No es una cuestión menor

Intentas tomarte a cachondeo ciertos exabruptos que vierten ciertos personajes en las redes pero no puedes. No es por un tema personal ni, tan siquiera, por necesidad de autojustificarse uno o, simplemente, acabar de enviar a la mierda a determinados «niñatos». Hablo de niñatos porque, curiosamente, sus actuaciones son muy parecidas a las de esos matones de instituto que intentan cebarse con aquellos a los que consideran inferiores. Lamentablemente, no es cuestión de que me sienta inferior pero sí muy preocupado por ciertas salidas de tono, insultos personales y, cómo no, sensación de impunidad para reírse y congratularse de que otros «del grupo» me den de lo lindo en Twitter. Ya si eso hablamos de esas grabaciones que algunos se hacen como machotes o, simplemente, la necesidad de intentar manipular lo que digo para que se adapte a lo que elles quieran que haya dicho. Y a veces eso lo tienen bastante complicado. Bueno, siempre pueden inventárselo. Seguro que alguno ya habla de mi inexistente experiencia real quitando alas a las moscas mientras les clavaba un alfiler para que su historia de mi persona como torturador de animales cuaje. Es lo que tiene no preguntarse nunca nada, hablar mucho y, hacerlo al grito de «a por él». Ni se atreven con el «a por ellos». La cobardía es analizable y más la de la necesidad de ir todos a una. Lo que denominaríamos algunos el ir al baño de forma innovadora en el siglo XXI.

Fuente: Desconocida

Estoy preocupado, al igual que muchos de mis compañeros (que piensan o no como yo en muchos aspectos sobre la educación), de la situación que están creando determinadas bandas mafiosas en las redes o, incluso, en algunos eventos presenciales. No es algo a ignorar el ver como en muchas de sus actuaciones se produce exactamente lo mismo que esas hermandades Kappa Beta Gamma en sus iniciaciones de noveles. Además, resulta extraño el ver como el debate que podías tener con personas completamente antagónicas ideológicamente, con los cuales podías acabar antaño tomando una horchata, acaban convirtiéndose en campañas de acoso y derribo personal. Creo que llevar las cosas a esos extremos nos debería preocupar a todos. Ya no son solo las ideas de uno. Son las ideas de una manada embrutecida cuyo único objetivo es la defensa de sus objetivos con independencia de a quién llevarse por delante. Además ya no se escudan ni en el anonimato porque se sienten muy valientes con su pertenencia a un grupo. Son jaurías que actúan a plena vista. Bueno, la parte de crítica porque la parte de ofensas personales, calificativos donde el más suave es el hdp ese o similares, quedan en pequeño comité. A mí jamás me preocuparía que me grabaran cuando hablo con compañeros porque, más allá de alguna crítica a algo que ha hecho un determinado «nombre» que no nos gusta, jamás se me ha oído llegar al uso de determinados términos. Ahora algunos ya van a lo ancho. Ya no sabes si es reunión de docentes u otra cosa. La verdad es que no soy al único al que me da mucho miedo la situación.

No tengo ni idea de cómo calmar el asunto sin descafeinar el debate tan necesario para la mejora educativa. No hay idea que no deba ponerse sobre el tapete. Eso sí, las ideas no hacen de uno un ser superior ni obliga a desprestigiar a los demás. Ni ideas ni métodos fantásticos e infalibles. Hablar y mejorar la educación es otra cosa. Otra cosa quizás menos de focos y espectáculo pero que no es tan difícil de gestionar. Bueno, no vende tan bien, exige mucho trabajo y ganas de adaptarse a los alumnos. Algo que la mayoría de docentes tenemos muy claro. Nuestro trabajo no es el mediatizarnos. Nuestro trabajo es conseguir que nuestros alumnos aprendan. Y ya si difundimos lo que hacemos en nuestras aulas… chapeau.

Jamás me había sentido tan desconcertado como últimamente ante la sarta de insultos, desprecios y ataques personales. Reconozco que soy, en muchas ocasiones, poco políticamente correcto a la hora de expresarme y que, en ocasiones, seguro que se puede sacar algún tipo de «cagada» que seguro habré dicho. Si me lo dicen soy de reconocerlo. Bueno, al menos eso creo pero me da la sensación que el tema va mucho más allá del debate, la crítica o, simplemente, la educación. Ahora ha entrado en juego en las redes educativas otra cosa. Algo que a los que llevamos tiempo en las redes nos está preocupando bastante. Algo que, al final, acaba pervirtiendo todo lo bueno que sigue existiendo en las mismas.

Claro que algunos añoramos la manera de funcionar al principio de la Escuela 2.0. Algunos ya llevamos muchos años por aquí, otros se han ido y, al final, lo único que te queda es agarrarte a que, por suerte, algunos acaben arrinconando a este tipo de personajes que han entrado a las redes a algo muy diferente de lo que significan para mí. Eso sí, el uso de las redes es libre y válgame ser yo, el gran defensor de la libertad absoluta de expresión (incluso que se me insulte e ignominie), quién diga qué se puede o no decir en las mismas. Ser docente es mucho más que ponerse el mote de innovador y jugar a la caza al hombre.

No he podido escribir en mi Moleskine porque, lamentablemente, es que me he acostumbrado a poner una imagen en los posts y, los que me conocen, saben bien de mis problemas con el dibujo. Además, una compañera a la que admiro, me ha dicho que escribir con lápiz en esa libreta vieja que tengo era muy cutre 😉

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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