Personas con las que no se puede debatir

El otro día, en uno de los posts que publiqué, recibí un comentario en una de las redes sociales que solo uso para publicarlos (sí, no puedo con Facebook y eso que le he dado más de una oportunidad) en el que alguien me criticaba el mismo con las siguientes frases cortas: «Ni me he molestado en leerlo. Con el título y la foto basta». Ello me ha llevado a pensar que hay unas características de la persona que se halla al otro lado que, al final, impide cualquier tipo de debate. Y en este post voy a intentar exponer esas características.

Fuente: Chuck Ingwersen

No se puede debatir con un fanático. Ni se puede, ni se debe. Argumentar contra uno que cree que en que a los niños se les enseña zoofilia, técnicas de masturbación o, simplemente, hacer fetichismo con los pies, hace que dicho debate sea imposible. En este caso estaríamos hablando de alguien con trastornos psicológicos. Añado en el combo la imposibilidad de debatir con un trastornado.

Tampoco se puede debatir con alguien que, a la primera de cambio, si por ejemplo estás hablando de horchata, te pasa el debate a la necesidad de hablar acerca de Venezuela, Trump o el independentismo catalán. No se puede debatir con quienes, para evitar el debate sobre algo, cambian el objeto acerca del cual se está debatiendo.

El debate entre el nivel bar y el nivel académico tampoco es factible. Eso de intentar debatir un experto en alguna temática con el que pone al mismo nivel lo que le ha dicho el vecino del quinto que, por lo visto, le contó el amante de la estanquera del barrio de Lavapiés, no puede darse. Es darse golpes con la cabeza contra la pared. Y la pared no se merece eso.

Tampoco puede efectuarse un debate en condiciones con ideólogos o creyentes sin fisuras en algo. No hay ningún argumento, metodología, interpretación que no pueda estar sometido a ciertas fisuras. El pensamiento monolítico es muy poco dado al debate.

A otro nivel están los que no debaten y, simplemente, vociferan. No por chillar más uno tiene más razón y, por ello, un debate con vociferadores, gritones y creyentes de la conversión del debate en una necesidad de gritar más que el otro, tampoco tiene ningún futuro.

El debate también se hace complicado con quienes tienen interés, tanto económico como personal, en que sus ideas se validen por terceros. Saben que, en muchas ocasiones, no lo son pero, por los motivos anteriores, necesitan hacer creer (al menos, fuera de la charla a dos) que defienden ciertas cosas. Además, en este caso, atacan fieramente, en ocasiones, a todos aquellos que les cuestionan sus chiringuitos y decisiones. Mucha más violencia verbal porque saben que no tienen razón y que, al final, están usando argumentos muy interesados.

Finalmente, incorporaría a la imposibilidad de debatir con alguien que lleva siempre cualquier debate al terreno personal. O que, simplemente, ya cuestiona algo porque lo dice esa persona «a la cual odia a muerte porque, en su triste vida necesita odiar a alguien». Esos son peligrosos si tienes que pasar por un paso zebra y, en ese momento, salen a lavar el coche. Bueno, siempre y cuando vivan cerca de ti, claro está 😉

Entiendo que gracias a las redes sociales, un docente como yo pueda debatir con un experto en mantenimiento de aviones comerciales pero, otra cuestión es pretender tener más razón sobre aviones que esa persona. Es que, por lo visto, desde la irrupción de las redes sociales, todos se convierten automáticamente en expertos de algo que, como mucho, han visto en alguna serie de la televisión. Y eso, al final, hace que muchos debates deban ser evitados. Ya sabemos que dar consejos acerca del matrimonio desde el supuesto celibato mola pero, por desgracia, al final no deja de ser la simple opinión de uno que le da al vino de misa. O al mosto porque, al igual que en cualquier otra profesión, hay de todo en todas partes.

Hay personas con las que no se puede debatir. Otra cuestión es que, en algún momento, a uno le apetezca darles el gusto de hacerlo. Por cierto, a ver si hoy me monto un debate guay en Twitter con un neurocirujano. Tengo ganas de espetarle que, la culpa de que se produzcan ictus es el color de la ropa interior. Y además, seguro que me puedo sacar alguna estadística de la manga porque, como todos saben, hay verdades, mentiras y estadísticas.

Debatir acerca de horchata o paella, con quienes comparan la de Alboraya con la del Mercadona o, me sacan un arroz con cosas para compararlo con la paella que me enjareto casi cada domingo, es algo que no merece ni tan solo ser respondido. Ahí ya no puede haber ningún tipo de debate. Disfrutad del domingo.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

12 Comments
  1. Tengo que admitir que hasta ahora es el de los mejores post que has publicado. Aquí si llevas la razón, sin duda alguna, en el que publicaste respecto a la universidad Viu no tenías ni un miligramo de razón lo mires por donde lo mires.

  2. Y que sucede cunado el «experto» se corrompe y usa el debate para vender una mentira? Volvemos a las figuras de fé. Y si algo es una fuente de verdad, puede usarse como fuente de mentira. Y el poder se sustenta en la mentira, y conlleva poder gestionar muchos recursos, con los que corromper más expertos… hasta crear «cultura».

    La estadística es un ejemplo cojonudo. Hoy en día se habla de «los datos».. «los fríos datos».. cuando los datos son tremendamente subjetivos.. sin ni siquiera haber sido manipulados. Pero los «datos» son fuentes de verdad… y objeto de corrupción.

    Por eso no «poder mandar a la mierda a un experto» no es una buena regla de debate. Es volver a la figura del cura, al cual no se le podía rebatir.

  3. A mí por ejemplo, los terraplanistan me fascinan.

    Le preguntas por como son el resto de planetas. Y te dicen q sí, q todos esfericos.
    La Tierra? No, no, la Tierra es plana.

    Y les dices illo pero, q hay imagenes, videos, pruebas empiricas, sistemas de navegacion y gps q es q si la Tierra no fuera esferica es q no funcionarian; y te dicen q no, q todo eso es un complot del Gobierno y es lo q quieren hacerte creer, q está todo trucado.

    Pues q q más les vas a decir, debate terminao.

    Son ganas de malgastar tiempo y fuerzas.

  4. Ya he renunciado a debatir nada con nadie, no tiene sentido alguno. Jamás hablo de política, religión o fútbol. Ni de ciencia. Así me he comido sapos como que los aviones van más rápido hacia América que de América hacia aquí (es justo al revés) porque van en contra y vuelven a favor del sentido de rotación de la tierra. Que la bala que sale de un arma de fuego sube un trecho y llega al blanco (comienza a caer desde el mismo momento que se dispara). Que los remolinos del desagüe van en contra de las agujas del reloj en el hemisferio Norte y al revés en el Sur (no es así, la fuerza de Coriolis NO es eso). Que un cuchillo corta porque tiene filo, y tiene filo porque corta. Que el síndrome de Down se debe a que los padres beben. Que los horóscopos algo de verdad tienen.Y todo es verdad porque está escrito, o salió en la tele o lo dijo mi cuñado, o el cura.

    1. Yo sigo debatiendo. Me va la marcha. Eso sí, conforme me voy haciendo mayor, cada vez intento terminar ciertos debates antes. Además, al final acabas, como bien dices, por no entrar en algunos.

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