¿Nos hacemos un Glogster?

Hace bien poco tiempo las redes se plagaron con cientos de docentes publicando sus maravillosos pósters digitales realizados en Glogster. Miles y miles de trabajos, la mayoría de ellos de calidad más cercana a la bazofia que se publica últimamente en Youtube por parte de algunos que, por el simple hecho de tener un iPad y montarse un estudio croma artesanal, ya se piensan que pueden publicar un vídeo de calidad, que se publicitaban con la última herramienta para ello. Una herramienta que iba a hacer gozar al personal. Una herramienta que, permitiéndome el símil, iba a ser considerada el Despacito de las TIC. Pero, lamentablemente, esto no ha sido así…

Fuente: http://edu.glogster.com/

Estos últimos meses estamos inmersos en la nueva y definitiva herramienta: Genially. Lo de hacer pósters ya ha quedado obsoleto, salvo para algunos cursos que dan esos que, entre actualizarse poco y tener más miedo por no pisar callos para que les sigan llamando para ser formadores, siguen enseñando la herramienta. Ahora lo que mola es Genially. Incluso ha conseguido desplazar a Canva. Esa herramienta, potenciada hasta la saciedad por todos aquellos que montan MOOCs, NOOCs o SPOOCs. Que no sabéis qué significan las siglas. La verdad, tampoco importa mucho porque, al final, es sólo algo que se ofrece para justificar la pérdida de tiempo a todos aquellos que tienen tiempo para perder. Y te regalan una puta insignia. Sí, he dicho una puta insignia. Ya, lo sé. Estoy siendo muy borde pero, salvo para tatuártela en la entrepierna, algunos seguimos sin entender para qué sirve.

Todo esto de la tecnología educativa, la innovación, las metodologías fantásticas y, dentro del pack, los expertos en educación ya es algo que clama demasiado al sentido común. Si ya jode ver una presentación en Prezi, recomendada por todas las farmacéuticas con negocio en Biodramina o marcas blancas; lo de jugar con otras herramientas que, al final, lo único que hacen es complicar el dibujo que puedes hacer en cualquier pizarra de esas verdes con una tiza y no tiene ninguna afección sobre el alumno, ya es de traca. Eso siempre que a uno no se le ocurra gamificar el aula con Classcraft, convertirse en embajador del asunto o, simplemente, copiar y pegar las posturas de un lindo gatito mediante el uso de módulos de copia y pega. Qué potita es la actualización docente. Qué potitos son los recursos de obsolescencia programada.

Que a día de hoy lo más eficaz para dar clase sea el conocimiento del docente de la asignatura, su manera de impartir las clases y el uso de PowerPoints, debería llevar a más de uno a replantearse qué hace perdiendo su tiempo en productos perecederos a corto plazo. Ya, siempre queda muy bien publicar tu recurso hecho con la última herramienta en las redes, que te aplaudan y sentir esa palmada digna del mejor onanismo educativo. El problema es que para el aula complicarse la vida en herramientas o centrarse en las mismas no mola. Bueno, ni mola ni es útil.

¿Alguien me puede decir qué ha mejorado el aprendizaje de nuestros alumnos el haber pasado de la tiza o el proyector de transparencias a una herramienta como Genially? Lo sé, el guayismo pero, una vez descartado lo anterior… alguien me puede responder argumentando más allá del típico discurso de que los docentes debemos estar a la última. Porque, lo que es utilidad, la verdad es que no se la veo a ir cambiando de herramienta cada cierto tiempo.

Algunos seguiremos con el blog, retomando una plataforma como Edmodo y, combinado todo lo anterior, con vídeos de Youtube hechos por profesionales y una tiza. Sigue siendo lo más eficaz aunque eso no excluye que, algún día, a uno le apetezca dejar a sus alumnos con la boca abierta haciendo alguna chuminada campestre con la última app o herramienta que ha salido al mercado. Sí, a todos nos gusta ese puntito picarón e insustancial del que nos dota la tecnología educativa 🙂

Otro artículo que debo agradecer a Carlos. Una de las mentes más lúcidas en Twitter.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Hola,
    me estreno en tu blog (que no todo en la vida es twitter) y bueno solo quiero comentar los de los MOOCs porque yo he hecho unos cuantos (en Coursera, Miriadax y Futurelearn) y era más que nada para decir que a mí me han resultado muy útiles. Yo, personalmente, no los considero una pérdida de tiempo. Tengo que decir que yo busco uno que me gusta y lo sigo sin hacer las actividades, simplemente recopilo información y aprendo. Y en eso consiste todo, supongo. Por poner algún ejemplo, hace tiempo seguí uno sobre cómo enseñar una lengua extranjera a personas disléxicas y me aportó algunas ideas para aplicar en mis clases, también otro que se llamaba Herramientas 2.0, del que también saqué unas cuantas ideas y aparte de los que me sirven para mi trabajo también están los que he seguido por amor al arte (un par de Shakespeare, otro sobre los poetas románticos ingleses y alguno más). Sí, ya sé. Hay quien va a la playa, toma cervezas con los amigos, disfruta de la familia, lee y escribe en un blog. Y también estamos los que hacemos todo eso y además nos apuntamos a MOOCs 😉

    Un saludo, Jordi

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