No hay nada malo en querer hacer negocio con la educación

No hay nada malo en querer hacer negocio en el ámbito educativo. No es malo crear necesidades ficticias, manipular discursos ni, tan solo vivir de contar lo que hacen terceros. Creo que negar la posibilidad de que, honradamente, el personal haga caja es un absurdo. Al igual que no se puede impedir que alguien, en un contexto que permite la compra y venta de armas, haga negocio fabricando y distribuyendo las mismas, no puede impedirse que alguien venda productos homeopáticos o recetas de arroz con cosas como si fuera paella. Si sabéis que venden agua azucarada bajo el etiquetado de horchata, para qué vamos a ponernos duros con la existencia de otros tipos de mercados de este tipo.

Fuente: Desconocida

Creo que la gente confunde crítica con chafarles el negocio. A mí nunca me ha parecido mal que algunos vendan certificados de Flipped Classroom, se inventen másters de influencers o de innovación educativa o, simplemente, decidan proponer cursos de mindfulness. Estamos en un lugar donde existe el libre mercado y, como tal, todos los «extras» (útiles o no) pueden tener cabida en los mostradores de esas tiendas físicas o digitales que tanto abundan en nuestro ámbito profesional. La libertad por encima de todo. Otra cuestión es la ética profesional, la necesidad de cuestionar/criticar ciertas prácticas o, simplemente, el escepticismo que debe existir antes de comprar ciertas cosas. Bueno, si aún se siguen comprando métodos maravillosos que prometen adelgazar en un mes comiendo de todo y sin hacer deporte, ¿qué podemos esperar de algo cuyos resultados son a tan largo plazo que nadie se va a acordar de reclamar al que le ha vendido ciertas cosas?

Hay gente que vive de hacer cosas, otros de inventarse métodos para decir cómo hacer esas cosas y, finalmente, aquellos que viven de montar un negocio piramidal en el que ya tienen a la mitad de la pirámide trabajando para ellos mientras acaban poniendo la mano. ¿Os acordáis de esas cartas que llegaban con un duro a casa y que hablaban de la necesidad de reenviarla quedándote con cuatro pesetas y enviando una al que te la había enviado? Pues eso. Afinsa en estado puro. Mercadotecnia en un mercado cada vez más vaporoso como es el educativo. Y buscando protección porque, ahora se quejan los del negocio del coaching y del influencing porque les entra competencia desleal. Claro que sí. Los primeros no quieren perder el negocio. Pues lo mismo en educación.

Desde el momento en que es la propia administración la que ofrece determinados tipos de cursos, las Universidades las que ofrecen másters cuyo principal objetivo es hacer caja o, simplemente, algunos que han montado sus chiringuitos basándose en ciertas prácticas o cuentos muy bien diseñados para captar a los crédulos, ya es complicado intentar remar en otro sentido. Lo interesante es conseguir que, al final, el negocio repercuta lo menos posible en el aula. Los docentes ya son mayorcitos para decirles en qué deben gastarse la pasta o destinar el esfuerzo. Lo importante, como siempre, los alumnos. Esos grandes olvidados de todas las calculadoras y análisis de beneficios económicos.

A veces, mirado de forma objetiva, también va a ser que todos hacemos nuestro negocio particular. En ocasiones más basado en cosas no materiales que en el propio billete avalado por una entidad bancaria. Al final, ¿quién decide qué negocio es bueno o malo? Pues va a ser que la óptica siempre va a depender del vendedor del asunto, del que quiere montarse uno pero no tiene ideas para hacerlo o, de aquellos que compran acríticamente ciertas cosas. Amazon es la clave porque, a ver si va a ser que por facilitar la compra de ciertas cosas alguien te está presionando para que lo compres. Bueno, ya si eso sácate unos eurillos para convidar al personal a horchata. Algunos lo vamos a agradecer más. Solo por eso, a veces, vale la pena, intentando perder lo menos posible el sentido de todo, hacer ciertas cosas. O quizás no. O no siempre.

Ojalá viviéramos en un contexto donde se prohibiera por ley hacer caja con la educación pero, al final, toca adaptarse a unas reglas de juego que, esperemos que cambien pero por ahora son las que son. Al menos, siempre se podrán cuestionar ciertas cosas porque, por ahora, la censura aún no ha llegado a poder hablar sobre temas educativos.

Tan malo es querer hacer negocio con todo, como hacer tu trabajo gratis ;)
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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