Numerus clausus en la Universidad

Desde hace tiempo los partidos que han gobernado en nuestro país y, gran parte de los de la oposición, han hablado reiteradamente acerca de introducir numerus clausus en la Universidad. Algo que, en la práctica, significa adaptar el número de alumnos que pueden entrar en una carrera universitaria en función de las demandas de las empresas. Sí, la reducción de matrícula en algunas especialidades para favorecer que sea el mercado quien gestione la oferta académica es algo que, siempre ha sido tema de conversación en la mayoría de discusiones políticas. Y no sólo por parte de los políticos.

Fuente: http://sf-en-herbe.revolublog.com
Fuente: http://sf-en-herbe.revolublog.com

Yo siempre he sido partidario de la necesidad de priorizar la demanda del estudiante. Si hay demanda de, pongamos por ejemplo Magisterio, ¿por qué debemos delimitar las plazas que se ofertan de dicho grado? ¿Por qué, más allá del mercado, no nos planteamos que la Universidad es un mecanismo para cambiar la sociedad? ¿Por qué no hablamos de cuestiones sociales en vez de modelo empresarial a la hora de gestionar las plazas que ofertamos en las diferentes Universidades? ¿Por qué mantener unos numerus clausus o limitación de plazas en algunas carreras? ¿A quién beneficia lo anterior?

Ahora con la prohibición en la Comunidad Valenciana de la realización de prácticas en hospitales públicos por parte de quien ha estudiado en una Universidad privada y, al ver las reacciones de los rectores de las mismas y de determinados partidos políticos, la jugada de los numerus clausus está clara. Los numerus clausus sólo existen para beneficiar a las Universidades privadas. ¿Alguien me puede explicar, siguiendo el mismo argumento que usan algunos para defender dicha existencia de numerus clausus, por qué si no hay suficiente demanda por parte de las empresas se permite que se abran grados universitarios en Universidades privadas a tutiplén? ¿Alguien me puede decir qué sentido tiene ofrecer tantos títulos homologados si se está diciendo por activa y por pasiva que conviene limitar los estudiantes de determinados grados? Seamos sinceros, ¿a nadie le huele lo anterior bastante mal?

Estoy un poco cansado de que haya alumnos que deban acudir a Universidades privadas porque la nota no les vale para entrar en una de pública. No entiendo que nadie hable de excelencia de los estudiantes que salen de la privada cuando son los alumnos con peores expedientes académicos y que, gracias a la situación económica de sus padres, van a obtener un título universitario homologado que, por desgracia, mejores estudiantes que ellos que no disponen de esos recursos no van a poder obtener porque hay numerus clausus en las Universidades públicas. ¿Alguien ve justo lo anterior? ¿Alguien cree que, en estudios homologados ha de valer más la chequera familiar o la capacidad -o riesgo- de hipotecarse de los padres que la capacidad de los alumnos? Porque, seamos claros, un alumno con menos nota va a poder entrar en una privada siempre y cuando pueda pagárselo. Y no tiene ningún sentido. Menos aún cuando uno de los objetivos básicos de la Educación -en este caso tanto obligatoria como postobligatoria- es tener unos criterios justos a la hora del acceso a los estudios.

Lo siento, no me van los numerus clausus. No me va la defensa de limitar plazas en centros públicos para que algunos hagan su agosto. No, la economía familiar no debería favorecer la brecha educativa o las posibilidades futuras de los alumnos.

Y, por cierto, podemos extrapolar el redactado anterior a todos los estudios postobligatorios (Formación Profesional, Conservatorios y un largo etcétera) donde, por desgracia, debido a la limitación de plazas, muchos padres deben optar por acudir a centros privados -parcial o totalmente-, pagando una determinada cantidad para que sus hijos puedan estudiar. Algo que, al final, al único que beneficia es al ofertante de dicho servicio privado.

Sí, los numerus clausus en la enseñanza pública son sólo una defensa a ultranza por parte de los políticos de determinados «amigos» para que se saquen unos euros gracias a sus chiringuitos privados.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Me recuerda a la defensa a ultranza de los grupos de 25 en primaria, que nadie sabe por qué ni quién se inventó el número (por qué no 20, o 10). Seguro que es porque alguna empresa privada presionó a los políticos de turno prometiéndoles puertas giratorias. jajajaja. Es tan patético. Con estas concepciones de la teoría de conspiración neoliberal me parto de la risa, y estoy perdiendo por momentos la fe en ciertos «educadores» si así se les puede llamar.
    Los números clausus yo los pondría aun más altos, y facilitaría que las notas de corte fueran cada vez más altas. El trabajo y el mérito deben tener una valoración social, venga de donde venga la persona. Nos hartamos en los 70 y 80 de hablar de la educación como ascensor social y lo que estamos haciendo es cargarnos la sociedad con teorías buenistas y blandorras que solo lanzan a la sociedad parados porque no saben nada ni tienen ninguna actitud (salvo las típicas honrosas excepciones que consiguen trabajo, que por algo será).
    Y precisamente magisterio, cuando estamos mirando todos a Finlandia como si fuera el Santo Grial o el Paraíso Terrenal o el Paraíso socialista o la utopía comunista (para gustos, colores), lo pondría de 9 en lenguas, como mínimo. Y una nota bien alta de filosofía, de historia, de humanidades en general… y un examen de acceso potente sobre la idoneidad de la persona para educar, y no solo para ser un buen manipulador de ideas (izquierdosas o derechosas, me da igual), y saber educar personas en su integridad. Ya lo sé, es otra utopía. Pero ya está bien de quejicas y de pesaos que no ni quieren educar ni saben educar y solo aspiran a cobrar a final de mes. Animo Jordi, no estás solo. Hay muchos profesores que están por mejorar la profesión y por hacer bien las cosas para todos, en todas partes, para todos los chavales.

    1. Lamentablemente hay algo que no me cuadra en tu argumentación Josep Manuel. No me cuadra porque, hace bien poco defendías abiertamente la posibilidad de que una determinada organización privada eligiera a sus trabajadores -pagados con dinero público, ya que hablo de los docentes de la concertada- directamente sin pasar por ningún proceso de oposición. Me sorprende que cuestiones abiertamente un proceso académico como el anterior y me defiendas exactamente lo mismo, a nivel de importancia que das a las calificaciones, ahora. ¿Lo ves coherente? ¿Por qué un 9 para acceder a Magisterio, un porcentaje importante de la calificación está sacado de un examen único como es la Selectividad y no unas oposiciones para ser docente? ¿Qué es lo que no te interesa de lo segundo? ¿Por qué debemos priorizar lo académico sólo cuando te interesa? Pero bueno, más allá de lo anterior y centrándonos en el fondo de lo que planteo en el artículo… ¿hasta qué punto ves necesario la existencia de Universidades privadas que expiden títulos homologados si se impide ampliar la oferta pública por no poderse adaptar al mercado? Por cierto, creo que llevar el tema a cuestiones políticas por mucho que votes a partidos neoliberales -no lo digo yo, se infiere de cada uno de tus comentarios y la ironía con la que hablas siempre de «paraísos comunistas»- es un error. Las Universidades y la gestión de títulos es una cuestión técnica. Se trata de permitir que «los mejores» estudien con independencia de su capacidad económica y favorecer que, en caso que tenga una cierta afección dicha cuestión, pueda eliminarse con las ayudas pertinentes. O, ¿realmente debemos permitir que sólo quien tenga dinero pueda pagarse los estudios Universitarios? Por cierto, creo que convendría cambiar de una vez la concepción de la Educación y considerarla como, más que un trampolín para algunos -no me gusta que sólo te refieras a claves económicas que han llevado donde estamos-, un medio para cambiar la sociedad.

      Sobra, por cierto, la ironía de tus últimas líneas. Por lo que he podido comprobar, puedes ser más «directo» 🙂

      1. No veo incoherencia alguna en exigir un acceso exigente con la contratación de profesorado por parte de los colegios de iniciativa social. Iría en contra de su propio proyecto, resultados y prestigio que un colegio contratara malos profesores o lo hiciera por criterios distintos de la excelencia. A eso, un colegio puede añadir la valoración de otros elementos que aporten valor a su propio proyecto. Es legítimo y es legal. Como tantas cosas que nos empeñamos que sean legales aunque repugnen al sentido común. Pero, insisto, la ley es la nueva religión del Estado y a ella parece que hay que doblegarse. A otras no.
        Y de las oposiciones, nada que decir. Y los interinos? Vamos, hombre. No pasan oposición pero están en plano de igualdad (dan clases, educan, etc. etc.).
        Tener a los mejores profesionales formados no es incompatible. Es puro sentido común.
        Tu inferencia sobre a quien voto o dejo de votar es tuya, y no seré yo quien te ponga a tí esas etiquetas. Igual te llevas un disgusto si te lo dijera. Pero como nunca le digo a nadie lo que voto cada vez, te quedas con la especulación.
        Lo público no siempre tiene que ser lo mejor, ni lo peor. Simplemente deben poder existir todas las opciones, y la realidad y los resultados ya se ocupan de eliminar lo que no funciona. Darwin a veces tiene razón…
        Y acéptame una cierta ironía, que es patrimonio de los inteligentes como tú.
        Sinceramente, creo que no estamos tan lejos en algunos planteamientos, y que la diferencia radica en que no toleras que haya opciones diversas, sean pagadas con tus y mis impuestos o no. Y a mi me cuesta tolerar a los que no toleran la libertad. Hago esfuerzos, te lo aseguro, pero me cuesta.

        1. Vuelvo a repetir, y siento hacerme pesado porque no era el tema de este artículo, que una entrevista personal -bajo criterios como haber sido exalumno del centro o comulgar con determinadas ideas- no garantiza que dicho personal sea mejor que uno seleccionado por un proceso transparente -mejorable- y meritocrático donde hay igualdad de oportunidades con independencia de credo, raza y religión. El Estado es un ente formado por personas y, dentro de dicha heterogeneidad, está la grandeza de su función social ofertadora de servicios.

          Claro que te acepto una cierta ironía -y todas las que quieras-. Lo que pasa, es que, como bien sabes, a estas alturas de curso, por desgracia, algunos estamos bastante cansados y tenemos las neuronas bajo mínimos 🙂

          Liberté, égalité, fraternité 🙂

  2. Comparto con usted la indignación por las universidades y títulos privados, aunque imagino que es algo que no tiene realmente solución, y constará en el ‘haber’ de las ventajas que tienen las personas de entornos pudientes, que siendo más torpes y vagas que los demás, pueden hacer valer el dinero de sus padres para comprarse títulos universitarios (y posteriormente, enchufarse en empresas ‘propias’ o de amigos). Reconocido esto, no creo que eliminar numerus clausus haga de contrabalanza efectiva a favor de los chicos de entornos pobres. Si tuviéramos unas carreras públicas exigentes, por ejemplo, el alumnado que meritocáticamente accede y supera éstas contaría con un prestigio extra a la hora de incorporarse al mercado laboral (de hecho, ya pasa eso; las universidades privadas en España son de ínfima calidad), aunque en la patria de los enchufes y los amaños, eso signifique más bien abrir puertas extranjeras a nuestros alumnos. No concuerdo tanto en lo de ‘priorizar la demanda del estudiante’ por un problema económico de base, y es que los recursos (como bien pone de manifiesto la crisis en que estamos) no son inifitos; habida cuenta de esto, el servicio público de provisión de universidades y carreras sí es bueno que siga unos criterios racionales, ajenos a los intereses locales (una universidad con todas las facultades en cada pueblo) y a los caprichos de los individuos.

    1. No discuto la necesidad de prestigiar -o represtigiar- los estudios realizados en Universidades públicas. Por cierto, mucho más demandadas -por diferentes motivos- por la mayoría de estudiantes que quieren realizar sus estudios universitarios. Algo que, por desgracia, me genera la preocupación planteada en el artículo… ¿por qué un alumno con un 10 de media en Selectivo-Bachillerato no puede acceder a obtener un título de Medicina si no tiene recursos económicos familiares y uno con un 5 pelado sí que puede optar por obtener ese título en una Universidad privada? ¿Tiene sentido lo anterior? ¿Estamos escogiendo a los anteriores o simplemente hacemos de la brecha socioeconómica algo insalvable? Yo estoy por la necesidad de que la situación contextual de nuestros alumnos -que ya influye suficiente en cuestiones académicas- no tenga influencia en su incorporación social futura. Y ahí está una de las claves para ofertar, dentro de lo público, un mayor número de plazas universitarias eliminando paulatinamente las homologaciones que, con dinero, uno pueda pagarse. Algo que tiene mucho que ver con presupuestos y con la concepción de la Universidad. Una Universidad que debería ir dirigida a la obtención de excelentes profesionales -a nivel personal y laboral- que permitan cambiar una sociedad. Por eso, jamás deberíamos permitir que el mercado nos dicte el número de plazas a ofertar (algo que también debería ser racional porque, como bien dices tampoco hay recursos infinitos) porque, el derecho y la necesidad de cambiar, sólo está en manos de nuestros jóvenes. Algunos, por desgracia, sólo podemos apoyarles en lo anterior.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

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