Pero, ¡qué sabré yo del tema!

Hace unos días, alguien, a quien quiero muchísimo, me enseñó un trabajo que había mandado a un curso online que está realizando. Un trabajo, calificado a los pocos minutos de ser enviado por parte de su tutor, como un «vale, está aceptable». Decepción absoluta ante tal contestación y las similares en otras actividades que, curiosamente, llevaron a la búsqueda de información profesional del tutor de dicho curso. Sorpresa, el tutor de un curso acerca de temas de la Guerra Civil dirigido a licenciados en Geografía e Historia, profesorado de Secundaria en activo, en muchos casos expertos del tema, lo tutorizaba un maestro de Primaria. Y no, que nadie me malinterprete. Al igual que yo soy incapaz de tutorizar un curso sobre la aplicación de una determinada metodología o estrategias de trabajo a maestros, tampoco lo sería para decir a un compañero de Educación Física o Música de Secundaria, cómo puede diseñar actividades de sus especialidades. No soy experto en el tema y, sinceramente, me sorprende ver como personajes, sin ninguna base ni experiencia, pueden tan alegremente decir a alguien que sabe muchísimo más que ellos que un trabajo está bien o mal. Además de una disciplina que, más allá de los documentales que hayan podido ver en su canal favorito o unas búsquedas rápidas en Google (o, en algunos casos autoformación muy sesgada), no tiene ni pajolera idea.

Fuente: ShutterStock

Ya si eso entramos en los que dan cursos de psicología a psicólogos sin serlo. En los que dan cursos de neurocosas sin tener formación en ese ámbito o, simplemente, aquellos que acaban de entrar en la docencia y ya se creen capaces de enseñar metodologías a sus compañeros. Algunos, por desgracia, ni con más de veinte años en la espalda tenemos tantas certezas como algunos que acaban de entrar. Un mínimo de coherencia y de pisar el aula sería imprescindible para formar en ciertas cosas. Incorporando, claro está, el bagaje formativo que uno tenga porque, ¿os imagináis que los cirujanos fueran a cursos de su especialidad impartidos por reponedores del Mercadona? Y todo mi respeto a los reponedores del Mercadona porque, tampoco veo a un cirujano dando formación a esos reponedores acerca de su trabajo. Hay cosas que caen por su propio peso.

Lo anterior me lleva a pensar acerca de la formación que se da a los futuros maestros, en las Facultades de Magisterio, por parte de docentes que jamás han pisado en su vida profesional un aula de Infantil y/o de Primaria. Ya si eso entramos en el mínimo porcentaje de investigadores que, quizás, no hayan necesitado ese pisar como maestros pero ¡qué más del ochenta por ciento de profesores de Magisterio jamás hayan dado clase en las etapas para las cuales forman a futuros profesionales da qué pensar! Con lo fácil que sería establecer un requisito de, por ejemplo quince años de docencia como maestro antes de poder promocionar (sí, la promoción vertical siempre me ha gustado en mi profesión) a la docencia universitaria. Ya, entiendo que eso no interesa por motivos sobradamente conocidos pero… El argumento anterior también me vale para la docencia de futuros docentes de Secundaria con el máster. En ese caso, por desgracia, con porcentajes similares de quienes no han pisado un aula de Secundaria salvo cuando fueron alumnos e iban a BUP o FP.

Antes creo que también he mencionado a aquellos que acaban de entrar en el aula y ya se consideran expertos en todo. Es que es ver los perfiles de los «innovadores» y ver que la mayoría aún están cambiando la voz en sentido metafórico. Si a mí se me hubiera ocurrido alardear de mi gran capacidad como docente y conocer qué hacer en el aula cuando me sentaba con mis padres, ellos acumulando más de treinta años de profesión cuando empecé a rodar en la misma, prefiero no pensar qué hubieran pensado de mí. Y con razón. La experiencia, por mucho que a algunos les pese, es un grado. Tanto en docencia como en cualquier otra profesión. Uno pasa por recluta antes de llegar a sargento. Y por sargento antes de llegar a coronel. Algunos se quedan en sargentos, por incapacidad de promoción, pero deben hacer algo de formación militar para llegar a eso. Uso el símil militar, que tan poco me gusta pero es el que mejor se entiende. No sé si me explico.

Pero, tal y como os digo en el título del post, ¡qué sabré yo del tema! Soy un simple docente de aula, con más de veinte años en ella y actualmente en barbecho. Eso sí, dejadme que reflexione acerca de ciertas cosas en voz alta. Además, no obligo a nadie a que se pase por aquí y me lea 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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