Por la vuelta del sentido común a las aulas

Creo que estamos perdiendo el norte en algunas de nuestras aulas. A veces da la sensación que se hayan convertido en un campo de pruebas de ideas que, por desgracia, han convertido al alumno en un simple conejillo de indias que sirve para un propósito muy alejado de su beneficio personal. No, no estoy escribiendo sobre ficción educativa. Estoy hablando de la realidad habitual de, cada vez más aulas, que está permitiendo a algunos vender lo que hacen más allá del simple hecho de dar clase. Vaya… he dicho dar clase y ya sabemos todos que es algo que, por desgracia, no vende nada bien.

Fuente: ShutterStock

Uno cuando entra a un aula debe tomarse un tiempo, más o menos largo, para pulsar el contexto de la misma. No pueden llevarse metodologías preconcebidas ni, mucho menos, estrategias basadas en una determinada herramienta porque, por mucho que en algún momento de nuestra vida profesional hayan funcionado, lo han hecho bajo unas premisas muy concretas, con un grupo de alumnos que no es el mismo y sujeto a una disponibilidad determinada de aquellas herramientas que, puede ser, que ya no tengamos. Y querer usar una determinada herramienta sí o sí es algo que no dice mucho del sentido común del que quiere aplicarla con sus alumnos. Bueno, eso y la necesidad, en determinados cursos de conseguir una determinada calificación para poder acceder a su carrera favorita. Que por experimentar, hay algunos que lo hacen en ese segundo de Bachillerato que viene tan marcado por una Selectividad, que puede gustar más o menos, pero que va a decidir el futuro de nuestros alumnos. Algo que debería preocupar más a aquellos que optan por las estrategias personales a cualquier precio. No son nuestras estrategias de aula lo importante, lo importante es el aprendizaje de nuestros alumnos o, el simple hecho de saber en qué lugar estamos y qué debemos hacer para que nuestros alumnos sean capaces de ir superando las etapas hasta llegar al objetivo final. Un objetivo que no va a ser único y que va a depender de muchos factores. Un objetivo que nos obliga a aplicar el sentido común en nuestra praxis.

Como he dicho antes, hay una deriva peligrosa envuelta bajo papel de diferentes colores. Necesidad de justificar la venta de determinados productos bajo la simple experimentación en las aulas. No hay nada malo en hacer cosas diferentes cuando algo no funciona. Ni tampoco es tan malo seguir con algo que sí lo hace aunque no sea tan vendible. A lo mejor hay ocasiones en los que la «innovación» es contraproducente pero eso es algo que, si uno es buen profesional, debería ser capaz de discernir. Bueno, si uno es buen profesional y tiene claro su objetivo. Un objetivo que tiene muy poco de figurar y mucho de trabajo silencioso. Un trabajo que, en muchas ocasiones no se ve, no permite obtener palmaditas en la espalda por las redes sociales y, ni tan sólo va a permitir que seas contratado como ponente de grandes eventos edumediáticos. El sentido común no vende y es por ello que, debe ser aplicado en el día a día teniendo muy claro que, pese a no vender, es lo mejor para los chavales que tenemos delante. No nos olvidemos que la clase de tercero de ESO B o de cuarto de Primaria A están conformadas por alumnos que necesitan a un docente que sepa adaptarse, que no tenga necesidad de vender milongas y que, a la postre, se preocupe por sus alumnos.

No todos los que prueban cosas diferentes en el aula han perdido el sentido común. En muchos casos, probar cosas diferentes es la constatación más fehaciente de la aplicación de ese sentido común. Eso sí, uno debe tener claro que, a lo mejor, ese sentido común te hace que en algunos momentos tus alumnos no se emociones, puedan sentirse puntualmente infelices y, a lo mejor, a lo largo del curso no entiendan muy bien por qué tienen que hacer ciertas cosas de determinada forma. Ya, el sentido común a veces obliga a hacer las cosas de forma difícil porque no hay camino fácil para llegar donde queremos porque, hablemos claro de una vez… ¿quién dijo que el aprender y el conseguir un futuro maravilloso fuera fácil? Porque no lo es.

A mí me quedan, con suerte, unos veinte años más de aulas heterogéneas. No sé si el sentido común prima en mi toma de decisiones en el aula pero, lo que sí que os prometo es que, lo que tengo muy claro es que mi prioridad es que mis alumnos consigan avanzar y que, su futuro sea el mejor posible. Algo que hacen la mayoría de docentes que están en las aulas de este país aunque ese sentido común no venda tanto como esos experimentos educativos con los que un día sí y al otro también nos venden los medios de comunicación. Unos experimentos que no son malos per se pero sí que obligan a poner un poco de sentido común a la hora de ser aplicados indiscriminadamente en nuestras aulas.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. no se puede ir con ideas preconcebidas…chapó ¿Dar un currículim entra como idea preconcebida o aceptamos pulpo?
    Aplicar el sentido común…chapo ¿admitiendo que cada uno tenemos nuestro propio sentido común o solamente es sentido común el más. común?

    1. Creo Joan que, por suerte o desgracia, el currículum es algo que no viene de ideas preconcebidas y sí de articulados legislativos. No es aceptar pulpo, es que hasta que no cambie el pulpo sigue siendo así de interesante o descorazonador. No creo que el sentido común esté tan fragmentado. Creo más bien que hay una parte ideológica que, o bien la intentamos minimizar, o nos va a lastrar decisiones justificándolas bajo criterios que tienen poco de sentido común y mucho de necesidades vitales/ideológicas/adquiridas.

      Un saludo y gracias por seguir pasándote por aquí.

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