No, no quiero una maestra de Ministra de Educación

Seguro que hay más de uno que, al leer el título del post, ya prepara sus argumentos contundentes para refutar mis reflexiones. Seguro que, algún otro, ya se habrá dado cuenta de que uso el término femenino para referirme a una futurología a veinticuatro horas vista sin ningún tipo de fundamento. Pues bien, para unos y otros os pido que, antes de desmontar lo que escribo en las siguientes líneas os planteéis una lectura de las mismas.

Fuente: http://galacticosdocentes.blogspot.com.es
Fuente: http://galacticosdocentes.blogspot.com.es

En primer lugar no sé si va a haber Ministro o Ministra de Educación. No lo sé y, sinceramente, lo que menos me importa es el sexo de la persona que ocupe esa cartera. Se puede elegir bien, con independencia de la raza, sexo o religión que uno profese. Y, seamos claros, el sexo no determina la competencia profesional de nadie y, aún menos, las posibilidades de éxito en la gestión de un Ministerio tan importante como es del que depende el futuro de nuestra sociedad. Por ello, sinceramente, me daba igual usar el género masculino que el femenino a la hora de poner título a este post y, viendo que la mayoría de mis redactados habituales son genéricos, uso el femenino para contraponerlo a esa casuística. Y qué demonios, en un mundo como el educativo donde hay mayoría de mujeres, ¿por qué no suponer que una va a gestionarlo? Que hay mucha mujer bien preparada en nuestro país. Muchísima.

Y ahora entro en el meollo de la cuestión. En responder a por qué no quiero una maestra de Ministra de Educación. Pues no quiero una maestra porque su visión sobre la Educación, que seguro que será mucho más amplia que alguien que desconozca el tema, estará muy sesgada por su experiencia profesional. Seguro que tendrá unas ideas y manera de hacer que ya vendrán de casa. Ideas que, por desgracia, la experiencia manipula hasta que se acomodan a nuestras realidades diarias. Algo de lo que debe carecer un responsable político porque, seamos sinceros, en lo que consiste ese cargo es en saber gestionar la Educación y, cómo no, saber rodearse de los mejores en el campo. Las decisiones serán políticas y, es por ello que las cuestiones técnicas deberían restringirse al ámbito de los asesores que, bien escogidos entre los profesionales que sí que saben, serán los encargados de suministrar esa información a la Ministra y, con esa información, habrá de tomar decisiones. Una buena maestra puede ser incapaz de tomar decisiones que afecten más allá de su aula o, incluso puede carecer de conocimiento acerca de las etapas educativas que no imparte. Una buena maestra puede ser incapaz de lidiar con las cuestiones más espinosas que dependen mucho de habilidades que no tienen nada que ver con la docencia. Y esa es la realidad por mucho que no nos guste reconocerlo.

No me gusta un gobierno tecnocrático. Me gusta que los políticos se rodeen de buenos asesores y grandes profesionales de todos los ámbitos para poder tomar decisiones. Algo que, más allá de que a alguno le parezca que lo mejor sea que una médico gestione la Sanidad o una maestra la Educación, debería llevar a replantearse el sentido de la democracia porque, seamos sinceros, ¿a alguien le gustaría un gobierno de tecnócratas que decidan al margen de lo que quieren los ciudadanos? A mí, sinceramente, ni un pelo.

A pesar de mi posicionamiento apriorístico, lo que me gustaría de verdad es que alguien supiera gestionar bien la Educación y escuchara a toda la comunidad educativa antes de tomar decisiones. Creo que ya empieza a ser hora.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Has sacado una vieja discusión. Y has tomado partido por una opción.Ambas, la de responsables políticas relacionadas con el área a gestionar y la de políticas que sean completamente ajenas y se dejen asesorar, tienen sus ventajas y desventajas.
    Aún así, creo que la figura de una ministra ajena al entorno educativo profesional que sepa acudir a los asesores correctos para cada caso, es lo ideal.
    Tampoco me gustan los gobiernos tecnócratas porque los tecnócratas además del sesgo profesional, no suelen tener capacidad de iniciativa e imaginación en épocas de crisis. Tampoco me gusta porque es una paso hacia la gestión de los gobiernos democráticos con criterios empresariales (cosa que se ha propuesto ya demasiadas veces como para pensar que no está en la mente de algunos gerifaltes), lo cual es sin duda el secuestro de la democracia.
    Lo que pasa es que las posibles ministras o ministros serán en realidad tecnócratas, pero no de las áreas que les toquen, sino de la política, mal entedida como una actividad profesional dedicada a mantenerse en el poder favoreciendo los intereses de quienes te apoyan económicamente. Es decir un negocio, con su marketing y sus estrategias de venta para convencerte de que ellos son el mejor producto político que votar, que es como comprar, pero más macabro.
    Quien dude de esto, que se informe de las actividades, que se van a legalizar en la UE en algún momento, de varios bufetes de abogados muy famosos, que incluso anuncian en alguna publicidad que la democracia consiste en contratar sus servicios para lograr tus objetivos. Es lo que se llama un lobbie, pero profesionalizado. Y estos bufetes cuentan con varios cargos políticos, diputados, jueces, fiscales, etc que te presentan como aval de su capacidad. Obviamente no trabajan para ellos, son «asesores». Por medio millón de euros, más o menos se consigue modificar, sin no hay otro bufete oponiéndose, un articulado de una Ley a tu gusto. Esto es lo que he sacado en claro de una experiencia relativamente cercana y es así y da autentico asco.
    No quiero tecnócratas en el Ministerio de Educación, ni tecnócratas de la educación, ni tecnócratas de la política que utilicen el Ministerio con una finalidad ajena a su función y siempre pensando en su propio interés y de quien le paga a cambio de favores. Hace falta una Ministra que sea un representante del pueblo y nada más, eso es la democracia. Una quimera en estos tiempos que corren.

    1. Lo que comentas era la idea que subyacía tras el redactado. Sí, me he posicionado porque, al igual que tú (por la argumentación que presentas en el comentario) quiero un representante del pueblo que sepa gestionar bien y, cómo no, que vele por un interés más amplio que el que un profesional del ramo (tecnocracia) pueda tener. Además, no lo olvidemos, los profesionales del ramo tenemos muy delimitado nuestro radio de acción y experiencias personales

      Muchas gracias por el comentario donde lo has explicado bastante mejor que yo.

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