No, no quiero una cohorte de maestros innovadores

Fuente: http://www.uv.es/magisteri

Debo confesaros que, en un primer momento, tenía intención de escribir acerca de la propuesta de convertir a Magisterio en una titulación de cinco cursos (tres para el grado más dos por un máster que, seguramente sería a precio de oro y que, al igual que todo lo que ha traído Bolonia es para incrementar los beneficios de las Universidades ante la pérdida de alumnado). Reconozco que siempre he defendido la necesidad de una equivalencia laboral entre los maestros y el profesorado de Secundaria. Y no, no me parece mal que se busque un sistema para que lo anterior suceda. Eso sí, me preocupa ver como siempre se ha tendido a la necesidad de equiparar condiciones laborales proponiendo que, el profesorado de Secundaria sea formado de forma generalista, reduciendo los contenidos al mínimo para centrarse en pedagogía teórica. Y no, lo anterior no me va. Menos aún cuando el interés que subyace tras esa propuesta -que ya se ha realizado en múltiples ocasiones- viene de docentes universitarios muy relacionados con las «Ciencias de la Educación» que ven un filón para poder mantener sus puestos o de personajes que consideran siempre supeditada la vocación y la práctica al conocimiento de la materia. Lo siento, pero para ser un buen docente de Matemáticas uno debe saber muchas matemáticas y además, ir adquiriendo praxis para cada vez explicarlas mejor. Quiero docentes top. Quiero docentes muy formados en lo que imparten y, además, que sepan mejorar en su día a día la práctica educativa. Algo que se solucionaría con un período de prácticas más prolongado que el mísero curso una vez apruebas oposiciones y, con el establecimiento de asesoramiento permanente por docentes que ya lleven tiempo trabajando. ¿Y qué hacemos con los interinos? Pues lo tengo claro. Si un interino lleva años encadenando interinajes o sustituciones, ese período largo de praxis puede serle convalidado una vez apruebe las oposiciones. No, no digo nada descabellado. Es de pura y simple lógica el asunto.

Pero bueno, no iba a hablar sobre lo que os he expuesto en el párrafo anterior (ya veis que me lío habitualmente) y sí que iba a hacerlo acerca de un párrafo que me llama la atención de esa propuesta. Un párrafo que recoge las palabras del ex secretario de Políticas Educativas de Cataluña que dijo, hace tiempo lo siguiente:

“Los centros escolares en los que se desarrollan experiencias pedagógicas innovadoras» podrían ser los que acogieran a estos estudiantes, «para que, así, los nuevos maestros pudieran difundir las nuevas metodologías y propagarlas en otras escuelas en las que ejerzan una vez finalizados los estudios”

No, no compro y nunca lo haré la necesidad de reducir la praxis educativa a experiencias pedagógicas innovadoras. Menos aún al ver en qué consisten actualmente esas experiencias que nos están vendiendo como tales. ¿Qué pasa? Que ahora va a resultar que, por no saber algunos dar una clase magistral (que no tiene porque ser unidireccional) en condiciones y mezclarla con otros docentes que trabajen de otra manera, debemos homogeneizar las praxis. ¿Es realmente lógico despreciar lo que nos ha permitido llegar adonde estamos y considerar que sólo es bueno aquello que se está vendiendo mediáticamente? ¿Hasta qué punto no podemos dejar que los futuros maestros, entre lo que vivieron en su etapa de estudiantes hasta que, con unas prácticas adecuadas desde primer curso de Magisterio viendo las prácticas diversas de los otros maestros que están en sus centros de prácticas, tengan una visión amplia de lo que consiste dar clase y que elijan lo que mejor les vaya? ¿Realmente es tan necesario abolir prácticas educativas por el simple hecho de no denominarlas «innovadoras» o dejar que el concepto guíe en exclusividad lo que uno hace en el aula? No, no lo veo. Menos aún cuando en mis años de experiencia profesional he visto que mis compañeros tienen diferentes tipos de dar clase y, sinceramente, creo que lo más productivo para nuestros alumnos es que tengan docentes tan heterogéneos y con prácticas tan diversas como la sociedad en su conjunto.

Eso sí, la idea de centros innovadores y prácticas de referencia vende muy bien. Más aún el jugar a ser el Torquemada aficionado con aquellos que no sigan la doctrina que algunos creen única. Bueno, y entre el Torquemada y la necesidad de evangelización que se propugna desde la actual innovación que lo único que tiene de innovador es el nombre, todo se parece más a una secta educativa que a la necesidad de mejorar realmente el aprendizaje de los alumnos con los que se van a encontrar esos nuevos maestros. Unos maestros que van a ser garantes de la mejora social y cuya importancia, al igual que la de la mayoría que trabajan en servicios esenciales, es incuestionable.

No, no quiero una cohorte de maestros innovadores. Quiero una cohorte de buenos maestros.

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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. Hola:
    El tema de la educación,es tambien un tema que saca mi parte «mala de cabreo»(perdón).
    Cada persona,es única,cada maestro es diferente,siga la pauta que siga y si es un buen maestro,puede sacar lo mejor de sí mismo y de esto se benefician sus alumnos.No necesita innovar,necesita adaptar a cada niño según es cada niño,algo que se olvida con frecuencia.

    Creo que todo buen maestro,está siempre aprendiendo aunque tenga la edad que yo tengo,que es mucha(jeje la edad no tiene nada que ver con la inteligencia).

    Un tema que me preocupa tambien y que queda reflejado en tus palabras con las que coincido:
    «Si un interino lleva años encadenando interinajes o sustituciones, ese período largo de praxis puede serle convalidado una vez apruebe las oposiciones. No, no digo nada descabellado. Es de pura y simple lógica el asunto.»

    Y por supuesto, me apunto a tus últimas palabras(jeje del reportaje):
    «¿Realmente es tan necesario abolir prácticas educativas por el simple hecho de no denominarlas “innovadoras” o dejar que el concepto guíe en exclusividad lo que uno hace en el aula? No, no lo veo. Menos aún cuando en mis años de experiencia profesional he visto que mis compañeros tienen diferentes tipos de dar clase y, sinceramente, creo que lo más productivo para nuestros alumnos es que tengan docentes tan heterogéneos y con prácticas tan diversas como la sociedad en su conjunto.
    No, no quiero una cohorte de maestros innovadores. Quiero una cohorte de buenos maestros.»
    No siempre estoy de acuerdo,pero sigue incetivando y removiendo conciencias.
    Un abrazo de paz
    minuto

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