Ni tengo recetas mágicas, ni sé de todo

Hace mucho tiempo que escribo sobre temas educativos. A día de hoy lo único que he descubierto después de veinte años de profesión es que, a veces hay cosas que funcionan en el aula y a veces no. También tengo claro que lo que me ha funcionado para un grupo de alumnos (o, incluso para una parte del grupo) no funciona en otras clases. Lo sé. Es deprimente pero, todos los que estamos en esta profesión y no manipulamos la realidad sabemos que es lo que hay. No creo tampoco que sea mal docente. Quizás uno de muchos que intenta, dando bandazos, hacer lo posible para que sus alumnos aprendan. Y reconozco que en ocasiones no aprenden. Así un curso tras otro… buscando algo que me permita hacer mejor mi trabajo. Bueno, más bien descubriendo que, salvo la experiencia y los conocimientos profesionales en la asignatura que imparto, poca ayuda me prestan determinados modelos o metodologías educativas más allá de poder combinarlos con otras cosas. Modelos y metodologías que para mí sólo tienen un nombre: adaptación y picoteo de aquí y de allí.

Fuente: Youtube

También tengo claro que no sé de todo. Como docente no sé de psicología más allá de aquella de ir por casa. Puedo establecer relaciones entre mi manera de dar la clase, ver si un alumno tiene algún tipo de problema (sin poder delimitar muy bien cuál es) o, quizás, comprender conforme pasan los años que hay problemas y trastornos que hacen que determinados alumnos se pierdan en mis explicaciones. Más allá de lo anterior me veo incapaz de decir que este alumno padece el trastorno X, Y o Z. Incluso soy incapaz de establecer estrategias para poder satisfacer las necesidades de toda la personalización que debería llevar mi profesión. Y, a pesar de ello, creo que parte de mis alumnos aprenden algo al acabar el curso. Bueno, esa es mi percepción que no va a evaluar ni PISA, ni las pruebas de competencia ni, a mi entender, ninguna operación de maquillaje que algunos pretendan dar al poner determinadas calificaciones. Poner un diez es como poner un ocho. Los matices son los que cuentan y no hay, por suerte, un modelo único de evaluación. Por ello estoy convencido de que un mismo examen de alguien que desconoces puede estar valorado más subjetivamente que el de un alumno que tienes en tu aula desde septiembre a junio. La subjetividad y la manera de lidiar con ella, valorando a cada alumno como lo que es y lo que puede ser/hacer, al final se convierte en la base de todo el asunto. Al menos en etapas obligatorias porque, a partir de entonces, ya se juega en otra liga. Una liga más competitiva establecida por un modelo social que no me gusta pero que, o se juega con sus reglas o al final lo acaba pagando el alumno.

Hablando de otras cosas que no sé, reconozco que a mí el tema de la relación entre conceptos de neurobiología avanzada y aprendizaje de mis alumnos no lo veo claro. No soy neuropsicólogo, neurobiológo, neurólogo o neuroquímico. Soy ingeniero de formación con experiencia en el aula y lector de algunos informes sobre el tema. Ello no me hace experto en el asunto. Hay que tener muy pocas luces para considerar que uno es experto en neuroeducación cuando el concepto no existe más allá de aquellos que se otorgan, en sus perfiles de Twitter o en sus biografías, la capacitación en ello. Ser titulado en magisterio, psicopedagogía o cualquier carrera que permita el acceso a la docencia en etapas superiores, en ningún momento nos otorga una base sólida para hablar sobre el asunto en condiciones. Podemos opinar pero, más allá de lo anterior…

Lo mismo sucede con la creación de materiales y elementos multimedia. Con suerte podemos hacer una presentación o crear nuestros materiales para convertirnos en expertos en la realización de vídeos. Algunos se creen el Amenábar del asunto y, al final, lo único que consiguen son algunos de esos vídeos amateur que tan mala calidad tienen en determinadas páginas con un gran número de visitas por su temática. No creo que haga falta especificar más. No, que uno vaya de guionista, cámara y actor no tiene mucho sentido. Bueno, lo tiene si comprende el concepto de lo que está haciendo.

Podría seguir con todo aquello que no sé de robótica, impresión 3D o programación. A pesar de ello hago ciertas cosas en mi aula con ello pero, en muchas ocasiones, hay cosas que debo decir que no sé hacer porque no soy informático ni ingeniero del ramo. No es malo decir que uno no sabe. El problema, quizás, es más el de otorgarse medallas que no tiene o habilidades que, más allá de rudimentarias, tienen poco de válidas en cualquier otra profesión.

Si nos quejamos del intrusismo profesional, ¿por qué se empeñan algunos docentes en otorgarse roles que no tocan? ¿Qué sentido tiene el plantear la necesidad de saber de todo o creerse sabio de algo por el simple hecho de saber buscar en Google, haber realizado un curso de algo impartido por un opinólogo del asunto o, de repente, ver la luz con determinadas metodologías mágicas? Mucho quejarse de los tertulianos de la tele y, al final, muchos docentes haciendo lo mismo. Mola saber de todo pero es mucho más interesante reconocer las propias limitaciones. Yo tengo muchísimas, al igual que mis compañeros. Otros venden que no tienen ninguna porque ahora va a resultar que en este siglo los docentes saben más que médicos, científicos, ingenieros de determinado ramo o, simplemente, psicólogos clínicos. Bravo por ellos. Otros iremos bregando en el aula, opinando con muchos peros sobre cuestiones educativas y planteando dudas y, finalmente, un tercer grupo simplemente dará clase porque, al final, es lo que se nos da más o menos bien y es nuestra profesión.

Este artículo va dedicado a todos aquellos que piensan que aquí van a encontrar metodologías mágicas, cuestionamientos pedagógicos de alto nivel fabulador o, estudios científicos. Esto, como llevo diciendo desde hace muchos años, es un simple blog en el que me apetece escribir, incoherentemente y con poca calidad literaria, sobre algunas cosas sin pretensiones. Es lo que tiene ser un docente de aula aunque algunos perviertan el sentido a ser un ente divino pleno de saberes. Con Google uno puede aparentar saber de todo pero, la verdad, es que no sabe.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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