Negacionista y viviendo en una realidad educativa paralela

Ayer algunos «amiguetes» con mala leche me enviaron por correo electrónico y mensajes directos en Twitter el siguiente artículo. Un artículo muy bien redactado de un compañero al que sigo desde hace tiempo porque aún, a día de hoy, sigo planteándome si realmente la metodología Flipped es ese milagro que defienden algunos. No, no lo digo en sentido crítico, lo digo desde la necesidad de encontrar el santo grial de la educación. Algo que hago diariamente al igual que la mayoría de mis compañeros pero, por desgracia, sigo sin encontrarlo tal y como les sucedió a muchos antaño embarcados en la misma búsqueda. Y, después de casi veinte años en esto, cada vez tengo más claro que no voy a encontrarlo ni, tan sólo oler la posibilidad que exista.

Fuente: https://giphy.com

Creo que en los últimos tiempos me he convertido en un docente del NO. Es habitual en mis artículos oponerme, con mayor o menos profusión de desacatos a determinadas prácticas educativas, a la mediatización de determinados personajes e, incluso, a plantearme si realmente vivo en una realidad paralela al no parecerse mi aula ni, ser mi espíritu de trabajo acorde con las posibilidades infinitas que les ofrecen a algunos sus tiempos vitales. La verdad es que tengo muchas ideas sobre educación, la mayor parte equivocadas y que, al final, se quedan en simples ideas vertidas en alguno de esos artículos que pasan sin pena ni gloria por el blog (sí, al personal le va más la carnaza) que no van más allá por mi vagancia habitual. Me preocupa. Me preocupa que, tal y como se dice en el artículo, sea uno de esos 95% de docentes inútiles que pueblan nuestras aulas. Una barbaridad de profesionales, oigan. Y, lo más curioso es que, después el crítico soy yo y decir abiertamente que 570000 de los 600000 docentes que hay en las aulas son pasivo-agresivos y viven en la época del pedernal, se aplaude por los mismos que dicen que en mi blog se critica en demasía.

…ya que dudo mucho que de los más de 600000 docentes que hay en España más de un 5 % usen metodologías activas u otros modelos, enfoques o herramientas diferentes.

Vamos a ver como nos identifican los docentes del Flipped a los que nos cuestionamos el asunto. Ya, seguro que no debería sentirme identificado pero, a la vista que algunos han creído que el artículo me venía … sí, sois unos cabroncetes… como anillo al dedo, mejor pararse a asimilarlo y filtrarlo a todos los poros de tu piel.

El primer punto es interesante. Un docente negacionista es aquel que critica todo lo que hacen los demás. Supongo que criticar al 95% del profesorado que está en las aulas expresando una duda, supuestamente basada en percepciones, también dota del carácter negacionista a alguien. O quizás no. Quizás la pirámide educativa permita obtener esa visión sistémica del asunto desde atalayas divinas. Más aún cuando se muestra todo lo que se hace, los cientos de vídeos que se realizan al cabo del año (lo siento, mi religión me prohíbe dedicar, en el caso de un centenar de vídeos aproximados a media hora de edición de los mismos si quiero una mínima calidad, 3000 horas anuales a su confección) y, se plantea la existencia de enemigos para crear una secta de esclavistas conformistas. Ya, seguro que ser esclavo si a uno le dan pan y circo (sustitúyase Youtube e inversión del aula) es incluso agradable. Seguro que sí.

Critican todo lo que hacen los demás, sin embargo cuando intentamos descubrir en lo que si creen, cuando buscamos su práctica educativa su presencia en la red desaparece. Son docentes que ejercen su influencia en la red, y sin embargo su día a día en el aula es una incógnita.

La mayoría de mis compañeros no tienen presencia en red y sé de buena tinta que se lo curran en sus aulas. Quizás su día a día sea una incógnita para terceros pero no para sus alumnos. Tener o no presencia en las redes, decir las cosas maravillosas que haces o, incluso, dedicarse a convertir la web del centro en una plataforma de merchandising quizás no es el objetivo de muchos. Ser docente, salvo a aquellos que nos gusta dar transparencia a nuestra profesión, se fragua dentro del aula. Y que conste que yo siempre he defendido la transparencia de las prácticas, el abrir puertas y que la sociedad pueda ver qué estamos haciendo pero entiendo a aquellos que, por determinados motivos (y no siempre es para esconderse como se plantea en muchas ocasiones en determinados foros de «innovadores») no ven la difusión de lo que hacen como un objetivo básico de su trabajo. Lo entiendo y lo respeto.

Después toca entrar en la evidencia científica. Algo realmente curioso porque da la sensación que, a veces, la única evidencia científica es la que demuestra que algo funciona -o no lo hace- en función de nuestras necesidades de afirmación. Una evidencia científica no tiene nada que ver con una práctica pedagógica realizada en un contexto puntual en un parámetro temporal determinado. Es mucho más que eso y, siendo sinceros, no todos los docentes están/estamos preparados o tenemos tiempo para realizar una investigación en condiciones. Ya, otra excusa. La falta de tiempo. Pero es que los que tenemos familia e, incluso aquellos que no quieren vivir para su trabajo, necesitamos ese tiempo para otras cosas. Eso sí, si a uno le gusta la educación y la considera su hobby, nada que opinar o criticar acerca del tiempo que dedique a la misma. Cada uno gestiona el tiempo libre como le da la gana.

Se quejan o critican los nuevos modelos, teorías, enfoques, y afirman que no tienen evidencias científicas.

Un detallito sin importancia… que haya modelos metodológicos que estén funcionando en contextos muy concretos, no significa que lo hagan siempre ni, por desgracia para aquellos que nos gustaría que algo fuera de uso habitual y garantista de éxito, exista. Las teorías de Montessori, Freinet u otros modelos basados en pedagogías libertarias, Rousseau o, aquellos basados en la aplicación de reglas militares (muy en boga en EE.UU.) a las aulas, tampoco tienen visos de ser soluciones globales. Eso sí, siempre es bueno conocer qué hacer o qué han hecho otros para poder quedarse con lo que funciona. Y lo que funciona no es quedarse con el pack completo porque, los packs, siempre llevan aquella gominola que no te gusta o los aritos de cebolla del combo de alguna de esas multinacionales de la hamburguesa, que tienes que dejarte porque sabes que te van a sentar mal.

En otros casos se preocupan por buscar en Google un artículo científico. Mas que suficiente  para desmontar cualquier  modelo o teoría. Es decir, a los docentes que intentan cambiar su práctica educativa les requieren evidencias, sin embargo a ellos con su opinión y algún artículo científico,  les basta para sentenciar la inutilidad de esa práctica educativa.

Estoy seguro que todos los docentes buscamos con ansia en Google bajo «criticism (…)» para encontrar aquello con lo que poder rebatir las metodologías que no nos gustan ya que, al final, da la sensación que haya gente que se pase el día buscando como trolear a la teoría de turno para joder al alumnado cuando, al final, la realidad es que el problema pueda ser que hay personas incapaces de ser críticos con lo que creen. La religión usa los mismos parámetros… uno no cree por falta de pruebas en contra, es que no tiene ninguna prueba a favor y sigue haciéndolo. Y quien habla de religión habla de homeopatía. No hay estudios científicos que avalen o no muchas cosas. La investigación educativa carece, en ocasiones, de estudios científicos serios por muchos motivos y, los que hay son capaces de, con los mismos datos, decir una cosa y su contraria. Lo malo es quedarse, como he dicho antes, con la visión que queremos que tengan. Algo que perjudica, y mucho, al sentido crítico y a la capacidad profesional porque, nuestro trabajo no es sólo enseñar nuestra materia -algo que debemos saber hacer y tener recursos para ello-, es cuestionar y que nuestros alumnos se cuestionen muchas cosas. Y si nos creemos a pies juntillas que algo funciona, si no lo hace debamos buscar alternativas para seguir usando la misma metodología (porque a estas alturas de la película para qué vamos a cambiar si hemos descubierto la religión) o, simplemente obviemos los problemas que se presentan, es hacer mal nuestro trabajo. Nuestro trabajo no es usar una metodología, es intentar que nuestros alumnos aprendan, usando las herramientas y estrategias adecuadas a cada contexto.

En cuanto al tema de los expertos de salón… algunos no nos quejamos de que existan expertos en educación. Existen y están, en más ocasiones de las que nos pensamos, en las aulas sin obviar que también, en educación al igual que en otros campos, también deben haber investigadores que recojan datos, los analicen y encuentren cosas para ayudar a los que estamos en las trincheras (ya sé que gusta poco el símil militarista pero, hoy en día con tanto mal uso de lo políticamente correcto me lo voy a permitir). Otra cosa es pensar que aquel que nos cuenta anécdotas de aquel año que estuvo dando clase, escribe recetas mágicas en varios libros o, simplemente, dice frases enlatadas, sean expertos.

Se quejan de la existencia de expertos educativos, y es probable que existan demasiados. Sin embargo, eso no resta que sea necesaria su existencia. Conforman el cuerpo científico y académico, que aporta seriedad y evidencias sobre lo que funciona o no en el aula.

¿Es necesario que existan expertos? Pues va a ser que, para aquellos que defendemos la horizontalidad, el intercambio al mismo nivel y, la conformación de la docencia como algo que se realiza de tú a tú, no lo tenemos nada claro. A propósito, ¿qué es aportar seriedad y evidencias? ¿Decir qué ha funcionado en un momento determinado, con un grupo de alumnos y que ha permitido que viva el resto de mi vida de ello? ¿Currárselo mucho, publicar a tope en el blog determinadas prácticas y cuestionar a todos aquellos que no hagan como yo? ¿Ser de la cuerda? La verdad es que el tema de los expertos ya resulta algo más que desagradable a estas alturas del vodevil educativo.

Los encuentros horizontales no les suelen gustar. Lugares en los que no hay escenarios, ni cámaras, y donde se puede hablar de tu a tu con cualquiera. Esos lugares en los que la formación no necesita de certificaciones, y que se suele realizar durante los fines de semana y con cargo al bolsillo personal.

Algunos no vamos a encuentros horizontales porque, como he dicho antes, consideramos nuestra profesión y nuestra faceta personal como algo que no se mezcla. El tiempo para la familia es sagrado y, aquello de pagar para ir a tomar cañas con el grupete de amiguetes que va a asentir a rabiar nuestras diatribas no nos va. Quizás es que, a veces, lo de salir de juerga lo dejamos para los amigos y eso no obsta a que se tengan amigos que se hemos conocido en las redes pero, ¿qué mejor que tomar un café u horchata con ellos que ir a un evento, siempre los mismos, juntándonos con los que piensan como nosotros y criticando a aquellos que, por determinados motivos, no van? Que no es mejor ir que no ir. Que no es mejor docente uno que va a esos encuentros que uno que no va. A ver cuándo nos entra en la mollera que no por tener más mediatización, dar más ponencias o asistir a más encuentros (o quedadas, en formato guay) uno no es mejor profesional. Curioso también lo contradictorio de lo anterior con la cantidad de selfis que se realizan en dichos eventos, la profusión de frases en Twitter y, por qué no decirlo, las típicas fotos de la mesa en comunión divina del personal. Si yo admito que se lo pase bien el personal pero que no se venga a manipular el asunto ni a encumbrar a quien toma un tipo de decisiones o no. Y ya lo de pagarse del bolsillo el asunto y considerarlo como mérito… sin comentarios.

Y ya no entro en el tema emociones porque creo que no hay ningún docente carente de ellas (en buen o mal sentido) ni, mucho menos nadie que se despreocupe si ve ciertas cosas en su aula. No, hay muy buenos profesionales en las aulas que, al final, hacen lo que pueden con lo que tienen. Que hay de malos. Claro que sí pero, ser buenos o malos no depende de ser negacionistas, positivistas o, yendo más allá, un o una happy flower de la educación (o un/una flower happy en el aula invertida).

Me gusta leer este tipo de artículos. Creo que es bueno expresar críticas pero, por favor, que nadie me venga después a decirme que yo critico al personal cuando hay gente que, sin ningún sonrojo, trata a todos los que no piensan o hacen como ellos como malos profesionales. Y eso es lo que hacen, curiosamente, los que más me critican por decir ciertas cosas.

Hoy me he marcado un gif animado (que es lo más interesante del post)… a que mola 🙂

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

11 Comments
  1. Es curioso lo del tal Jose Luis Redondo; resulta que le parece el no va más lo del flipped classroom y él mismo dice que “Mi canal en Youtube. Llevo más de cuatro años poniendo en práctica el modelo Flipped Learning, tanto en Bachillerato como en la ESO”, pero luego te metes en su canal y en realidad vídeos hechos por él hay bastantes pocos. Poquísimos en realidad para alguien que dice estar trabajando el flipped classroom desde hace 4 años. Muchos de los vídeos son vídeos realizados por sus alumnos.

    Si algún docente dice que trabaja sus asignaturas a través del modelo flipped classroom ¿cuántos vídeos debería haber realizado durante cuatro años? Yo creo que muchísimos.

    Para él el flipped classroom es lo más mejor, pero luego resulta que como realizar los vídeos lleva mucho tiempo y esfuerzo, con realizar unos pocos ya vale.
    Es increible lo de esta gente: te venden determinadas metodologías como maravillosas pero luego cuando ellos mismos se dan de bruces contra la realidad y se dan cuenta que a la hora de ponerlas en la práctica es muy complicado, pues no reculan y te siguen diciendo que es el no va más.

    1. Nunca se me ocurriría criticar a alguien que haya hecho un trabajo, incluso que sólo sea de recopilación y filtrado de vídeos. El problema que subyace tras su artículo hace referencia a la creencia en metodologías educativas milagro, desprecio absoluto a quienes no piensan/actúan como ellos (léase que en este caso ningunea al 95% de los docentes de nuestro país diciendo que no nos preocupamos por los alumnos porque no usamos metodologías «activas») y, a la necesidad de convertirse/existir referencias, investigaciones o personajes, cuanto menos criticables por lo que representan.

      La realidad siempre es muy compleja y los que estamos en el aula sabemos que, salvo una mezcla en proporciones que nadie conoce de planificación, ejecución, adaptación, contexto y suerte, no hay nada que pueda evitar que existan esos productos en la mezcla.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

  2. Lo que más me ha sorprendido es la cantidad de congresos, cursos, jornadas, … existentes. Ahora cualquier centro, no digamos ya las empresas o la administración, te monta unas jornadas con 4 apaños, algunos talleres para que salgan niños con microscopios o al aire libre y dos charlas innovadoras. Es algo así como lo que fueron los premios literarios. Y claro, repasas algunas de las prácticas innovadoras comentadas y son cosas que seguro que más de uno hace en su clase tranquilamente, en silencio y sabiendo de las limitaciones, sin medallas (no entro en otras cosas donde los pies no son de barro sino de aire y habría que valorar cómo contribuyen realmente al progreso). El día a día.

    1. No creo que sea mejor ni peor un docente que no publique sus prácticas educativas. Hay sesgos interesados en algunas publicaciones eliminando lo que no sale bien y también, por qué no decirlo, la necesidad de, por determinados motivos (todos muy justificables aunque nos guste más o menos esa justificación) de no decir qué se hace en nuestras aulas. Eso sí, en ningún momento visualizar más hace que uno sea un mejor docente o que sus alumnos aprendan más o menos. La realidad se empecina en ser la que es y, a veces, no es ni la publicidad que se puede hacer de algo, la transparencia (bajo criterios altruistas o futuribles beneficios) o, el hablar largo y tendido sobre un tema en foros alejados del contexto, lo que hace que salgan bien las cosas. Hay muchas variables. Demasiadas. E intentar gestionarlas todas se hace imposible aunque todos lo intenten a su manera.

      Un saludo.

    1. Tengo claro que quienes saben del aula son los docentes. Eso sí, tampoco voy a negarme a la existencia/necesidad de investigaciones educativas realizadas por otro tipo de profesionales que pueden, dentro de las posibilidades que tienen dichas investigaciones, de mejorar la docencia. El problema es que, en la actualidad, sólo se esté valorando a quienes han echado kilómetros por medio entre las aulas y su puesto actual (sea conferenciante, asesor o gestor en los pocos casos en los que proviene de la docencia).

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

  3. Bienvenido, aunque creo que estabas ya antes que yo, al club de los docentes tóxicos. Este término es muy utilizado y aún es más duro que el de negacionista. Tóxico soy y tóxico me quedo si eso significa no actuar al dictado.
    Salud(os) Jordi

    1. La taxonomización entre míos y tuyos, buenos y malos o, tóxicos y multiflorales, es algo que nunca me ha gustado. Da la sensación que lo importante sea convertir los debates educativos en equipos de fútbol, cada uno con sus estrellas y con su club de fans. Y eso no es.

      Un saludo Javier y gracias por comentar.

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