Obedire est vivere. Vivere est obedire

obedecer14La regla básica para sobrevivir, sin demasiados sobresaltos, en el ámbito educativo, sea cual sea el rol que te ha tocado en el mismo, es el obedecer. Obedecer sin cuestionarte las decisiones. Obedecer sin preguntar los porqués de cuestiones que no entiendes. Obedecer incluso que obligue a prescindir de tus principios más fundamentales.

En los centros educativos se enseña a obedecer. Se hace leitmotiv de los alumnos un mantra demasiado falible: la vida siguiendo mandatos de obediencia. Una obediencia moldeada hasta extremos inenarrables. Una obediencia que no de alternativas al establishment establecido. Una obediencia que sea capaz de extrapolarse a una sociedad que la necesita para no cambiar. Una obediencia basada en miedos a cambiar. Una obediencia ciega a la autoridad.

Obedecer o marginar. Las normas están muy claras. Seis horas de silla rodeados de rejas cada vez más altas. Creatividad reducida a su mínima expresión. Contenidos a golpe de libro con evaluaciones finales que premian al más obediente de todos.

La obediencia se está convirtiendo en lo deseado. ¿Quién no ha oído hablar de lo bien que se porta un determinado grupo de la ESO? ¿Quién no escucha conversaciones en la sala de profesores quejándose del mal comportamiento de algunos y de lo mal que va a encajar en la sociedad? ¿Quién no ha visto subir las notas en la Junta de Evaluación cuando se trata de esos alumnos que no dan problemas en el aula?

La obediencia ciega que se está inculcando en las aulas es lo que lleva a encontrarse con una sociedad muerta. Una sociedad incapaz de moverse salvo excepciones encomiables. Una sociedad gobernada gracias a esa obediencia inculcada en el sistema educativo.

Vivimos en el país del obediente. En el país de aquellos que no quieren problemas. En el país de aquellos que desangran y cuyo único objetivo es que no se les note el desacuerdo con los que mandan. Algo, por cierto, que nadie lleva impreso en los genes. Una conducta aprendida y reforzada en el ámbito educativo. Una conducta que, no lo olvidemos, hace muy difícil el dejar de obedecer una vez eres mayor.

Dejadme hacer un poco de alegato contra lo anterior. Dejadme deciros que «Obedecer NO es vivir». «Vivir NO es siempre obedecer». Hay margen entre la obediencia ciega y la obediencia por convencimiento. Al menos, eso es lo que creo. Algo, como siempre, opinable y cuestionable al tratarse sólo de la opinión de quien escribe.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Es un problema. Cuando no obedeces parece que no encajas, que eres tonto o que no tendrás futuro. A día de hoy me cuesta obedecer como participante en un rol cuando pienso que los procedimientos están mal planteados, o son ineficaces, o, simplemente, el que los ha puesto padece un retraso mental o ha sido puesto a dedo en su cargo y molesta a todo el departamento.

    Creo que los alumnos deben rebelarse contra un sistema educativo mediocre. Yo lo hice, y aquí estoy.

  2. En la recién estrenada película «Nebraska»…
    .
    http://www.filmaffinity.com/es/film888596.html
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    …me llamó la atención una escena en la que el hijo dice a una oficinista que su padre se creía todo lo que le decían a lo cual responde la oficinista con una exclamación destacando el grave problema que eso implicaba. Mentimos más que hablamos…
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    http://www.lanacion.com.ar/1119561-se-dicen-tres-mentiras-por-cada-10-minutos-de-conversacion
    .
    …y si se entiende que esto dice poco en nuestro favor habremos de saber hasta dónde llegamos diciendo siempre la verdad.

    Mientras en las escuelas enseñamos a los niños a decir siempre la verdad ellos aprender “también” a mentir y mientras les enseñamos a obedecer ellos aprenden “también” a desobedecer. Puede tener algo que ver con la ancestral necesidad de mimetización…
    .
    http://es.wikipedia.org/wiki/Mimetismo
    .
    …ocultamiento o fingimiento que permite sobrevivir a tantas especies animales.

    La obediencia ciega es absurda, la obediencia razonadamente asumida es lógica y la obediencia asumida comprensible. La primera podemos hallarla en la disciplina militar del indiscutible “a la orden”, la segunda en la correspondencia entre lo que se sabe y aprueba y lo que se hace bajo mandato y la tercera podemos verla en la obediencia de un niño respecto a sus padres que asume como benefactores aun no comprendiendo el sentido de sus mandatos.

    ¿Qué país establecido no cuenta con fuerzas armadas?. ¿Qué sociedad organizada no obedece mandatos, leyes o normas que regulan su convivencia?. ¿Qué niño/a carece de referencias, mejores o peores, las cuales acata?.

    No podemos responder a estas preguntas de forma absoluta, necesitamos relativizar, valorar, decidir…y esperar acertar.

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