Obsolescencia programada

No sé si os pasa a vosotros pero desde hace años cuando llego de vacaciones, con la alegría que conlleva el fin de estas, me encuentro que más de una vez, o la televisión, o el refrigerador, o el microondas , o tres bombillas … sin motivo aparente y sin haber hecho un mal uso, dejan de funcionar, mueren, se quedan inservibles y toca restituirlos por otros de nuevos.

Fuente: ShutterStock
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Parace ser pero, que  este fenómeno no tiene nada de paranormal, ni todos los astros se han puesto de acuerdo para tocarme las narices. Según los expertos en la materia, esto recibe el nombre de obsolescencia programada. Según nuestra querida wikipedia (fuente de mucha búsqueda de información y sabiduría). La obsolescencia programada es la planificación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se vuelva obsoleto o inservible al cabo de un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño del producto o servicio. Se utiliza en productos muy variados y para la industria, estimula positivamente la demanda en animar a los consumidores a comprar de forma  acelerada nuevos productos. O sea que todos los productos tienen una fecha de caducidad aunque los trates con cuidado o incluso no los uses, vamos como los yogures      No me he vuelto loco, no he convertido este artículo en un espacio de ayuda al consumidor, ¿o si?

¿Los maestros también formamos parte de este fenómeno? ¿Nos podemos comparar con pequeños electrodomésticos? Si nos fijamos durante cuatro años (tres antes y dentro de poco ya veremos cuantos) nos han programado para que tengamos los conocimientos adecuados para poder formar a niños y niñas (bueno, al menos para que tengamos la titulación, otra cosa sería debatir si nos forman bien y con las herramientas adecuadas, pero eso es otra historia). Después de cuatro años empezamos la vida útil de nuestra formación recibida. ¿Pero tenemos una fecha de caducidad? ¿No será que al cabo de unos años 5, 10, 20 … esta formación recibida caduca? ¿No será que ya nos tenemos que retirar porque no funcionamos? ¿Puede que nuestra motivación se apague? ¿Puede que nuestra paciencia tenga un límite?¿ Puede que todo nuestro software ya sea tan obsoleto que no sirva para nada?

Si nos atenemos a las estadísticas, a los datos, a las pruebas Pisa  o a las de competencias, estaremos de acuerdo en que muchas cosas fallan en nuestro sistema educativo, así pues, no es tan descabellado pensar que somos los propios maestros y educadores una de las causas más importantes de este descalabro educativo, habría pues deducir que los maestros tenemos una fecha de caducidad y que la fecha de jubilación no es la que la marca. ¿Qué podemos hacer para no ser neveras que acaben en el punto de reciclaje? ¿Qué podemos hacer para no caer en esta jubilación forzada antes de tiempo?

Es muy importante pensar en las posibles soluciones a este “problema funcional”. ¿Quizás entre todos poner una fecha más real? Cinco años? ¿Quizás hacer tests de funcionalidad cada año, y descartar aquellos que ya no “funcionan”? …

Creo que es más sensato buscar soluciones y encontrar el ingenio necesario para seguir funcionando como el primer día o si puede ser mejor que éste. ¿Cómo? En primer lugar hacer una programación seria y responsable de la formación permanente de los maestros. Que esta sea hecha por la propia administración. Estructurarla, hacer un seguimiento, no dejar, como hasta ahora, que sean en muchos casos los propios maestros que decidan qué formación hacer, que esta formación no nazca de los propios intereses del momento, sino sea la respuesta a una demanda educativa creciente No podemos como hasta ahora incluir metodologías nuevas en los centros o herramientas tecnológicas sin antes hacer una formación bien hecho a los responsables de utilizarlas o aplicarlas. No podemos dejar que sea la coherencia, la responsabilidad, la seriedad de muchos maestros la única manera de que la formación pueda entrar en la escuela. Y en segundo lugar reivindicar la figura del maestro socialmente: Darle la importancia que se merece, ser conscientes de que la educación es cosa de todos y que los maestros son una de las claves para un futuro mejor, la autoestima y la motivación de cualquier profesional, cuanta más alta está mejor rendimiento da en su trabajo. Y a medida que pasan los años aún más. Personalmente pienso que estos son los dos caminos más importantes para no estropearnos, para no caer en el abatimiento, para hacer que nuestro trabajo tenga no sólo una duración en el tiempo más larga sino también más efectiva y de calidad.

No quiero terminar esta humilde reflexión sin citar otro tipo de obsolescencia: la que vuelve obsoleto a un bien de consumo porque ha dejado de estar de moda. Algunos ejemplos serían los monitores de pantalla plana que reemplazan a los  que aún  funcionan (o bien a los receptores de televisión), o bien los colores, formas y materiales de la ropa que hablan sobre la temporada en que fueron adquiridos. En el mundo educativo podríamos hablar y tendríamos muchos ejemplos, podríamos nombrar  metodologías que parecían que tenían que arreglar todos los problemas de  la motivación de los alumnos. Podríamos  citar a todas aquellas herramientas (sobre todo últimamente tecnológicas) que todo el mundo a toda prisa compró y han acabado llenas de polvo …

Pienso que no es cuestión de modas, sino cuestión de formación…

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Joan Moya

Profesor de primaria de la concertada, en una escuela muy pequeña de Barcelona. Me defino intentando mantener un orden de prioridades: como persona o ser humano, padre, hijo, profesor, deportista jubilado y entrenador de fútbol sala. Uno no puede enseñar si no está día a día aprendiendo.

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