Nasio pa trincá

Algunos nacen con un don. Otros, como yo, con un don y una fotogenia envidiable. Y no solo eso. He nacido con la capacidad de trinque máximo. Ya no es solo una utopía. A día de hoy, previa a la ingesta de cenas y comidas pantagruélicas, ya puedo afirmar que he nasio pa trincá. Y no solo en sentido metafísico.

Fuente: ShutterStock

Reconozco que publicar chorradas en el blog me ha permitido, junto con una compra masiva de seguidores en las redes sociales y, sobornos varios a los buscadores más conocidos por hacerme aparecer en lo alto de las búsquedas, conseguir una audiencia enorme. Bueno, todos sabemos que el número no hace la felicidad pero, entre cuatro amiguetes y un millón de desconocidos (todo se andará), la perspectiva cambia. Y el ego se hincha hasta ser imposible no soltar alguna de esas flatulencias tan sonoras y plagadas de olores varios. Hasta la mierda huele a ego. Bueno, ahora con el desodorante que anuncian en la tele, hasta a flores de loto.

En estos dos últimos años mi cuenta corriente está que se sale. Entre mi primer libro publicado en Amazon (sí, ya veréis como hago publicidad de la buena en este post) hasta llegar al segundo que, por motivos que aún desconozco (con lo éticas que son las multinacionales), hace una semana he publicado en Gumroad (compradlo ya, que así me hago con el presupuesto para comprarme esa horchatería a la que tengo echado el ojo), me estoy haciendo de oro. Bueno, de mezcla de platino y paladio, con toques de titanio, para ser más exacto. Sí, igual que las prótesis pero en cosas que molan mazo.

Si añadimos lo anterior lo que trinco por publicar vídeos en YouTube con la publi (bueno, alguno creo que he publicado), haber creado una academia para profes y, cómo no, el patrocinio que mensualmente me hacen las principales entidades bancarias, estoy que lo peto. Además, por si no lo sabíais, me llevo un 3%, como buen catalán, de todos los pósters que se venden de mi apolínea figura en bañador. Es que estoy montado en el euro. La mercadotecnia educativa y el merchandising no tienen secretos para mí.

Ahora toca ver cuál va a ser mi próximo evento. Ya estoy relamiéndome por los tres mil pavos que me van a pagar por decir cuatro chorradas. Bueno, que sean seis mil porque yo lo valgo. Joder, si hasta me piden hacer selfies por la calle. Y ya no digamos lo que no puedo llegar a contar por aquí. Es que, al final, es un todo por la pasta.

Mis proyectos más inmediatos son la de montar una fábrica de post-its, otra para ensamblar alguno de esos productos que lo van a petar y, finalmente, la de una campaña de crowdfunding para permitir que, una vez adquirida la horchatería, poder contratar sin seguro a algunos tipos para que me cultiven los campos de chufa. Y que me paguen por ello porque, al igual que hacen muchos agricultores de mi tierra natal, voy a alquilarles cuatro camas para recuperar gran parte de lo que les pago. Es que para hacer dinero toca hacer estas cosas. No sea que me quede como pobretón el resto de mi vida.

Ahora voy a meterme a rebuscar en Google a ver cómo puedo hacerlo para montar un timo nigeriano de esos. Si ellos pueden, ¡cómo no voy a ser capaz de montar algo similar! Es que ya lo veo… le ha tocado un certificado de docente innovador con sello de una entidad bancaria. Simplemente envíeme una cantidad de dinero en bitcoins para poder recibirlo por correo electrónico.

El trinque me espera. Es que algunos hemos nasio para ello. Otros, por desgracia, habéis nacido para pringadillos. A ver si os enteráis.

Mucha coña pero, al final, os he colado dos enlaces para que compréis mis libros 😉

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