Mi «penúltimo» post

Cuando era más joven me acuerdo de dejar siempre el último bar pidiendo la penúltima copa, despidiéndome dando el penúltimo beso o, simplemente, hablando de la penúltima experiencia cuando hacía algún tipo de actividad. Lo mismo me sucede hoy. Me apetece escribir mi “penúltimo” post. Siempre el penúltimo porque, al final, cuando hay último no hay marcha atrás. Bueno, normalmente, no hay marcha atrás porque todos conocemos a aquellos que, después de despedirse de su última gira musical, escribir su último libro o actuar en su última película, vuelven al mundo del espectáculo por motivos personales/profesionales/económicos.

Fuente: ShutterStock

Me sabe mal en este post no disculparme por considerar el discurso de algunos gurús como algo especialmente vacío de contenido. También me sabe mal no reconocer el trabajo que han tenido algunos “negros” de una determinada asociación que se publicita como mecenas para redactar determinados libros neutros para un determinado autor. Ya si eso me podría poner estupendo para elevar al altar de la literatura esos libros o, incluso, el que perpetré hace un tiempo y que, si la situación tercia, perpetraré en un futuro.

Tampoco me sale el disculparme de los flippados que venden metodologías maravillosas, hablan de profesaurios o, simplemente, me insultan en privado (o en esas conversaciones personales con sus acólitos). Añado al combo a los personajes que pertenecen a determinadas asociaciones que no se mojan ni se espera que lo hagan. Eso sí, medrando dando cursos de formación con dinero público o, simplemente, haciendo la genuflexión para lamer las partes del político que los ha colocado ahí. Y son variocolores. Saltan de flor en flor según interés. Es lo que tiene ser un vividor de la educación.

Lo de las organizaciones que pretenden adueñarse del pastel también es algo paradigmático. Ya si eso mencionar a aquellos que se dedican a censurar a determinados autores porque tengan una opinión crítica con ciertos asuntos. Lo de la libertad de expresión, lógicamente, no entra en su modelo de negocio. C’est la vie.

Podría entrar en el ámbito universitario en el tema de aquellos docentes que, hasta montarse un tribunal a su medida, no consiguen la tan ansiada plaza. Lo raro que es ver cómo tu primer compañero de Departamento que te escondía los libros de bachillerato para prepararse las opos las aprobara al año siguiente de ser pillado copiando. Ya si eso nos ponemos estupendos comentando aquellos casos de auténticos cafres.

No sé por qué me dejo a determinadas Fundaciones e instituciones económicas que acceden a los datos de los alumnos. Del interés por ser certificado por una multinacional que mola o, simplemente, al hecho de que para dar formación en determinados lugares tienes que “ser amigo de” o “silente en cuanto a”. Ya lo dicen, en el callar y el gimoteo en la oscuridad, va el premio. Más aún si a uno le gusta ser sodomizado con el fin de poder llegar a ser el sodomizador. Creo que se me entiende bastante bien.

Ya si queréis hablamos de todos esos que se van en horario laboral a macroprostíbulos educativos como SIMO, pringan a sus compañeros con las guardias que les tocan hacer o, simplemente, de los que se pasan el día buscando su momento de gloria mediática. Pero, sabéis qué, al ser el «penúltimo» post, me parece que ya vale de escribir acerca de lo de siempre.

No se os puede dejar solos en el mundillo de pandereta educativa que pretenden algunos o, simplemente, en los mundos de Yupi en los que para algunos se convierte algo tan importante como es la educación. Además, a pesar de lo anterior, hay docentes (la mayoría) y personas relacionadas con la educación muy majos en la realidad y en las redes.

A por más «penúltimos» posts. O eso espero 😉

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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