Mis aportaciones para la mejora de las condiciones para el desempeño de la docencia

Ni son formas (con un simple correo electrónico para enviarlas), ni son tiempos (del 24 de julio al 7 de agosto, en pleno período vacacional de los docentes) para que el Ministerio de Educación pida aportaciones a los docentes vía su página web. Menos aún que ningún docente haya recibido en su correo institucional la información y que, como mucho, nos hayamos enterado de refilón por las redes sociales. Tiene cuajo el asunto que, en algo tan importante como se supone que es la mejora de las condiciones de la docencia, se pretenda hacerlo de tapadillo. Ya sé que muchos no aportarían ni que se hubiera hecho en tiempo y formas pero, como mínimo a estas alturas, lo único que pueden encontrarse es con alguien que haya preferido renunciar a su mañana de playa para hacerlo. Sí, este artículo va a ser enviado a la dirección de correo electrónico. Sin una coma alternada respecto a lo que se exponga aquí. Es mi obligación como docente hacerlo. Al menos así podré quejarme si se toman determinadas decisiones. No me vale el que otros se mojen por mí. Lo de mojarse uno e implicarse en las cosas es clave. Ello no te hace mejor ni peor pero, como mínimo, usas las posibilidades que tienes (remotas, como ya sabemos los docentes) para poder expresar qué pensamos. No todo es Twitter ni los blogs. Debemos, a veces, acudir a los lugares donde se deciden las cosas y pedirlo ahí. Y si me lo piden, pues va a ser que no me voy a negar aunque, por desgracia y con antecedentes varios, sé que poco caso se me va a hacer a mí y a los que respondamos a esa petición.

Fuente: http://www.mecd.gob.es

Bueno, ya si eso me pongo con mis aportaciones. Pidiendo, en primer lugar, lo que es la clave del asunto… INVERSIÓN. Pero no una inversión en bancos de libros, cursos de formación en mindfulness o similares ni, tampoco, una inversión a fondo perdido como desean algunos. El dinero público es caro y debe controlarse muy bien su uso. Eso sí, más allá de ese control, queda claro que para mejorar las condiciones para el desempeño de la docencia es la reducción de ratios. Un número ideal de alumnos es cerca de los quince. Quizás también conviene plantearse si se pueden dar ratios mayores con dos docentes a la vez en el aula. Creo que también puede ser una posibilidad interesante. Da igual cómo se haga. Lo importante es poder atender al alumnado en las mejores condiciones posibles. Muy relacionado con lo anterior está la capacitación continua de los docentes. No me valen los cursos de formación que están ofreciendo las administraciones… ¿por qué no ofrecer una capacitación que incluya la mejora en las habilidades comunicativas, actualización de las asignaturas que se imparten y gestión de aula? Lo de metodologías innovadoras se lo dejamos a las empresas privadas. Si uno quiere acudir a esas cosas que se lo pague porque, al final, lo importante es lo que sucede en el aula. No el envoltorio bajo el cual prestemos los docentes el servicio.

Ya si nos ponemos, ¿por qué no exigir una cierta competencia digital a los docentes? No me refiero a que las TIC sean ninguna panacea pero, al final, hay cuestiones imprescindibles y básicas que todos los docentes deberían saber hacer. Nada que ver con enseñar herramientas. No, no son las herramientas. Por cierto, ya que nos planteamos cómo mejorar el desempeño profesional por qué no empezamos a dotar de técnicos informáticos a los centros educativos y dejamos de relacionar que la tecnología funcione con el voluntarismo de algunos que les gusta trastear. Bueno, ¿y lo de una dotación de enfermería por localidad o centro educativo destinada únicamente a la solución de problemas médicos? Se supone que no hace falta hablar de inversión en infraestructuras, equipos y conectividad porque, por lo visto, de eso hay mucho (modo irónico).

Otro tema importante es cómo gestionar los centros educativos. Ahí entraría la posibilidad de optar por una doble vía, cada una con sus inconvenientes: una dirección profesional de los centros o bien, una elección por sorteo cada cierto tiempo de los directores entre los funcionarios definitivos de los centros. Y no valdría escaquearse como sucede ahora cuando no encuentran directores. Todos tenemos situaciones familiares complejas y no por ello deberíamos rehuir esa carga profesional cuando nos toque. Sí, es una carga profesional muy mal remunerada como todos los que han estado ahí saben.

Hablando de remuneraciones, ¿qué tal establecer unos complementos más altos para todos los cargos de los centros? Que haya tutores que no cobren en muchas Comunidades, con la cantidad de trabajo que supone, es un despropósito. Hablar de directores con unos pocos cientos de euros más en centros de más de mil alumnos también es otra de esas barbaridades que no se entienden. Eso sí, exigencia absoluta con todos los docentes (los que ocupen cargos y los que no). Exigencia, eso sí, siempre con acompañamiento. ¿Reformulamos de una vez la función de la inspección educativa? ¿O la eliminamos o la convertimos en algo más cercano a un apoyo a los docentes? Y que conste que yo no tengo malas experiencias con ningún inspector de los que me ha tocado.

Horarios flexibles. Posibilidad de establecer mecanismos de promoción interna más allá de los típicos sexenios. Facilitación de la conciliación de todos los docentes, sea cual sea su relación contractual con la administración y, un largo etcétera que finalizaría por el respeto a los profesionales que están en el aula. Sin excluir, repito, la necesidad de reconducción de determinados profesionales (una parte muy minoritaria del cuerpo, según mi experiencia personal).

Entremos también, y no quiero hacerme pesado porque supongo que en estas fechas tendrán miles de aportaciones, en el tema de la formación inicial del profesorado y el acceso a la docencia. El modelo de oposiciones debe reformularse para dotarlo de criterios menos subjetivos y ser mucho más transparente. También el tema de Magisterio y del máster del profesorado, reconvertido en un impuesto revolucionario de algunas Universidades que hacen caja, son temas en los que se debería trabajar.

Finalmente, me gustaría exponer también la posibilidad de que fuera la administración quien elaborara unos materiales para los docentes para su uso en el aula (no impidiendo la competencia privada pero, dando la posibilidad de ser usados y adaptados por los docentes), tuviera un recopilatorio de recursos en condiciones, una plataforma de gestión de aula como la que nos ofrecen algunas empresas y, por qué no ir más lejos, un lugar donde los docentes pudiéramos consultar nuestra vida laboral, cursos y demás de una forma sencilla. Tan sencilla que permitiera hacer desde ahí todos nuestros trámites.

Todo es cuestión de querer porque lo anterior no implica mucho dinero. Eso sí, si al final esto va a ir a un cajón y van a reunirse solo con gente que no ha pisado nunca un aula para decidir cómo mejorar la profesión docente, creo que cometerían un error.

Para cualquier ampliación sobre mis aportaciones, no duden en pedirla. Estaré encantado de hacérsela.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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