No lo entiendo

No lo entiendo. Os prometo que no lo entiendo. Además de no entender nada, uno ya empieza a sentirse de nuevo estafado. Ya son muchos los años en los que parecían que unos y otros iban a convertir la educación española en la Champions League y, a día de hoy, seguimos teniendo los mismos problemas y carecemos de las mismas soluciones que cuando algunos éramos alumnos. Y ya hacen muchas décadas de lo anterior. Lamentable no, lo siguiente.

Fuente: ShutterStock

Uno ya tiene la experiencia previa de promesas incumplidas cuando algunos entran en el gobierno. La típica frase del prometer hasta meter y, una vez metido olvidar lo prometido, ya es algo que sabemos que es lo más seguro que suceda pero, sinceramente, algunos esperamos que, de una vez por todas, alguien haga y, posteriormente, diga. Ya sé que un titular es un titular pero, esto de prometer, hacerse la foto, esperar los aplausos de tus palmeros y, dejar a todo el mundo tirado por nonagésima ocasión ya cansa. Me cansa tanto que hagan lo anterior los míos como los otros. Bueno, hace mucho tiempo que no tengo míos porque, al final, todos se empeñan en defraudarme. Creo cada vez menos en siglas e ideologías convertidas en partidos que en personas. Por suerte sigo creyendo en las personas porque, sinceramente, es lo único que nos queda.

Pero no fabulemos más y vayamos a lo importante. No, más bien a lo secundario. A la necesidad de prohibir los móviles en los centros educativos (fuente) para eliminar el GRAN problema de la educación actual. Pero, ¿a qué coño estamos jugando? Y no estoy diciendo que no deba abordarse la problemática del uso de esos dispositivos. Sí a dejarnos de chuminadas campestres que permiten salseo variado y dedicarnos a hacer cosas para mejorar la educación. Hartito de los debates sobre deberes, peso de las mochilas, si conviene suprimir el fútbol en los patios, si se debe llevar pañuelo o no o, simplemente, si usamos un lenguaje u otro para ser más inclusivos. Lo anterior, siendo necesario de abordar, no es lo urgente. Lo urgente es conseguir que los alumnos no se pierdan por el camino. Lo urgente es tener infraestructuras en condiciones. Lo urgente es, al final, mejorar la educación en su conjunto. Nada que ver con todo eso que algunos alumbran, otros mediatizan y acaba generando controversia. Bueno, para ser sinceros, incluso los docentes caemos en ese engaño. Solo hace ver el otro día las grandísimas disertaciones que se hacían en las redes hace bien pocas horas acerca de si se debía corregir en rojo, verde o, simplemente, a escupitajos. No escarmentamos y, como humanos, caemos en esas trampas mediáticas que algunos tejen de forma muy inteligente.

A día de hoy tengo claro que, por lo visto, esto de la educación funciona porque hay grandes profesionales que hacen que funcione. También tengo claro que la política educativa está más destinada a titulares interesados, búsqueda de votos y toma de decisiones que, quizás puedan tener su importancia, pero no son tan urgentes como las que plantean. Por cierto, lo de las promesas incumplidas se merecería gigas y gigas de texto. No vale la pena ponerse con ello porque, al final, todos los que están en el aula saben que, este septiembre siguen teniendo, salvo excepciones autonómicas, los mismos horarios, ratios y recursos que los que tenían antes de que se prometiera derogar los recortes. Qué triste.

Espero que algún día alguien piense en los alumnos, hable con la comunidad educativa y, antes de salir a los medios a decir o prometer, haga. Por cierto, a mí me importa poco que lo venda o no lo venda mediáticamente. A mí, como a muchos, lo que nos importa es la sociedad que, en un futuro, va a conformar ese aglomerado heterogéneo de personas que tenemos en nuestras aulas. Eso es lo urgente e importante. Lo demás, cantos de sirena, promesas interesadas y, mucho debate estéril.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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