No me da la vida

Ayer, mientras estábamos acabando de cuadrar el proyecto Erasmus+ para nuestro centro, nos preguntamos con mi compañera de Departamento por qué habíamos asumido alegremente tantas cosas ese curso. Que no llegábamos a todo. Entre formación en drones, robótica, realidad aumentada y traslado de todo lo anterior al aula, sin descuidar la necesidad de ir comprando material para que funcionen los talleres, vamos a mil. No nos da la vida para tanto. Y no. Lo que hacemos no es una excepción. Es algo que, de forma más o menos visible, se hace por parte de la mayoría de docentes de nuestros centros educativos. No es sólo dar clase. Es todo lo que lleva asociado dar clase. Muchas horas que nadie valora y que, curiosamente, son muchísimas más de las que realmente estamos delante de los chavales. Ya, tengo claro que no hay ninguna obligación en hacer ciertas cosas pero… uno se mete, acepta cosas y, al final, acabamos desbordados con tareas saliéndonos por las orejas y debiendo decir noes a muchas cosas interesantes que se nos plantean. Toca priorizar.

Fuente: ShutterStock

Yo no llego a todo. Desde que ha empezado el año tengo muchos correos electrónicos por responder, peticiones que debo rechazar porque no tengo tiempo para ir a determinados lugares (aunque me apetecería) y, finalmente, una gran cantidad de proyectos que tengo en barbecho esperando a que toda esta vorágine en la que estoy inmerso se calme. Vuelvo a repetirlo. Hablo de mi caso particular, como puedo hablar de mi Departamento o casos que se dan en mi centro educativo pero, al final, puedo extrapolarlo fácilmente. Y eso que no estoy en el equipo directivo porque, viendo las caras de cansancio del mío, me alegro de haber pasado ya por el «infierno» hace bastantes años como debería hacer todo hijo de vecino que trabaja de docente. Todo lo anterior sumado a las ratios que tenemos y a algún grupo de más que nos toca debido a ese maravilloso incremento de horario lectivo. Claro que para algunos, que desconocen las interioridades de nuestro trabajo y sólo leen determinados medios, dos horas lectivas de más (hablo de Secundaria) no tienen ningún problema. Pues ese problema implica llevar, añadidos a los habituales, a más de veinte alumnos. En mi caso, por ser las asignaturas de dos horas, implica un grupo más. O sea, de veinticinco a treinta adolescentes más a los que tengo que tratar individualmente, adaptar las explicaciones al grupo y procurar que aprendan. Algo que hace que los docentes acabemos cada curso más cansados. Va. Decidlo ya. En nuestra época éramos cuarenta por aula y nadie se quejaba… ya tardáis en hacerlo. Pues va a ser que no es así de sencillo el asunto.

Intento priorizar ciertas cosas porque, al final de lo que cobro, es por dar clase. Darla lo mejor posible. Por ello intento reducir al mínimo todo lo que quite tiempo de ello y de mi familia porque, al final, el personal trabajamos para vivir. Lo anterior no excluye que nos guste más o menos nuestro trabajo. Y de eso no me quejo aunque, como he dicho siempre, si no tuviera que trabajar no lo haría y, salvo pequeños intentos de seguir hablando de educación, al final optaría por ir cambiando de óptica hacia la que dedicar mis esfuerzos. O quizás seguiría intentando entender lo que sucede. Quién sabe. Mejor no fabular acerca de futuribles porque, al final, no dejan de ser lo anterior.

Puede daros la sensación que este es un artículo muy poco interesante pero, para mí es de lo más importante y que nadie habla abiertamente: la necesidad de priorizar, centrarse en el aula y los alumnos o, en definitiva, decidirse acerca de cuál es el trabajo de uno y el sentido de cada cosa que hace. Eso sí, a nadie debe amargársele el dulce de querer hacer otras cosas siempre y cuando no interfieran en la función principal por la cual cobramos un salario. Y esa, al menos en mi caso, es dar clase, usar la mejor estrategia que considero en cada momento, pasármelo lo mejor posible (sí, es clave pasárselo bien) y conseguir que mis alumnos aprendan. Lo demás… puro hobby, añadidos secundarios o, simplemente, búsqueda de un nuevo nicho de negocio.

La verdad es que Ramón explica mucho mejor esto que quiero decir en su post de ayer 🙂

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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