Obsesión por el control

El docente medio está obsesionado por el control del aula. Es fácil comprobar que, si uno pisa las salas de profesores, son muchos los que se quejan del descontrol del aula, de la imposibilidad de mantener silencio, de lo bien vistos que están aquellos docentes en cuyas clases se puede oír el aletear de una única mosca.

Fuente: http://www.publico.es
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Controlar el aula y, como no, al alumnado en su vertiente más humana, es el leitmotiv de gran parte de los docentes de nuestro país. Docentes cuyas aulas desean que sean lo más «controladas» posibles. Docentes a los que les gustaría tratar con alumnos perfectamente situados en pupitres totalmente paralelos y que no chitaran más allá de cuando se les pregunte. Docentes a los que les gustaría tener autómatas. Docentes que añoran modelos de fusta y látigo en su vertiente más disciplinaria.

Resulta curioso que también el control se traslade a la forma de evaluar a los alumnos. Evaluaciones que, como más «objetivas» sean, más supuesto control permiten al docente de la situación. Evaluaciones, libros y, como no, entornos virtuales de trabajo que permiten llevar un control, aún más exhaustivo si cabe, de una evolución del aprendizaje de los chavales que se encargan en cuantificar de cero a diez. Qué obsesión. Qué ganas de tener milimetrado el nueve coma noventa y nueve. Qué satisfacción poder cuantificar con más o menos cero coma veinticinco alguna de las cuestiones que los alumnos responden de forma cada vez más automatizada.

¿Por qué la mayoría de docentes que usan las nuevas tecnologías optan últimamente por la realización de exámenes tipo test? Porque los mismos le permiten controlar al milímetro la nota que va a aparecer en los expedientes de los alumnos. Exámenes tipo test que justifican como los más objetivos. Exámenes tipo test que son los que desprenden mayor «control» del aprendizaje. Exámenes, cuya posibilidad de equivocarse en la corrección es mínima. Es muy cómodo para los docentes usar pruebas de evaluación imposibles de cuestionar. Qué bonito dar cuatro respuestas sabiendo que una es la correcta. Qué bonito es que el ordenador me pueda dar el resultado automáticamente. Qué cantidad de problemas evitamos con esas pruebas tan «objetivas».

Los timbres, los silencios, los deberes, el uso de Moodle, el uso de libro de texto, etc. son sólo modelos de enseñanza en los que prima el control por delante del aprendizaje. Control que enmascara la inseguridad profesional de muchos. Control que, no por su existencia, no es demasiado positivo para el objetivo final de cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje. Una metodología de control muy cómoda pero demasiado sesgada. Una metodología que se vende como sanctasanctórum del buen profesional que lo único que hace es pervertir la función docente para reconvertirla en la búsqueda de la comodidad para el docente. Qué tener unas clases dispersas es mucho más incómodo. Qué una clase incómoda es mucho más difícil de gestionar.

Es relativamente fácil implementar una profesionalidad basada en el control. Lo realmente complicado es lidiar con la libertad que debe darse a los alumnos (reconozco que es complejo establecer el límite entre libertad y libertinaje), establecer mecanismos para evaluar donde lo que prime sea la evaluación del aprendizaje por adaptación y personalización del mismo y, como no, tener la posibilidad de dejar al margen el temario para no desligar el contexto que nos rodea. Lo anterior es realmente complejo. No es cuestión de hablar de zonas de confort. Es cuestión de cambiar modelos educativos. Y, lamentablemente, el modelo educativo del control exhaustivo del aula es el que sigue teniendo más adeptos entre docentes, administración y, como no, padres.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

13 Comments
  1. Tienes toda la razón. Vaya por delante.
    En mi caso ese control es solo una apariencia del caos real. Un caos en el que me siento a gusto, aunque me estresa la linea libre albedrío y desmadre que comentas. Me estresa pero vivo en ella constantemente.

    Ya he comentado otras veces que me gusta moodle, por eso, porque me resitua, pero solo por eso. Lo de los cuestionarios, que los hago, pienso que sirven para quitar importancia al examen. El curso pasado, los alumnos de tercero habían trabajado previamente el cuestionario que después se convertiría en examen, y el examen solo valía el 50% de la calificación. Pero, es que, al final hay que poner algo.
    Es posible que me equivoque, pero lo veo del revés. Aunque sí reconozco la situación de control a la que te refieres, más veces de la que me gustaría ver por ahí. Y básicamente sin TIC, o como mucho con la aplicación de enviar SMS a los padres diciendo que a su hijo le han puesto un parte.
    Saludos

    1. El caos, Pedro, es lo inherente a nuestra profesión. Entrar en un aula heterogénea hace imposible depender de la planificación y temporización más allá que uno quiera, a toda costa, cumplirlo a rajatabla. A mí no me estresa la situación, me da vidilla 🙂

      Moodle es lo que es y sirve para lo que sirve. Sólo un mecanismo más de control de una situación incontrolable. No discutiré nunca sus bondades técnicas y la comunidad que hay tras su desarrollo, pero lo que sí que puedo cuestionar es para qué y la necesidad de abrir ese aprendizaje tan cerrado y controlado al albur de las situaciones ocasionales. Eso sí, antes Moodle que el SMS del parte.

      Un saludo y muchas gracias por contar la experiencia y las sensaciones.

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