Papá Noel NO existe

En un país donde más de un tercio de sus alumnos estudian en centros concertados (de gestión privada subvencionada con dinero público) o privados no tiene sentido hablar de que son una minoría los que optan a ese tipo de centros. Uno de cada tres padres con hijos en edad escolar eligen alejarse de la red pública para estudiar en centros educativos. Por tanto, con los datos en la mano, dos millones y medio de alumnos (léase cinco millones de votantes por extrapolar ese valor a sus padres), eligen centros de gestión privada para realizar su aprendizaje.

Hay dos motivos básicos para dicha elección: la cercanía a su domicilio (no olvidemos que los centros concertados y privados se montan en lugares donde hay una gran masa de población) y la inexistencia de padres de clase social baja en los mismos (las cuotas «voluntarias» en los concertados y los precios de la privada hacen ese filtro). O sea que la escuela privada existe por oferta geográfica y filtros clasistas (por mucho que haya contadas excepciones que siempre nos recuerdan algunos defensores de ese modelo).

Mantener un modelo donde exista un tercer modelo (centros concertados) es pervertir la idea de servicio público. Un servicio público, por cierto, que cada vez también pervierten más los propios docentes de la pública y los políticos que la gestionan mediante actuaciones que tienen muy poco de defensa de lo anterior, entre las que se destacarían las siguientes:

  • Padres, docentes de la pública, que envían a sus hijos a la concertada. Una situación, por cierto, cada vez más habitual (especialmente en localidades donde exista esa opción). Incluso puedo contar la anécdota (que deja de serlo por su cuotidianidad) de una directora de un centro público que enviaba a sus hijos a la concertada. Eso sí, después esos mismos que lo hacen enfundados en sus casacas verdes.
  • Políticos que gestionan la Educación apostando descaradamente por la concertada y privada. Salvo honrosas excepciones, la mayoría de políticos que gestionan el ámbito educativo han estudiado o llevan a sus hijos a centros concertados o privados. Algo que también hace ese nuevo Jefe de Estado que hemos cambiado hace poco.
  • Docentes de la pública (funcionarios) que eligen una mutua privada para su asistencia sanitaria. Y no son pocos, según los datos de MUFACE más de un 80%.
  • Docentes de la pública que pervierten los criterios de mérito para, mediante el dedo del director de turno (en las Comunidades en que lo anterior está avalado) estar cerca de su casa. En Cataluña en estas últimas adjudicaciones, más del 90% de las plazas adjudicadas se han dado a dedo (solicitadas por los docentes y ratificadas por los directores de los centros educativos)., etc.

Por tanto, se hace muy difícil hablar de Educación pública de calidad cuando ni los propios trabajadores de la misma creen en ella. Lo público se ha pervertido hasta ser considerado un tema puramente asistencial. Lo asistencial, por bueno que sea, sólo cubre un objetivo… el paliar problemas puntuales.

Los servicios públicos en un país donde lo que prima es el arribismo, el poder pagar en negro, la política de arruinar al de al lado para poder enriquecerse, el odio a aquellos que destacan, el racismo (más bien clasismo) nada encubierto, la telebasura, el dar dinero público a empresas privadas, la doblez e, incluso, el venderse por menos de un plato de lentejas es normal que estén cada vez más destrozados. Por tanto, al próximo que me hable de la calidad de la Educación pública me lo como con patatas. Eso sí, aceptaré como animal de compañía a pulpo, considerando al anterior como a aquellos docentes y familias que aún intentan salvar de la total destrucción a un sistema moribundo.

Cuando dentro de unos años no existan servicios públicos, se haya privatizado todo el sistema educativo y sea sólo gestionado por el ánimo de lucro que nadie se queje. Aún menos aquellos que, ya justos de presupuesto y por diferentes motivos, elijan optar por aquellas alternativas que van ahondando en dicha privatización nada encubierta.

La Educación pública existe aunque cada vez sea más marginal. La calidad se reduce a hacer lo posible con muchos enemigos dentro y gran profesionalidad de algunos. Pedir peras al olmo en la situación actual es harto difícil. Más aún cuando los bobos de siempre se dedican a seguir haciendo el bobo mirando a un corto plazo demasiado habitual. ¿Qué podemos esperar de un país donde el timo de las preferentes y la compra de viviendas de cientos de miles de euros y del coche era una práctica tan extendida y satisfactoria para los que lo hacían? Comprar duros a cuatro pesetas. Y aquí son muchos los que lo han comprado (y que siguen queriéndolo comprar).

papa_noel_ne
Fuente: http://www.nocturnar.com

Por mucho que nos empeñemos Papá Noel NO existe pero demasiados aún no saben leer…

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Comparto al 100% tu punto de vista. Sólo una apreciación personal. Soy trabajador en la escuela pública, creo que comprometido, funcionario, que lleva a su hijo a la pública pero… que voy al médico a la mutua. La razón es muy sencilla, he encontrado en la privada al médico que tantos años he estado buscando en la sanidad pública: alguien que te escucha, sin hacerte la pelota, con un enfoque positivo de las cosas, que se interesa cuando tienes un problema de salud y que te dé facilidades… Si lo he encontrado en la privada me da igual. Es decir, siempre que se den unos valores positivos detrás de las personas, creo que es igual que la gestión sea privada o pública. Ahora, como tú bien dices, si estamos en lo privado para segregar, jerarquizar, marcar diferencias, separar, es cuando ya es más complicado aceptarlo, que es justamente en la mayoría de casos de la enseñanza privada.

    1. El problema de las apreciaciones «personales» (que no por ello deja ser mera subjetividad o encontronazos positivos con quienes satisfacen nuestras necesidades) es que las mismas, en ocasiones, van en contra de cuestiones que deberían ser básicas. Que un funcionario público tenga el derecho a que con el dinero de todos le subvencionen una mutua es algo totalmente discutible y cuestionable. ¿Qué sentido tiene lo anterior? Más aún cuando se presupone que un servidor público está ofreciendo un servicio impecable.

      El argumento que usas para defender la elección de una mutua sanitaria y no ir a la sanidad pública (donde, te aseguro, que hay excelentes profesionales -lo digo por experiencia y conociendo la asistencia en la vertiente pública y privada-) es el mismo que se puede ofrecer para ir a los centros concertados… «es que en los mismos he encontrado a aquellos profesionales que me atienden en todo momento y saben llevar a mis hijos». El problema de lo anterior es la manipulación del discurso… ¿realmente en los centros públicos no se da lo anterior? Y si es así… ¿qué sentido tiene que exista una Educación y una Sanidad pública? Ya has visto que da una pauta para seguir ahondando en la privatización.

      No discuto la existencia de lo privado ni de la liberalización de actividades económicas (me generan dudas los servicios primarios pero tampoco voy a discutirlo). Lo que sí me parece injusto para la sociedad y muy poco positivo para aquellos que defendemos unos servicios públicos de calidad es permitir que se subvenciones servicios privados de algunos (y en este caso la subvención del funcionario que escoge una mutua en lugar de la Seguridad Social y de un padre que elige un centro concertado es igual de cuestionable). Quizás sea de los pocos que preferiría, en caso de necesitarlo (y como usuario de la Sanidad pública no lo necesito), pagar de mi bolsillo una asistencia privada. Lo que no haría jamás es permitir que el contribuyente con sus impuestos saneara las cuentas de empresas privadas para que me pudieran atender. Mis creencias valen más los treinta euros mensuales que me costaría lo anterior.

      Eso sí, cada uno es libre para elegir. Una elección muy fácil porque en caso que no funcione la mutua elegida por el funcionario hasta ahora se deriva a la Seguridad Social por si el asunto se complica… algo que creo no debería permitirse.

      Ya ves que discrepo con esa elección. Algo que considero, por muy asumido que tengamos el discurso, igual de nefasto que la existencia de centros concertados o de saneamiento con dinero público de determinadas entidades bancarias.

      Un saludo y gracias por el comentario.

      1. El hecho de que los funcionarios tengamos el privilegio de la mutua, obedece a temas históricos y económicos: en su momento se quiso compensar, no con aumentos de salario, sino con otros elementos «en especie» como puede ser la mutua o el trabajo para siempre. Creo que a nivel individual uno siempre aprovecha las oportunidades que tiene a su alcance, y si la gente cree que la mutua mejora sus condiciones de vida y lo puede elegir, no creo que se entre en ninguna contradicción. Ahora, otro debate es si tenemos que disfrutar de una subvención médica los funcionarios, pues eso se tendrá que dirimir en un plano colectivo de derechos y obligaciones. Pero el uso que haga alguien que tiene derecho a ello, es algo personal.y no creo que sea moralmente reprobable.
        Creo que, con todos los respetos, caes en un esencialismo y/o puritanismo de tus argumentos. Es decir, que levante la mano el primero que en su plano vital no tenga contradicciones. Creo que hasta cierto punto, son inherentes a nuestra condición de vida.
        Yo estoy de acuerdo contigo que tenemos que aspirar a tener unos servicios públicos fuertes, primordiales, que vertebren nuestra sociedad. Pero no podemos negar el mercado. Existe, es una realidad. Lo que tenemos que hacer es limitarlo, poner coto a su voracidad, no negarlo o reducirlo a la mínima expresión.
        Entonces, en nuestra vida hay varios planos que guían nuestra acción y que definen nuestro marco doctrinal, por decirlo de alguna manera. Uno es el ideológico o político, el cual tú le das una preeminencia absoluta y casi única: no puedo salir de este marco para ser absolutamente coherente.
        En mi caso, por ejemplo, el de la elección del médico de la mutua, influye un tema emocional de empatía con el médico. Pero también hay otro plano, que es el de mi pareja, que puede tener en este aspecto ideas diferentes y con la cual yo tengo que llegar a un acuerdo. También hay otro plano, que para mí es importante, el filosófico. No me ha sido posible encontrar un médico con una filosofía así en la pública (en la cual, estoy convencidísimo que hay muy buenos profesionales, por supuesto).
        ¿Qué pasa, que para ser absolutamente coherente en el plano político, no puedo salirme del marco y rechazar el resto de planos? Como siempre, creo que la virtud está en el equilibrio.
        Ya para acabar, creo que al funcionario lo que hay que pedirle realmente es que tenga vocación de servicio público, que sepa que ocupa un puesto con el cual no va enriquecerse pero va a tener una vida digna y que es un pilar fundamental para articular y estructurar nuestra sociedad.

        Saludos.

        1. Conozco el motivo por el que surgió MUFACE. Algo que se complementaba, en su momento, con matrículas gratuitas para funcionarios docentes y sus hijos en las Universidades públicas (algo que, en el caso de los propios docentes, ha sido un sinsentido que hayan quitado –porque quitar la subvención a la formación que implicaría mejora en el aula no tiene razón de ser-). El problema es que muchos funcionarios han comprado esas mutuas. Algo que impide ver algo bastante más serio que lo anterior… al no estar en la Seguridad Social todos nos vemos obligados a pagar un 30% de las recetas una vez jubilados (algo que no pasa con el resto de trabajadores). Una de cal y otra de arena. Yo prefiero tener los mismos privilegios que el resto de trabajadores porque me considero un trabajador más (no un ente superior –aunque reconozco que la condición de funcionario para los servidores públicos se hace imprescindible para la independencia del gobierno de turno-).

          La elección es personal y cada uno tiene derecho a asumir las consecuencias de esas decisiones que toma libremente. Jamás me meteré en lo que hace un compañero en este sentido pero sí que puedo criticarlo o, como mínimo, cuestionarlo. Me parece mal (y creo que ya lo he dicho en varias ocasiones). Esa es una diferencia importante respecto a los que escogemos la Seguridad Social… que la única crítica que nos llega de nuestros compañeros es que no vamos a tener cama individual y una lista de espera enorme. Que somos gilipollas. Pues bien, yo soy conscientemente y por coherencia personal uno de esos gilipollas. Un gilipollas que gracias a estar en la Seguridad Social sigo en pie (es lo que tiene tener una enfermedad grave). No soy puritano, soy realista. Y si algún día la Seguridad Social decide no atender a los que eligen la mutua y se les complica alguna situación médica… ¿qué va a pasar? Ya no sería todo tan bonito pero elegir una mutua cuando sabes que si hay algo grave te van a derivar a la Seguridad Social es jugar con cartas marcadas (o ganas o ganas) y eso no puede ser.

          No estoy en contra de tu elección. Cuestiono el por qué un servidor público debe acudir a un servicio privado subvencionado por todos. La sociedad no lo entiende y es lógico. Yo que soy funcionario docente y tengo esa oportunidad tampoco lo entiendo.

          Y sí tienes razón… un servidor público se guía por sus actuaciones en su trabajo pero, en este caso, también debe ser motivo de ejemplo. Y mucho ejemplo no da un funcionario que con el dinero de todos se escapa de la Seguridad Social para irse a ADESLAS, ASISA o DKV (entre otras entidades concertadas).

          Es sano discrepar en este tema. Un tema más ideológico y de creencias en lo que debería ser un servidor público que objetivo. Ahí, quizás, radica esa discrepancia.

          Un saludo.

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