No puedo evitarlo… me gusta Wert

No me he vuelto loco ni me ha dado un golpe de calor debido a las altas temperaturas. Confieso y reconozco en voz alta que me gusta Wert. Me gusta ver que hay alguien en este país que hace buenos a sus predecesores. A esos poco hábiles que, gobierno tras gobierno, color tras color, han ocupado las poltronas de nuestro Ministerio. Me gusta ver que hace bueno al más demagogo de los expertos educativos. Me gusta… no puedo evitarlo.

¿Cómo hubiera sido posible que alguien, con el sistema educativo tan necesario de reforma que tenemos, se atreviese a enfrentarse con el sentido común? ¿Cómo hubiera sido factible encontrar a alguien que fuera capaz de conjugar toros y Educación como una simbiosis imprescindible? ¿Cómo hubiera sido posible unir a la mayor parte de la comunidad docente contra un único especimen?

Sé que no es Wert. Sé que él tan sólo es alguien que sigue los dictados del gobierno en la sombra. Una asamblea de elegidas mentes pensantes que intentan dar el descabello (símil taurino para aquel toro que no hay manera de matar) a la Educación pública. Unas mentes privilegiadas de octogenarios inversores de bolsa.

Pero Wert se supera. Permite que se unan multitudes para una lucha común. Permite que enemigos acérrimos de posicionamientos opuestos hagan una línea de defensa común. Increíble. ¡Qué capacidades tiene este hombre!

No voy ni tan sólo a hablar del inane de su predecesor. Incapaz de nada más que argüir con buenas palabras. Actualmente incapaz de hacer nada como no sea escribir artículos en su blog alojado en el espacio que le cede la maravillosa maquinaria mediática llamada PRISA. Es curioso que se le eche de menos. Al menos tal elemento no molestaba y dejaba hacer. Mejorar no se mejoraba pero no tenías que ir con miedo cuando empezaba a abrir la boca. Una boca que mantenía cerrada por no buscarse problemas. En definitiva, el mismo talante que su jefe.

Ahora tenemos a Wert. Un opinador nato. Una persona de magnífica oratoria y capaz de convencer a gran parte de la sociedad de que lo mejor que se puede hacer con el sistema es volver al pasado. Alguien que no distingue entre educar, enseñar u opinar. Alguien que se pone en el disparadero para tapar la triste realidad que sucede en nuestro país. ¿Alguien duda que ello sea  así? ¿Alguien duda que se le ha puesto como hombre de paja para que se hable de sus disparates mientras se maquinan cosas peores? Ha llegado un momento en que creo en la teoría de la conspiración. Una conspiración que va más allá de las decisiones de este Ministro alocado e irreverente.

Pero volvamos al inicio del artículo. Parece que las líneas anteriores sólo sean una crítica al Ministro. Nada más lejos de la realidad. Está asumiendo un papel muy difícil en un Ministerio realmente complicado. Un Ministerio que siempre ha sido el patito feo de todos los gobiernos. Un Ministerio que pocos ocupan libremente a menos que pretendan escalar peldaños en la política (no olvidemos que Rajoy y Rubalcaba fueron Ministros de Educación).

Ha conseguido una cosa realmente importante. Que se hable de Educación. De algo que durante demasiados años ha estado oculto debajo de gruesas alfombras y que la situación actual ha hecho florecer. Es bueno hablar de Educación. Es bueno tocar temas controvertidos. Es bueno hablar de cómo se puede mejorar. Es bueno criticar, es bueno opinar, es bueno dar opciones. Una gran parte de dicho mérito es de Wert.

Puedo discrepar en la mayoría de medidas (más en las formas de aplicación que en el fondo de las mismas), pero lo que siempre voy a tener claro es que, a pesar de los pesares, y por lo que ha hecho para que se hable de Educación… me gusta Wert.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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