No sabes cuánto lo siento

No sabes qué tristeza siento al leer lo castradora que fue tu etapa como alumno. No sabes cuánto siento que al llegar cada mañana a tu aula te vieras presionado por la barra con pinchos que tenía aquel, al que no podemos llamar de ninguna otra manera que sádico, que pretendía hacerte memorizar la lista de los Reyes Godos. Tampoco te envidio y compadezco por llegar sangrando a diario a casa, con una mochila llena de deberes interminables que, al final, eran imposibles de digerir. Siento tus lloros continuos, tus empeños en aprender y ser creativo mientras que tus maestros se reían de ti. De verdad que lo siento. Siento que no pudieras tener ese aprendizaje tan personalizado que demandabas, esa metodología activa que tanto merecías, ese trato como alumno que, al final, ha derivado a tener un odio enfermizo a todo lo que padeciste. La verdad es que yo también lo odiaría. Lo odiaría si lo hubiera vivido pero, por suerte, fui de los privilegiados en cuyas aulas habían docentes heterodoxos, partidarios de contar historietas, de permitirte ir a casa sin prácticamente tareas de ningún tipo e, incluso, algunos que nos llevaban habitualmente de excursión a buscar fósiles, conocer determinados lugares cercanos en los que nunca me había fijado o, simplemente, se preocupaban por ver si iba aprendiendo… debe ser que nací con una flor en lugar de un pan asociado a hostias. Por eso no puedo menos que acompañarte en el sentimiento ante lo dura que fue tu infancia.

Fuente: ShutterStock

Reconozco que no viví esa escuela tradicional que tanto mencionas ahora que estás al otro lado. Tampoco tengo constancia de tener tics por haber sido educado en un modelo falto de libertades. Creo que, como he dicho y teniendo mucha suerte, he conseguido aprender mucho de algunos de mis docentes, poco de otros y nada de un tercer grupo. Lo bueno es que, al final, me llevo lo positivo. Y en mi caso hay mucho positivo de mi etapa como alumno. Claro que hay cosas que cambiaría. Claro que como docente estoy cambiando ciertas cosas que no me gustaban de antaño, cogiendo algunas otras que ya eran «viejas» cuando estudié y, adaptando otras gracias a las nuevas herramientas que han ido apareciendo. Mi experiencia personal marca mi manera de dar clase. No sé si lo hago bien o mal pero, supongo que la ausencia de sufrimiento se debe trasladar a mi manera de hacer las cosas. Tengo la gran suerte de no haber padecido en exceso salvo cuando había exámenes. Qué poco me gustaban. Eso sí, raro que es uno, me molaba hacer ejercicios de matemáticas. Más aún aquellos problemas de trenes. Sí, sé que han sido un suplicio para muchos entre los que, seguro que te encuentras, pero debo reconocer que yo me lo pasaba bien. Por cierto, me encantaba que las puertas de los centros educativos estuvieran abiertas y no se pasara lista en clase. También me gustaba esa libertad y la autonomía de la que te dotaba. Algo que, por desgracia, se ha perdido en muchos centros y, especialmente, cuando dais clase aquellos que lo pasastéis tan mal. Lo del control absoluto para mejorar la praxis profesional lo llevo bastante mal. Quizás, como he dicho desde el principio, se deba a mis vivencias como alumno.

Haría lo posible para que no tuvieras ese odio al sistema en el cual estudiaste. Un sistema en el que muchos que no podían estudiar, pudieron hacerlo. Un sistema que ha permitido que muchos puedan vivir mejor que sus padres. Un sistema en el que, por suerte, no había centros que seleccionaban al alumnado en función del proyecto educativo ni por el nivel socioeconómico de las familias. Claro que había cosas que no me gustaban. Por eso ya he comentado que no las hago en mi aula pero, la verdad, es que mi experiencia fue bastante positiva. Nada negra ni oscura. Seguro que es mi necesidad de verla como positiva y la tuya es la realidad de lo que sucedía. No voy a osar cuestionar tu verdad.

Dentro de un rato volveré, ahora como docente, a esa escuela que tan mal está funcionando. Prometo que me fijaré mejor en lo que sucede a mi alrededor. Seguro que veo soltar lagrimillas de rabia a todos mis alumnos por tener coartada su libertad. Por no poder correr libres por el campo, mientras buscan las primeras flores de la primavera que pronto llega. Bueno, si no veo esa tristeza me la inventaré porque, al final, seguro que por lo que me estáis contando algunos… existe.

Un abrazo y mi pésame a todos los docentes y/o gurús educativos que lo pasaron mal como alumnos. No sabéis cuánto lo siento.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Tu ironía :»Cuánto lo siento», lo veo como una manera de evitar ver o sentir lo que supone para muchos la experiencia de la escolarización forzosa. Es muy doloroso y se evita por ese motivo. Recordar, observar a alumnos e hijos. Y difícil porque no conocemos alternativas, como el pez que solo conoce su pecera.
    Te recomiendo un libro escrito por un gran profe. «Weapons of mass instruction» de John Taylor Gatto. Ya está traducido: «Armas de instrucción masiva».
    Está escrito por uno de los «nuestros» y aporta una visión crítica y realista del sistema educativo. Y este profe se jubiló como profe y fué un tocapelotas. (Como tú tb. 😉

  2. Es un verdadero placer leerte! Aunque tus palabras destilan una cierta agresividad creo que tu verdad merece ser escuchada y pensada!
    Enhorabuena por un blog que despierta!
    Me encantará seguir leyéndote cada día!
    Atentamente,
    Laura

  3. Qué curioso… yo tengo la misma experiencia que tú: no tengo ningún trauma y sí muchos recuerdos positivos. Y, además, mis maestros y profesores eran de los de toda la vida, no hacían cosas raras, ni les daban premios por «super proyectos educativos»… símplemente, nos dedicaban desde sus conocimientos y su sentido común. Y, fruto de ese sistema educativo, según dicen, tan lamentable y obsoleto, hemos salido generaciones de buenos profesionales que somos capaces de razonar y entender las cosas, a diferencia de la mayoría de mis alumnos actuales, educados en la innovación pedagógica, el aprendizaje por proyectos y las inteligencias múltiples… ¿No es un poco raro esto? Gracias por tus acertadas reflexiones, Jordi.

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