Morramen maximus

Estoy hasta más allá de los bemoles del personal que le echa morro para pedirte ciertas cosas. Ya no es sólo ver como algunos, con buena fe, te piden colaborar en ciertas cuestiones relacionadas con la profesión. Ya es la exigencia -sí, digo exigencia- de algunos para que colabores con ellos, les planifiques proyectos de mejora educativa mediada por las TIC o, simplemente, acudas a determinados lugares para dar una charla «por la patilla» y asesorarles. Coño, esto del altruismo mal entendido se nos ha ido de las manos en el ámbito educativo. Uno ya no sabe si ponerse a reír o llorar al ver, cada vez más habituales en el correo, peticiones de esas que debes hacer por el simple hecho de ser docente. Además, curiosamente, algunos se enfadan si te niegas. Hay que joderse. Cuánto personaje con morro. Cuánta empresa educativa que basa su modelo de negocio en colaboraciones altruistas de los docentes halagándoles con darles visibilidad. Dónde hemos llegado. Trabajar para que te den visibilidad. ¿Sabéis qué pienso de la visibilidad? Pues sí, creo que no hace falta que os responda.

Fuente: Facebook

No tengo muy claro qué ha pasado este septiembre o, si se han reproducido, respecto al curso pasado, la gente que le echa morro al asunto. La verdad es que no puedo menos que comentaros algunos casos concretos, obviando mencionar empresas, centros y personas, porque al final es mucho más extendido el asunto de lo que parece. Aquí todo el mundo intenta sacar tajada de muchas cosas y, al final, hacerlo al menor coste posible. Que algunos ya estamos hartos de leer en determinadas revistas digitales que, posteriormente, sacan algún ejemplar en papel, artículos escritos de balde por determinados docentes. Seguro que hay algunos que quieren montarse una marca personal y les interesa que su nombre sea mediatizado pero, para aquellos a los que nos gusta nuestro trabajo y, simplemente, a veces hacemos otras cosas para «amiguetes» o caprichos personales, cada vez nos causa más grima recibir ciertas invitaciones.

Estos días, sin ir más lejos, he recibido, entre otros correos, las maravillosas ofertas de dos empresas que ofrecen servicios educativos informándome que me permitían que les hiciera propaganda gratis de sus productos. Y que para ello me iban a facilitar un maravilloso artículo de las bondades de esas herramientas porque, según ellos, los lectores del blog lo agradecerían. Sorprende. Más aún cuando ya directamente te informan que publicitar en tu blog va a ser un beneficio para ti. Alucinante. Bueno, eso como el influencer que últimamente está enviando mails a determinados restaurantes para comer por la gorra a cambio de hacerse una foto y subirla a su cuenta de Instagram. Creo que el personal le está echando mucho morro, pero estoy convencido de que no lo harían si no hubiera docentes que hacen lo anterior. Hay mucho (…) dentro del colectivo con ganas de trabajar gratis. Algo que no es malo per se si se hace por el bien de los alumnos pero que, cuando lo que se hace es trabajar gratis para una empresa con ánimo de lucro, ya es de traca.

Lo mismo que esas revistas que te ofrecen a que publiques un artículo para su próximo número. Colaboro en algunas por motivos muy personales pero, de ahí a esas ofertas envenenadas que no entienden un no por respuesta va un largo trecho. Si quiero publicar para alguien ya lo haré. Y si digo que no la primera vez espero que quede bastante claro. He publicado -y voy a seguir haciéndolo- para algunas revistas, he colaborado con algún libro y, todo lo anterior lo he hecho de forma desinteresada pero, por favor, que nadie me presione para hacerlo. Y si alguien quiere que lo haga en algunas publicaciones, para las que puedo no tener muchas ganas de escribir motu proprio, que me pague. Sí, he llegado a un extremo que quiero dejar de hacer el panoli porque mi tiempo vale dinero. Y lo de la visibilidad, los puntos para el concurso de traslados que dan las publicaciones y cualquier otra cosa subjetiva, me la repampinfla. Creo que estoy siendo bastante claro.

Pero no son sólo las empresas privadas las que quieren sacar tajada. Ahora la moda es dar formación a coste cero para la administración educativa en tu propio centro. Lo he hecho en varias ocasiones y, al final, siempre me queda ese mal sabor de boca de estar vendiendo mi trabajo a un precio demasiado barato. Bueno, más bien regalándolo a una administración que lo único que ha hecho de bueno por mí en los últimos tiempos es bajarme el sueldo y aumentarme ratios y horas lectivas. Lo jodido es que se basan en las ganas de hacer cosas para tus compañeros. Algo de lo que me estoy desenganchando. Este curso, por primera vez desde hace mucho tiempo, sólo voy a dar cursos y charlas si se me paga. Salvo que sea para determinadas organizaciones sin ánimo de lucro o porque me apetezca mucho acudir a determinados lugares. No, no me interesa trabajar de gratis. Me parece un error y, al final, se convierte en algo totalmente contraproducente.

Rizando el rizo podría hablaros de aquellos centros educativos que te piden («es que como tú sabes mucho») que les montes un plan de digitalización en sus centros educativos y les asesores acerca de qué equipamiento comprar y qué herramientas utilizar. Incluso han venido a mi casa hace unos años para que les asesorara sobre ello. ¿Por qué me acuerdo de ello? Pues porque hace unos de días he recibido un correo de un centro concertado (sí, para más inri) que, después de halagarme a lo largo de la primera parte del mail, me dicen si puedo ir a su centro para ver qué y cómo podrían mejorar a nivel tecnológico. Que alegrándose que ya esté en la Comunidad Valenciana definitivamente quieren, por estar cerca, que me pase un rato. Anonadado no, lo siguiente. Pero la cuestión no es tirar la caña, la cuestión es que el pez muerda el anzuelo. No cuela. Por desgracia para ellos, en mi caso, ya no cuela.

Agradecería que algunos se plantearan antes de escribirme un correo electrónico o, simplemente, ofrecerme determinadas cosas «maravillosas» a hacer de gorra, que supone un esfuerzo de tiempo. Lo mismo pueden tardar algunos en abrir su navegador y buscar en Google ciertas cuestiones o, simplemente, contratar a un profesional para que les solucione determinados problemas. Si alguno insiste en que sea yo, no voy a tener ningún problema en hacerlo siempre y cuando no me suponga ningún esfuerzo o, simplemente, se compense el mismo de alguna manera. Cansado de altruismos mal entendidos. Cansado de algunos que al final, lo único que hacen, es demostrar que tienen un morramen maximus.

Seguro que por las redes encontráis docentes que van a trabajar de gratis para vosotros pero, os informo que, a partir de este curso conmigo se os acaba el chollo. Mi tiempo, cada vez más escaso, tiene su precio.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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