Objetivo… ¿5 años?

No entiendo como alguien puede otorgarse la posesión de una varita mágica para la solución de todos los problemas educativos. No comprendo cómo algunos pueden aplaudir, hasta generar callos en sus manos, propuestas vacías de contenido como las que, últimamente, nos está suministrando José Antonio Marina. No compro cambios diseñados por uno. En Educación las cosas son mucho más complejas que las ideas que, sin contar con los docentes de aula, alumnos y padres, se pueden verter para vender libros o dar múltiples conferencias.

Fuente: http://auladeocio.com
Fuente: http://auladeocio.com

El sistema educativo tiene muchos problemas. Problemas que, por mucho que algunos se empeñen, son más globales y exógenos de lo que se piensan. Los problemas educativos están muy relacionados con los problemas sociales. Resulta paradigmático que sean los alumnos de familias con problemas socioeconómicos los que peores resultados obtienen en sus aprendizajes. Sí, es una realidad incómoda, pero dicha realidad es la que debe incorporarse a todas las políticas educativas. Políticas que deben ir de la mano con políticas sociales porque, desde los centros educativos, es imposible cubrir todos los aspectos que necesitan nuestros alumnos.

En cinco años no se van a solucionar los problemas educativos. Ni tan sólo reducir la brecha educativa -cada vez más amplia- que existe entre los diferentes alumnos. Alumnos que no van a conseguir mejorar su aprendizaje mediante procesos de segregación como los que postula Marina. La educación diferenciada tiene mucho de gueto y demasiado poco de ganas de mejorar globalmente el sistema. Un sistema global debe ser para todos. Y todos, mal les pese a algunos, deben tener las mismas posibilidades de futuro.

 El objetivo educativo para estos cinco años debe incidir en reducir brechas, en adaptar los aprendizajes a las necesidades de los alumnos, en acercar los centros educativos a la sociedad. Porque si la sociedad no cambia, en los centros educativos sólo podemos ofrecer parches. Parches que sirven para lo que sirven. Parches que no son ninguna solución a los problemas que tenemos. Porque, en lo que sí que coincido con Marina, es en que tenemos un problema educativo. Un problema muy serio. Un problema que, no lo es más, por los grandes profesionales que hay en las aulas.

A mí también me gustaría tener una varita mágica para que, en un período relativamente corto, nuestro sistema educativo pasara de lo de ahora (que, tampoco es tan malo como pintan algunos -ni lo era antes ni lo es ahora-) a un idealismo utópico. No la tengo. No sé dónde encontrarla. Lo único que sí que tengo claro es que la varita no la tienen aquellos que se declaran «salvadores» ni aquellos que, sin contar con la comunidad educativa de forma global, pretenden hacer postulados a base de eslóganes que me da la sensación sólo sirven para vender libros.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

12 Comments
  1. Jordi, he leído el artículo que enlazas sobre la conferencia de Marina y no veo que refleje con claridad cuáles son sus propuestas. No sé si tú tienes información más completa de ello, pero el texto que nos das no permite hacer una crítica cabal. Habla de renovación de cargos directivos, de autonomía de centros, de «educación diferenciada» (algo que no aclara el texto pero que tú interpretas que es «educación segregadora»). Aporta algo interesante que son los descubrimientos recientes de neurología algo que suele desconocerse totalmente por parte de los profesores puesto que no sabemos cómo aprenden nuestros alumnos. Yo desde luego, tras más de treinta años como profesor no acabo de entender cómo funciona su inteligencia. Y creo que la inmensa mayoría de nuestros compañeros lo desconocen totalmente. Soy profesor de lengua y no me explico cómo funciona la disortografía. ¿Por qué se cometen faltas de ortografía? Hay respuestas muy diversas pero no salimos de hacer dictados y hacerles repetir las palabrar bien escritas diez o veinte veces. ¿Por qué no retienen la información? ¿Por qué no escuchan las explicaciones a esta edad? ¿Por qué les interesa tan poco lo que no es eminentemente práctico? ¿Por qué se sienten atraídos por la copia sin pensar y nada por el ejercicio del pensamiento? Yo no lo sé. Intento especular. Ahora está en el aire la escuela de los «proyectos» como han asumido los jesuitas. Yo no lo sé. Trabajamos así en mi centro para los CS pero yo no tengo ninguna conciencia de que en realidad aprendan algo, aunque algo más dinámico es. Y eso sí, en los equipos siempre hay uno o dos que no pega sello y se apropia del trabajo del más voluntarioso. Hablas de la segregación social. ¡Nos ha jodido! De entornos humildes pueden salir muchachos que, gracias al esfuerzo, puedan progresar si tuvieran un entorno adecuado. Yo los tengo en mi instituto. Hay algunos sorprendentes que se esfuerzan y trabajan pese a tener un entorno en que apenas nadie da ni golpe. Un cinco por ciento, un ocho por ciento. Pero tienen un instituto donde no hay posibilidad de estímulo intelectual por la diversidad, porque la voz cantante no la llevan ellos sino los más conflictivos, los más vagos. Allí es imposible un debate en que sean escuchados quienes tienen algo que decir.

    Desconozco las propuestas de José Antonio Marina, pero agradezco que un pensador centre su esfuerzo en la educación. ¿Es algo condenable? ¿Es algo maligno que haya un libro detrás de ello? ¿Que haya una conferencia? ¿Es un cochino judío que quiere hacer dinero a partir de la educación? Mucho me temo que los profesores reales tienen poco que decir sobre educación. Saben -sabemos- muy poco. Yo estoy desorientado totalmente. A mí se me dice que tengo que dar clase de lengua y lo hago lo mejor que sé pero no sé nada del sistema educativo, ni yo ni mis compañeros. ¿Competencias? ¿Tecnología? ¿Proyectos? ¿Autonomía de centro? Cada profesor tendría su idea (y dudo que las tengan) y no sería muy progresista. El profesor en un mandado que hace lo que le piden más o menos. Ha aprendido a convertirse en una meretriz que se gana la vida renunciando a sus convicciones porque hay que vivir. Y no es la peor de las vidas posible. Yo hubo un tiempo en que tenía claro para qué estaba en un centro de enseñanza. Luego llegaron las leyes pedagógicas y nos enseñaron que el blanco era negro y que cuando era de noche es que era de día y ya no supe qué narices hacía allí.

    Ignoro si tienes hijos, Jordi, ignoro qué tipo de educación has elegido para ellos. Este es un punto crucial. Pero yo sé qué enseño a mis alumnos en un centro de clase muy humilde con un sesenta y cinco por ciento de alumnos de origen inmigrante. ¿Cómo romper la brecha social? Buena pregunta habiendo huido, como has dicho muy bien, las clases medias de la enseñanza pública y que eran el alma de la misma. Yo he vivido un centro de enseñanza de BUP donde había hijos de millonarios, clase media y muy humildes y era un ambiente muy productivo para todos.

    1. Llevo ya un tiempo analizando la postura –no es de ahora- de José Antonio Marina en sus declaraciones acerca de cuestiones educativas. No cuestiono su posicionamiento, ni tan sólo su ideario acerca de qué hacer (los cómos ya los entrecomillaría porque, más allá de numerosos artículos y algunas charlas que ha impartido, los desconozco bastante). La crítica no es hacia la persona de Marina, es una crítica más amplia. Quizás como docentes no conozcamos gran parte de la investigación educativa pero, obviar lo que sucede en las aulas (y sí, seguro que cada uno tenemos nuestras ideas) para forzar un cambio de sistema cortoplacista me suena a un déjà vue.

      Hay muchas preguntas que podría añadir a la lista que planteas. Yo, al igual que tú, intento especular con la respuesta pero, más allá de lo anterior, me veo incapaz de dar con la respuesta adecuada a ellas. Y eso que lo intento. Lo llevo intentando mucho tiempo.

      Aislar el ámbito educativo de la sociedad que lo rodea es un sinsentido. Sí, las circunstancias socieconómicas de las familias influyen, y mucho, en las posibilidades de éxito o fracaso de sus hijos. De entornos humildes e hijos de la inmigración, hoy en día, es difícil que salgan puntales sociales porque, no lo olvidemos, la realidad (la que ves tú y la que veo yo a diario) no comulga con lo anterior. Las clases medias, como bien comenté hace un tiempo, huyen de la heterogeneidad y exigen (bueno, más bien eligen) centros donde todos estén cortados por el mismo patrón. Algo que no enriquece porque, lamentablemente para ellos, la sociedad no es tan uniforme como plantean.

      ¿Estímulo intelectual? Bueno, si los padres no lo tienen, ¿cómo hacerlo en la Escuela? Porque sin ejemplo no hay solución. La realidad es dura pero es así. Cambiar estructuras a corto plazo, mediante diálogos y pactos, ya sabemos como ha ido en nuestro país. Más aún si uno se equivoca con el receptor del diálogo.

      Yo he elegido un centro público cercano a mi domicilio, con tasas de inmigración media (no son bajas) y con familias de nivel socioeconómico de todo tipo. Tengo muy claro el papel de la Escuela y, por desgracia, también asumo que gran parte de la educación va a tener que darse fuera de ella. Por eso quiero un lugar heterogéneo para que pueda desenvolverse en una sociedad que no es tan pura y prístina como la que ofrecen algunos centros educativos.

      Por cierto, ni el BUP era maravilloso (por mucho que no chitara nadie en las aulas) ni lo de ahora es tan lamentable como algunos se piensan 🙂

  2. prefiero no comentar lo que me produjo ayer …. lo cosilla de estos #SalvaPatrARIAS maeztro !! … le dejo un poemilla titulado «Educar» , por si sirve … :

    Soñar que cuando un día
    esté durmiendo nuestra propia barca,
    en barcos nuevos seguirá
    nuestra bandera
    enarbolada.

    Gabriel Celaya

  3. El comentario anterior era para Jose Luís González.

    Jordi, a mí también me irritan los «magos» que sin pringarse en el aula vienen con soluciones mágicas que siempre pasan por que les den un carguito ministerial o les compren su libro. Correcto.

    Pero para ser constructivo quiero incidir en una contradicción aparente:

    Reconoces que los problemas educativos son complejos: «El sistema educativo tiene muchos problemas. Problemas que, por mucho que algunos se empeñen, son más globales y exógenos de lo que se piensan. Los problemas educativos están muy relacionados con los problemas sociales»

    pero sin embargo sigues apostando por soluciones estandarizadas: «A mí también me gustaría tener una varita mágica para que, en un período relativamente corto, nuestro sistema educativo pasara de lo de ahora (que, tampoco es tan malo como pintan algunos -ni lo era antes ni lo es ahora-) a un idealismo utópico. No la tengo. No sé dónde encontrarla.»

    Jordi, por qué no dejamos de pensar en soluciones globales en la búsqueda de un sistema apto para todos y reconocemos abiertamente la diversidad renunciando a la quimérica «igualdad de oportunidades» que no es más que una derivada del igualitarismo totalitario. Si dejamos a las personas escoger en libertad tienden a agruparse en función de intereses compartidos. ¿Qué tiene de malo la libertad? ¿Por qué creemos que lo mejor para uno lo ha de decidir otro? ¿Qué igualdad se pretende conseguir desde la desigualdad que supone que unos supuestos «expertos» decidan por otros supuestos «ignorantes»?

    1. No creo que apueste por «soluciones estandarizadas» porque, precisamente una de las críticas a los planteamientos de Marina es la necesidad de adaptarse a la heterogeneidad de nuestro alumnado. Busco varita porque no existe. Las varitas sólo aparecen en determinados cuentos (y, por desgracia, cada vez en menos).

      Tampoco renuncio a la diversidad ni a la ¿quimérica? igualdad de oportunidades. Ya sé que hoy en día no hay la igualdad real pero, ¿renunciar a ella? ¿Vamos a renunciar a algo porque no exista? Lo siento, yo no renuncio a que todos mis alumnos, con independencia de las situaciones en las que vivan (o sobrevivan) puedan llegar a ser lo que ellos quieran. No creo que sea cuestión de «expertos», creo más bien que es una cuestión global donde debe atenderse a muchas opiniones y, dentro de las limitaciones asamblearias, hacerlo lo mejor posible. Porque esa, al final, es la idea de fondo.

      Por cierto, yo no soy ignorante (no creo que nadie lo sea de forma global) pero jamás decidiré sobre cómo quiero que un cardiólogo haga un bypass. Reconozco mi ignorancia sobre el tema.

      Un saludo y gracias por comentar.

      1. el cardiólogo te da su opinión, si no te convence, buscas otro, y al final tú decides lo que hacer con tu cuerpo.

        Me parece que no todos quieren ser iguales a los demás. Igualar solo se puede por la fuerza y a la baja, para que nadie destaque. Además, nadie es mejor por destacar en algo, qué más da?

  4. Hola a todos! Efectivamente, el mundo escolar va a cambiar en muy poco tiempo. La tecnología se va a expandir muy velozmente y va a haber una evolución (y revolución!) hacia nuevas formas de enseñar y aprender. Me preocupa mucho este tema en relación a los alumnos llamados de «diversidad». Hasta el momento he trabajado unos 15 años en institutos públicos, la gran mayoría de ellos de máxima dificultad. También opino como vosotros (desde hace muuucho tiempoooo) que las decisiones importantes no las toman quienes entran en las aulas. Si tengo la oportunidad, haré lo posible por dejar mi impronta en el sistema educativo. En el 2016, como así espero que sea, seré directora de e-learning y, la verdad, ya he aprendido muchas más cosas antes! Algo bueno aportaré, digo yo! Saludos

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