Nunca han sido decisiones educativas

Nunca se han tomado en el ámbito educativo decisiones educativas. Siempre ha existido la toma de decisiones políticas. El sistema educativo, la toma de decisiones que tienen afección sobre él e, incluso, la forma en que se dan las clases por mucho que presupongamos libertad del docente, siempre ha estado marcado por las decisiones políticas que han tomado y están tomando los diferentes políticos que gestionan ese ámbito. Uno no puede usar las TIC si no tiene herramientas para hacerlo. Y tener herramientas, buena conectividad y una formación adecuada depende de decisiones políticas.

Fuente: http://www.miguelsoler.com

Por mucho que nos creamos libres cuando entramos en nuestras aulas, van a ser las decisiones políticas las que van a limitar qué podemos hacer. Sí, tenemos mucho margen de actuación pero, tan sólo conviene recordar que uno de los temas más importantes, como es la disponibilidad de recursos, bajos ratios y tipo de alumnado que tenemos delante es producto de decisiones políticas que se han tomado desde fuera del aula. Decidir invertir en A o B es una cuestión política. Aumentar o disminuir el presupuesto destinado a educación también lo es. Y yendo más lejos, también lo es la gestión de las partidas económicas. Decisiones políticas tomadas por las administraciones que hacen que, desde diferentes ópticas, el sistema educativo sea totalmente diferente en las diferentes zonas competenciales en que se divide nuestro país. La decisión, por ejemplo, de invertir poco más de un 3% del PIB en la educación catalana no es culpa de Madrid, al igual que el fracaso escolar andaluz no es cosa de las decisiones que tome la administración vasca. El Ministerio, salvo ejercicios de política mediática, poco puede hacer en los territorios que no controla. Recordemos que, con la educación transferida a las autonomías, el único control directo que ejerce el MECD es el de Ceuta, Melilla y centros en el extranjero.

La LOMCE es una ley política con unos determinados objetivos, al igual que lo fue, en su momento la LOGSE. No son leyes para mejorar la educación, son leyes para dirigir en un determinado sentido la misma. Los pactos educativos los toman actores políticos. Actores que, en principio, representan la ideología de sus votantes. Es por ello que, en democracia, no hay decisiones educativas técnicas. Bueno, salvo las estrictamente necesarias que impiden la construcción de centros educativos encima de arenas movedizas o, el diseño de elementos no lesivos para el alumnado.

Los docentes tampoco estamos aislados de tomar decisiones políticas. Nuestra concepción acerca de qué es la educación hace que tomemos una decisión u otra. De lo más básico a lo más complejo. De lo más inocuo a simple vista a lo más difícil de disimular.

Cuando un país adopta una determinada decisión educativa lo está haciendo por cuestiones políticas. Cuando un padre decide que su hijo se mezcle sólo con hijos de padres del mismo poder adquisitivo está tomando una decisión política. Cuando los medios deciden mediatizar ciertas prácticas educativas o a ciertos docentes, también es política. Cuando un docente decide, o no, utilizar un libro de texto está posicionándose abiertamente en un determinado lugar del espectro político. La educación no es nada más que la suma de decisiones políticas. No hay interés de mejora educativa ni, tan sólo, ningún concepto que pueda denominarse “educación”. Hay una política que se decide en despachos y otra que se expresa en el aula. Política que, casi siempre, tiene más que ver con cuestiones ideológicas que con cualquier otro tipo de asunto. Seamos claros, aprender las tablas de multiplicar de memoria también es un acto político que tiene mucho más detrás que el simple hecho de poder realizar en un futuro operaciones matemáticas de una forma mucho más ágil.

Es por ello que conviene tener claro qué queremos y el tipo de política que queremos en educación. Una política que va a decidirse cada cierto tiempo en las urnas y que, por mucho que se obvie en los discursos o, simplemente sea sólo una lista de propósitos más o menos encomiables, tiene mucho que ver con nuestro futuro como sociedad. Una sociedad, por cierto, también política, politizada y politizable.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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