativo

Tengo muy claro que mi opinión, al igual que la de los cientos de miles de compañeros que están en el aula, importan entre poco y nada a los responsables educativos que están mediatizando un Pacto Educativo que no quieren ni les interesa. Estoy convencido de que, al igual que todas las medidas que se están tomando en el ámbito político, los intereses que subyacen tras las mismas están alejadas de la necesidad de los ciudadanos y redactadas para contentar a unos u otros votantes. No olvidemos jamás que los partidos políticos legislan para los suyos. Para sus votantes y para todos aquellos entramados económicos que les sustentan pero, a pesar de ello, en ocasiones les toca mojarse. Y, en el caso de la Educación, hay muchas presiones para que se acaben mojando. Presiones que implican votos y, al final, eso puede marcar el que muchos sigan sorbiendo dinero público por no tener donde caerse muertos si se retiran de la política (o de los cargos políticos). Por cierto, hay cargos políticos que se lo curran. También en Educación. No son la mayoría pero haberlos, haylos.

Fuente: Facebook

Me molesta que para el Pacto Educativo sólo se haya convocado a mercachifles o personajes de una determinada ideología política. No creo que César Bona, José Antonio Marina, Carmen Pellicer o Eduard Vallory (responsable Escola Nova 21, el proyecto privatizador de la antigua y condenada Convergencia) sean los más importantes a la hora de decidir qué poder hacer para mejorar la Educación. Bueno, al menos no más que mis compañeros de Lengua y Literatura, Matemáticas, Educación Física o Tecnología. La verdad es que, puestos a aportar, quizás hubiera sido mejor convocar a determinados profesionales de aula por sorteo. Profesionales de las diferentes etapas y tipologías de centros. Docentes, alumnos y padres. No sólo ellos. Creo que también el personal laboral del centro debería tener voz en algo tan importante. Bueno, importante para algunos entre los que no se incluyen ni medios (salvo para manipular o actuar de voceros de los suyos), ni las organizaciones que quieren gestionar la Educación para sacar tajada (directa o indirectamente). Un detalle, que cuestione que se convoquen determinados nombres a las comisiones no implica que dude de su capacidad. Simplemente, me extraña que sólo sean ellos.

Pero vamos a lo constructivo. Mi humilde y particular visión acerca de qué debería consistir un Pacto Educativo. Un Pacto que debería marcar determinados cambios y los mismos deberían ser de afección en el aula porque, vamos a ser claros… ni la LOE, ni la LOMCE han cambiado un ápice la manera de trabajar en las aulas. Y el maquillaje de los resultados del fracaso escolar se deben más a «regalos» o simplemente abrir la mano con sentido común (mediante aprobados o vías alternativas) que a una mejora real del aula. No lo digo yo. Lo dirá cualquier docente que esté en el aula y sepa qué pasa cada final de curso. Algo que no es intrínsecamente malo porque yo, al igual que muchos, también creo que la repetición, al menos en etapas obligatorias, es un craso error. Ya, tenemos que tomar medidas para aquellos alumnos que no siguen el ritmo pero, ¿no sería mejor empezar a poner medidas de apoyo en lugar de parches? Medidas que valen dinero. Medidas que deberían incluir reducción de ratios en Primaria y apoyo a los padres. Sí, los padres y su situación socioeconómica son clave para el resultado de sus hijos.

¿Medidas clave? Reducción de ratios, eliminación de currículums en etapas inferiores aumentando el peso horario de las acciones destinadas a la mejora de habilidades más manuales. Eso sí, necesidad absoluta de potenciar la lectura y la realización rápida de operaciones matemáticas básicas. En sexto de Primaria el alumnado debería tener afición por la lectura, saber leer y escribir sin faltas de ortografía, tener capacidad de articular discursos frente a sus compañeros y ser capaz de resolver operaciones sencillas que incluyan sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. No hace falta nada más. Reducción del horario lectivo y, como he dicho antes, aumento de actividades deportivas, musicales y plásticas. Todo lo anterior llevando asociado el trabajo grupal y con un sistema de evaluación cada cierto tiempo (más o menos academicista) como constatación de que no hay problemas. Personalización en las etapas clave.

En el tema de la ESO ya sé que algunos vais a saltarme a la yugular pero yo devolvería a los alumnos de primero y segundo de ESO a las escuelas. O eso, o por el hecho de no gastar más de la cuenta, permitiría que en los dos primeros cursos de la ESO vuelva a darse la posibilidad de que haya maestros que ejerzan ahí. Equipos multidisciplinares de profesores y maestros, con buena coordinación entre ellos, pueden ayudar a detectar determinadas claves. Hay veces que la visión de un maestro es necesaria. También lo es la visión de un profesor de Secundaria. Lo mismo para los cursos de Bachillerato pero, en este caso muy relacionado con la posibilidad que haya docentes universitarios que den algunas horas ahí. Lo sé, me he dejado el tema de la FP y otro tipo de estudios pero creo que podéis captar la idea.

No lo he dicho antes pero sí que debería existir una inspección «pedagógica» que sea capaz de ir a los centros y ayudar a los docentes. Docentes con más de 20 años de trabajo de aula que, después de una oposición muy exigente, se les pagara un año de formación (controlada y evaluada) en metodologías, prácticas y detección de pseudociencias educativas, que fueran referentes en determinadas praxis educativas. Apoyo más que sanción. Capacidad más allá que decisiones políticas o burocráticas. Quizás esta figura permitiría eliminar a los inspectores más burocratizados para sustituirlos por personal administrativo o servicios jurídicos. No tiene demasiado sentido que un docente se convierta en burócrata. Menos aún el perder a alguien que ha mamado tantos años de aula. Recordad que he dicho que para acceder a este cuerpo se debe haber pisado 20 años ininterrumpidamente el aula.

Lo anterior (el tema de las detecciones de las necesidades del alumnado) no sería posible sin un buen equipo de orientación. Orientación que no ponga pegas ni se dedique a mandar papeles al resto de sus compañeros. Orientadores con poca carga de alumnado y suficientes para el tamaño de cada centro que velen porque no haya ningún caso que se les escape. Orientadores, por cierto, trabajando codo con codo con servicios sociales y gabinetes de psicología médica. Aprovecho para decir que también debería existir personal de enfermería en cada centro para cuestiones relacionadas con la salud (tanto para solucionar accidentes que puedan darse como, en su faceta más importante, la de asesorar sobre determinadas cuestiones de salud).

Me estoy viniendo arriba. Ya lo veis. No he hablado del currículum en Secundaria porque me parece que es algo que debería revisarlo equipos de docentes de cada una de las asignaturas. Eliminar lo innecesario y que se repite en varias asignaturas y, al final, plantear la modificación del currículum alejándose de si me tocan más o menos horas a mi chiringuito particular. A lo mejor conviene eliminar la Tecnología de primero de ESO y potenciarla con más horas en los cuartos de ESO que quieran irse a determinadas ramas de FP. Se tiene que tener la mente abierta y no ver el currículum como una cuestión de aumentar o reducir horas de la asignatura. Aquí también voy a introducir el tema del inglés… seguro que si se habla con los profesores que imparten esa asignatura se van a dar claves para mejorar el nivel de inglés de nuestros alumnos. Y, curiosamente, pocos de los que conozco optan por el bilingüismo que se está implantando. Así que, a hablar con ellos. Bueno, en esta situación utópica que planteo de contar con los docentes.

Se debería también modificar la formación del profesorado para que tuviera mayor efecto en el aula, revisar el proceso de acceso a la profesión y establecer un sistema de evaluación de los profesionales. Otro tema que también es clave es el establecer el mismo sistema de acceso para todos los centros sostenidos con dinero público. Ya sabéis a qué me refiero.

Me dejo muchísimas cosas en el tintero. Seguro que hay muchos que son capaces de aportar muchas cosas y mejores que las que planteo de forma muy resumida en este post. Lo importante es empezar poco a poco e ir cambiando las cosas. Cosas que sólo van a cambiar para efectos macro desde arriba. Nosotros en el aula seguiremos haciendo lo que podemos, con los recursos que tenemos y con nuestra visión particular de la Educación. Recibiremos a los alumnos, daremos clase, hablaremos con los padres para resolver sus dudas o decirles cómo van sus hijos para que, al final, la mayoría puedan saber desenvolverse por ellos mismos y nosotros recibamos, directa o indirectamente, todo aquello en lo que hemos colaborado dentro de nuestro pequeño ámbito. Para lo demás, tocará esperar a que la administración deje de hacer el paripé, difunda determinadas cosas y se ponga a pensar en los alumnos.

He escrito muchas propuestas educativas en el blog. Muchas más que artículos "críticos" pero, ¿sabéis el caso que me han hecho? Si sois docentes de aula lo sabréis perfectamente.
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Estoy totalmente de acuerdo con la mayoría de las medidas que propones, que por cierto coinciden en muchos aspectos con las del libro blanco de Marina, al que no sé por qué metes en el mismo saco que a otros pseudoprofesores por llamarlos de alguna manera. Ahora bien ¿seguro que cualquier docente o padre elegido al azar tendría un discurso tan razonable y alejado de intereses corporativos? No sé, pero para mí que lo de la jornada continua en primaria, por poner un ejemplo, se ha conseguido gracias a la presión de los maestros por tener un horario más cómodo para ellos aunque sea nefasto para los escolares, sobre todo los menos favorecidos que no tienen posibilidad de ir a academias y otras actividades por la tarde. Otro ejemplo: en mi centro se votó la propuesta de la conserjería de pasar los exámenes de septiembre a finales de junio, cosa que me a mí parece absolutamente razonable y necesaria para los alumnos (que tendrían vacaciones de verdad y no tendrían que pagarse una academia o un profe particular, entre otras ventajas). Pues bien, el voto en contra fue masivo porque eso implicaría tener que trabajar más en junio y quizás hasta principios de julio. Entiéndaseme, no quiero decir que tenga yo razón, lo que me parece lamentable es que el único argumento fue nuestro interés de no acortar las vacaciones. No creo por tanto que la opinión de los profesores responda siempre al interés común.

    1. No creo haber oído nunca a Marina hablar de la reducción de ratios o de una inspección pedagógica. Tampoco lo he encontrado en su libro blanco ni, en ningunas de las apariciones de su mano derecha, Carmen Pellicer (flamante gestora de la Fundación Trilema que se ha quedado con varios centros concertados en quiebra). El discurso o la capacidad de oratoria es sólo el envoltorio… lo importante es lo que se dice. Y creo que los docentes de aula y padres tienen mucho que aportar.

      Un detalle en referencia a lo maravilloso que consideras las evaluaciones de «junio» (pasadas a julio en la mayor parte de Comunidades) porque, dudo mucho que creas que en una semana los alumnos pueden recuperar nueve meses de clase. Ya, lo sé, el discurso del disfrute incluso para los que no han hecho nada durante el curso puede molar a algunos padres «modernos» pero, sinceramente, creo que no es malo que alguna vez algo tenga sus consecuencias para los alumnos. Con ello no estoy diciendo nada de sufrimientos innecesarios ni mucho menos que, a veces, algunos se confunden 🙂

  2. Básicamente de acuerdo y en alguna cosa se puede ser más explícito, por ejemplo: el pacto será básicamente político, los partidos mirando a sus votantes, pero es que dentro de los grandes partidos que han venido gobernando en estos años la mayor parte de votantes que les sostiene efectivamente son los jubilados y con venderles la moto a ellos ya les vale y los alumnos no votan y de jóvenes, más adelante, además votan a partidos «raros» que no son el suyo. Luego varios responsables políticos están muy interesados en tener buenos resultados en las evaluaciones internacionales como el Informe Pisa porque hay un ránking y sólo pretenden mejorar su carrera política a costa de nuestros hijos o alumnos vendiendo mejora en la clasificación, aunque esta sea por casualidad o coyuntura o ni siquiera sea estadísticamente significativa, como en el último informe. También porque en todos estos pactos los alumnos son el último mono, ya que los objetivos son otros, bien metas políticas, bien negocio puro y duro de ciertas empresas, bien contentar a sectores como las entidades religiosas o empresariales.
    También de acuerdo en los referente a los alumnos de 1º y 2º de ESO, que es donde se concentra el grueso del fracaso escolar.

    1. El problema es que las decisiones educativas siempre son políticas y basadas en una determinada ideología. No hay decisiones neutras aunque hemos de procurar que, al final, también primen criterios técnicos en el asunto. El fracaso esclar se fragua antes pero, en los primeros cursos de la ESO es cuando se muestra con su mayor crudeza.

      Un saludo y gracias por comentar.

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