No he podido con Instagram

El último día del año me planteé, como ya llevaba tiempo rondándome en la cabeza, la creación de una cuenta de Instagram. Creo que, a nivel de redes sociales o allegadas (léase Twitter, Facebook. Google+, Whatsapp y Telegram), era la única que me faltaba para llegar a mi punto de no retorno. Y debo reconocer que no he podido. No le he encontrado, a pesar de “ser la que lo peta”, ninguna utilidad a nivel personal ni profesional. A mí es que esto de la sobreexposición y falta de intimidad de ciertas cosas llega un momento en el que me puede porque, una cosa es publicar una imagen puntualmente; la otra ir publicando fotos de tus viajes a personas que les interesa entre poco y nada. Bueno, tampoco es del todo cierto porque, al final, la sociedad está plagada de sociópatas. E Instagram les aporta esa salida que necesitan.

Fuente: Facebook

Debo reconocer que, a nivel personal, mis preferencias se hallan en Whatsapp. Es la herramienta de comunicación con mi familia, compartir imágenes con ellos y con personas que conozco/aprecio por haber tenido contacto personal o, simplemente, es la que me permite personalizar mis comunicaciones punto a punto. Entiendo que, ahora al ver como algunos no se dignan ni tan solo a enviar felicitaciones personalizadas (eso del reenvío les delata) ya te dice la experiencia de uso de algunos pero, vamos a ser sinceros… si obviamos y silenciamos a los grupos (creo que tengo un par), sigue siendo la herramienta por autonomasia de comunicaciones personales.

Y no, no he conseguido engancharme a Facebook. Quizás sea porque he tenido una mala política de “amistades” y he agregado a todo el mundo que me lo pedía (y ahora es tarde). O, quizás sea porque tampoco me importa tanto la vida de muchas personas como para saber qué están haciendo, tengan publicaciones que se repiten o, simplemente, me dé pereza que alguien se quede con mis datos. Ni una imagen de mi familia tengo publicada ahí. Eso sí, reconozco que tengo la página de Facebook para el blog porque así, como mínimo, llega a algunos que me lo pidieron en su momento. Con lo fácil que es suscribirse al blog para recibir las actualizaciones de mis últimas publicaciones. Es un correo al día lo que se deriva de mi incontinencia literaria.

A esas alturas debo reconocer que me gustaban las Comunidades de Google+. Ahí ya era algo más profesional que permitía poder sustituir esas que desaparecieron hace años (léase Internet en el Aula y similares). La pena es que Google va a cerrar el servicio en breve después de, por lo visto, haberse filtrado más de un 20% de los datos de sus usuarios. Es lo que tienen las multinacionales. Que hacen lo que les da la gana con lo que ofrecen. Bueno, seamos sinceros, usar algo de gratis y solo vendiendo tus datos personales, es lo que tiene. Quizás no da suficiente beneficio el asunto.

Telegram puede ser usado como una red privada para compartir ciertas cosas. No lo veo como algo para compartir aprendizajes (para mí ha de ser algo abierto) y sí como una herramienta de comunicación de administraciones educativos o centros. Más allá de lo anterior, vamos a ser sinceros, no ha conseguido a desbancar, a pesar de sus mejores potencialidades, a Whatsapp. Y ya no entro en esas redes en las que solo pululan/pululamos cuatro frikis. Esas sirven solo como algo para pasar el rato y trastear si uno tiene tiempo. Por cierto, Telegram se ha convertido en el oasis de aquellos que solo quieren compartir cosas con los suyos. Demasiado sectario para mi gusto el modelo. Ya, soy muy raro.

Antes de entrar en mi RED voy a hablar un poco de Instagram. Sinceramente no entiendo qué hace tanta gente ahí. Bueno, viendo las audiencias de determinados programas “carroña” no me extraña. Sinceramente, a mí me importa entre poco y nada saber que un compañero de profesión se ha ido de vacaciones a Moscú, toma el sol en bikini o bañador ceñido o, simplemente, se hace fotos con toda su familia. Un detalle que me preocupa es la facilidad que tienen algunos de publicar las fotos de sus hijos y mantener esos perfiles abiertos. Algún día se van a arrepentir porque, al final, la imagen de tus hijos no es propiedad de sus padres. Instagram es el Barrio Rojo de las redes sociales. Escaparatismo hasta sus últimas consecuencias y, ni a nivel personal (como no sea gente que le guste enseñarlo todo) o profesional (a mí las imagenes de los eventos educativos no me aportan demasiado y, los vídeos ya los veo en YouTube sin cortes) entiendo demasiado su uso. Eso sí, debo ser yo porque la masa crítica de usuarios va creciendo inexorablemente.

Y finalmente Twitter. Personalmente la que más me aporta a nivel profesional a pesar de todo en lo que se está convirtiendo. Quizás la de más trolls por número de cuentas o, simplemente, la que tiene más efectos secundarios pero, a día de hoy si uno sabe gestionarla (el botón de silenciar es maravilloso), sigue a gente interesante y participa, en conversaciones siempre abiertas, en determinados debates, puede llegar a aportar muchísimo. Creo que en ésta alguna foto de las paellas dominicales, horchata y de otros manjares he publicado. Claro que podría haberlo hecho en Instagram pero, ¿qué sentido tiene hacerlo? Una cosa es que sea algo puntual y otra que el objetivo de la red sea la pura especulación con la imagen y los corazoncitos.

No lo sé. Quizás no sea suficientemente moderno para no entender las ventajas de ciertas redes. Seguro que será eso porque, al menos a mi alrededor, lo único que veo entre mis compañeros de profesión es un uso intensivo de Facebook y, entre algunos, la proliferación de Instagram. Bueno, eso con el permiso de Whatsapp. Lástima que a mí no me vaya el asunto. Por suerte, al final, el uso de determinadas redes es libre y cada uno decide los motivos por los que usarla. Y eso es lo gran del asunto.

Un detalle final, lo de publicar los posts de Facebook e imágenes de Instagram en Twitter o los tuits en Facebook, es algo que no acabo de entender. Bueno, yo publico los posts del blog en casi todas ellas 😉

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Entiendo que no hayas podido. Soy enfermera y docente. Uso Instagram a diario y tiene un potencial docente brutal. Pero hay que luchar contra un postureo que se manifiesta como un titán. Para ello he creado el hashtag #InstaDocenciaSalud y pienso sacar la idea a unas jornadas para que la gente que intentamos hacer píldoras docentes contemos cómo lo hacemos. Y si todavía no ha eliminado la cuenta, puede visitar mi perfil @urgenciasyemergencias, y otros como @enfermeriaevidente @mividaenfermera y otros ejemplos que luchamos porque esta red social aporte algo más que viajes. Una lucha agotadora.
    Un saludo y muy buen post

    1. Depende el público objetivo al cual vaya dirigido. En etapas obligatorias, con sobresaturación de “pantallas”, creo más bien en Instagram como distractor. Otro tema es que, puntualmente, pueda tener su utilidad en ciertos ámbitos como el que me expones en el comentario. Saludos.

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