… pero los Reyes Magos me han traído toneladas de buen humor

Resulta muy divertido entrar en Twitter y observar cómo hay personajes que, dentro de sus escasísimas capacidades intelectuales, intentan lanzarse a degüello contra quienes piensan diferentes de ellos. También es, entre cachondo y muy cachondo, ver cómo algunos después de cagarla intentan darle la vuelta al asunto para intentar disimular su meada fuera del tiesto. Entre eso, los de la tierra plana y los coachers, estar en Twitter te ahorra, en ocasiones, la bebida del bar. Bueno, incluso que no la ahorre, te permite tener buen humor de forma continua. Ególatras, fracasados y sebosos malolientes a partes iguales. Eso sí, todos muy participativos en un circo producto de la inmediatez o empujados a decir chorradas por parte de sus palmeros. Esto es un no parar. No se aprende tanto como antes pero, seamos sinceros, ¿a quién le amarga un dulce pasarse por las redes y leer, en caso de mi red favorita, algunos tuits tronchantes? ¿Dónde podríamos leer sobre MOOCs, ver tipejos totalmente faltos de ética que intentan, de forma más o menos chapucera, intentar el «y tú más»? Hasta algunos se dedican a hacer dibujitos con sentido pedagógico. O sea, los dibujos que hacíamos los que nos sentábamos al fondo de la clase mezclándolo con los esquemas de toda la vida. Con nombre más molón, al igual que la mayoría de metodologías que nos están vendiendo. Cómo no imbuirse del ambiente. Cómo dejar de oler a comedia chusca. No hay Eugenio que lo supere. Saben aquel que diu…

Fuente: https://hipertextual.com

También se ha de disfrutar con aquellos que, sin argumentos y con pocas neuronas en funcionamiento, meten la pata a cada tuit. Estas últimas semanas estoy de tipos y tipas, normalmente tan valientes que tuitean desde el anonimato, que hablan de los beneficios que gano con el blog o con el libro que he publicado hace poco, de la necesidad de manicomio e, incluso, de perversión en mis artículos. Buscan hasta la más mínima coma para cuestionar las cosas. Debate serio y productivo con ellos ni uno. Bueno, tampoco es que su intelecto se lo permita. Lástima que algunos estén en el aula. Bueno, en la viña del unicornio fucsia, hay de todo. Esto no sería tan divertido ni marchoso sin ellos. Y a mí me va la marcha. No son trolls, son minions siguiendo a su secta. Las sectas no dependen de los títulos que uno atesore. Las sectas dependen de otras cosas. Habiendo médicos que defienden la homeopatía, no creo que a nadie pueda extrañar que haya también docentes defensores del pensamiento mágico. Leer y opinar es sano. Además, creerse al mismo nivel que alguien que lee o que las chuminadas de uno son más válidas que lo que dice la realidad a algunos les va. Es el festival del humor.

Esto de Twitter y del blog no tendría sentido sin haters o trolls. Además, uno debe darles de comer no sea que desaparezcan. Lo que uno se ríe al leer determinadas cosas. Más aún al ver cómo algunos defienden lo indefendible. Eso sí, desde el momento en que un neurocirujano, con su doble carrera de medicina y psicología, se ningunea por parte de uno que vende neurochorradas o, alguien se atreve a decir a un astronauta que ha viajado por el espacio, que la tierra es plana… el despiporre. Algo que no sería posible sin Twitter. Algo que debe contarse en más de 280 caracteres. Por eso el blog permite dotar de esa enjundia a determinadas argumentaciones. Ya no son las fotos de gatitos, ni los vídeos del chino cudeiro o, llevándolo a cosas más cercanas, las películas de Pajares y Esteso. Ahora, donde uno se lo pasa muy bien, es desde su dispositivo móvil leyendo ciertas cosas y viendo como cada uno de sus escritos generan respuestas muy surrealistas. Mola.

Es un buen momento para cerrar el blog y largarse de Twitter por una temporada… pero los Reyes Magos me han traído toneladas de buen humor.

Los trolls son una minoría muy ruidosa. En el fondo esos animalitos, ¿no os dan un poco de lastimica? A mí, debo reconoceros que un poco.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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