Negacionismo educativo

Uno de los errores fundamentales a la hora de establecer cambios educativos es obstinarnos en el negacionismo de la realidad. Una distorsión interesada e irreal sobre los hechos actuales que posibilitan la esperanza en un cambio de paradigma que nunca llega. Un optimismo mal entendido, imposible de entender en un contexto donde los datos y la configuración de las realidades impiden que, más allá de una utopía cognitiva, se pueda asumir el mismo como aceptable.

Seamos consecuentes con la realidad que nos rodea. Una realidad formada por una sociedad cuyos valores vienen marcados por cuestiones materiales. Una sociedad cuya configuración variable hace que sea imposible actuar de forma controlada sobre ella. Una sociedad que, por suerte, es totalmente voluble en intenciones y tiempos. Unos tiempos que, por cierto, tampoco controlamos.

Negarse a ver la realidad educativa es ilógico. Ilógico y absurdo. No es de recibo que en una sociedad con cerca del treinta por ciento de abandono escolar se siga reiterando la necesidad de mantener una ley educativa que no ha solucionado el problema. Tampoco es coherente que se impida que cualquier articulado legislativo se experimente el suficiente tiempo para observar unos resultados ¿Alguien se imagina no dar el tiempo mínimo de prueba a alguien antes de comprobar los resultados de su trabajo? ¿A alguien se le ocurriría cuestionar una toma de decisiones (dentro de la lógica) antes de analizar fríamente sus consecuencias?

Podemos usar la propaganda que queramos, apelar a las emociones, al intelecto, manipular datos objetivos para usarlos en nuestro beneficio pero, a la postre, lo que obtendremos será la realidad. Una realidad que, por mucho que nos empeñemos en negar, estará siempre ahí y será la que marcará los paradigmas y los plazos de cualquier mejora educativa. Una mejora educativa que está más allá de leyes, de gobiernos y de los propios profesionales. Una mejora que ha de venir marcada por la exigencia de la sociedad. Una sociedad que, mayoritariamente, no está por la labor (más allá de, curiosamente, retroceder a prácticas decimonónicas).

No es cuestión de manipular la realidad. Ni de intentar cambiar lo que la sociedad no pretende. ¿Qué es realmente lo que quiere la sociedad? ¿Es democrático y positivo creer que la ideología educativa de una minoría puede establecerse como válida por encima de la mayoría social?

Se están abriendo muchos foros para discutir sobre temas educativos. Eso es bueno pero, realmente ¿es relevante  la existencia de pequeños comités para establecer pautas de mejora educativa? ¿Se pueden considerar válidas las conclusiones de dichos foros? ¿Quién valida las mismas? ¿Los propios que las toman? ¿La Administración (que no olvidemos que ha estado elegida democráticamente)? ¿La sociedad mediante una consulta popular que no va a llegar?

No sé hasta que punto obcecarse en transformar la realidad hacia lo que nos gustaría que fuera no es contrario a la lógica y al sentido común. Tengo mis dudas sobre cómo establecer cambios metodológicos, cuando los mismos no son apoyados por parte de la sociedad en la que está incrustada el sistema educativo. No puedo llegar a comprender que los éxitos individuales de algunos docentes se den en entornos demasiado poco exportables, y no se haga nada para realizar dicha exportación. Negarse a calificar los «experimentos educativos» (sin exportación o futura validación) como pinceladas poco importantes dentro del propio sistema es algo incomprensible y muy peligroso. Peligroso, porque la realidad del día a día nos va a demostrar que la sociedad no quiere ese camino. Peligroso, porque no hay nada peor que se nos desmonte nuestra cortina de realidad paralela. Peligroso, por la decepción del nulo alcance de ese exitoso campo de pruebas.

A pesar de lo anterior y considerar que negar la realidad educativa es peligroso, considero que aún lo es más no intentar hacer algo para mejorarla.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Hay cambios metodológicos y organizativos perfectamente exportables, que se podrían hacer y no se están haciendo. Por ejemplo, de entre todas las organizaciones posibles, la distribución de los alumnos en grupos estables e independientes y el reparto del tiempo en sesiones de una hora es la más extendida y, aparentemente, la que mejor funciona. También es la única que conocemos, por lo que nos resulta difícil concebir o desenvolvernos fuera de ella. Sin embargo los espacios y los tiempos se podrían organizar de otra manera.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/sobre-tiempos-y-espacios

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