No me importa que alguien deserte del aula pero…

Hace aproximadamente unos doce años hice bastante amistad con un «compañero» que llevaba cinco años de asesor en Vía Augusta. Sí, para aquellos que no lo conozcáis, Vía Augusta es donde se hallaban localizados los servicios secretos del Departament d’Educació -sí, entonces aún se llamaba Educación antes de cambiarlo por enseñanza-. Un lugar desde el que se diseñaron los planes de distribución de equipamiento informático de la Escuela 2.0 y, cómo no, se gestaron determinadas infraestructuras y servicios muy relacionados con las TIC que, en comisiones, debían haber rentado un auténtico pastizal porque, los costes de ciertas cosas, aún a día de hoy siguen sorprendiéndome cuando echo la vista atrás. Pero no, no iba a hablar de dilapidar recursos públicos ni de mala gestión de los mismos.

Fuente: http://www.ideal.es

Volvamos a retomar el argumento inicial. Un amigo que, aún lo sigue siendo aunque, a veces, le toca disimular, que me dijo en ese momento que ya tenía ganas de volver al aula. La realidad es que, curiosamente, doce años después sigue ejerciendo tareas sin haberlas vuelto a pisar y, por lo que le queda en el convento, da la sensación que nunca más vaya a pisarlas. No, no es su culpa. Es una decisión muy meditada con la almohada, que le aporta más a nivel profesional que dar clase y, cómo no, permitida por la administración educativa. Eso sí, él tiene muy claro que jamás va a dar consejos a los que estamos en el aula. Y sí, me lo dice bien claro… «ya he perdido todo contacto con la misma para poder saber qué está sucediendo y, es por ello que no se me ocurriría, como les pasa a algunos de mis compañeros que hace décadas que salieron de ellas y que, han conseguido mantenerse en el cargo vadeando determinadas limpiezas políticas de los mismos, que ahora se dedican a pontificar acerca de qué hacer y cómo hacerlo». Algo que sinceramente le honra. Quizás por eso y por muchas otras cosas sigue siendo alguien a quien pido habitualmente consejo cuando tengo que hablar con alguien sobre cuestiones más técnicas. Él ya no es docente, es un muy buen técnico. Y, sinceramente, me alegro por él.

Otra cuestión muy diferente son aquellos que, sin haber vuelto al aula después de alargarse en determinados cargos «liberados» (léase sindicales, asesorías u otro sinfín de lugares para vegetar -o trabajar de otra cosa-), obligados a volver puntualmente al aula hasta conseguir volverse a largar (sí, a la mínima que pueden retoman su alejamiento docente) viven de pontificar acerca de qué debemos hacer en las aulas, gestionan nuestros modelos de formación y están completamente aislados de la realidad. La realidad no es pisar un centro para dar charlas o cursillos. La realidad es pisar aula con alumnos heterogéneos, con problemas y convivir en un Claustro donde, a cada momento, hay alguna situación que capear. Eso es ser docente. Eso es lo que permite hablar, con propiedad -siempre limitada a la experiencia propia-, de una profesión que se mama a diario.

Ya hace tiempo que dejaron de preocuparme los desertores de aula, denominados algún arcaicamente por algunos muy poco innovadores (entiéndase mi ironía), desertores de la tiza. Hace mucho que no me importan sus peroratas o ínfulas de experticia. Lo que sí que me preocupa es la aparición estelar de algunos de esos que, pisando el aula en contadas ocasiones y porque no les queda más remedio, intentan imponerme metodologías o tácticas para que yo pueda manejar mejor mi aula. No, no me vale. No saben de lo que hablan porque, si alguna vez sabían de ello, hace mucho que lo han olvidado. Es por ello que me causan cierto rechazo esos personajes. Eso sí, como he dicho al principio, hay algunos que tienen muy claro su lugar, han desertado del aula con todas sus consecuencias y, seguro que harán un buen trabajo en aquellas cuestiones a las que se estén dedicando.

El problema no ha sido nunca el desertar del aula. El problema ha sido la creencia por parte de algunos que no han desertado, administraciones educativas y demasiados medios de comunicación, que los anteriores son grandes profesionales de la docencia. Y ya cuando son esos desertores los que venden lo anterior… sin comentarios.

Os pido una lectura comprensiva del artículo porque, al final, algunos seguro que van a afirmar algo que no he dicho en ningún momento 🙂
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Lo mejor es limitar el tiempo que estás fuera del aula. De esta manera no se pierde la realidad de las aulas. Estoy de acuerdo en lo que dices.

    1. A mí siempre me ha gustado más un modelo mixto aula/asesoría. Ya sé que, en ocasiones, es complicado gestionar este tipo de soluciones que plantean que un mismo docente esté trabajando en dos lugares pero creo que sería lo mejor para que no se perdiera el sentido de lo que supone dar clase. Y el tema de la limitación de tiempo es algo que tengo muy claro.

      Gracias Paco por pasarte por aquí.

    1. No, no es mucho pedir esa honestidad pero, por desgracia, algunos sabemos que si algunos lo reconocieran no podrían vender sus soluciones milagrosas, cursos de formación o, simplemente ideas vacías de realidad.

      Gracias por comentar.

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