¿Por qué algunos tienen tanto odio al profesorado de Secundaria?

Los que os pasáis habitualmente por aquí sabéis que soy de todo menos corporativista. Soy muy crítico y cuestiono ciertas cosas sin tener en cuenta si quien las hace/vende/tergiversa tiene mi misma profesión o no. Eso sí, dejadme reconocer que soy un gran defensor de la mayoría de mis compañeros. Muchos son excelentes profesionales y buscan lo mejor para sus alumnos. Claro que podemos entrar en si me gusta tal o cual metodología, el uso o no de libros de texto e, incluso, una determinada herramienta o dispositivo tecnológico, pero eso creo que tiene mucho que ver con mi experiencia personal y, quizás, con las cosas que he ido leyendo y aprendiendo a lo largo de esos veinte años de profesión. Ostras, me hago mayor. Ayer comentábamos con mi mujer que ahora ya no éramos los más jóvenes dentro del profesorado. Cuesta reconocerlo pero los años pasan y, al final, quizás empezamos ya a contar batallitas de cuando éramos jóvenes. Lo mismo que hacen aquellos que hicieron la mili aunque, en nuestro caso, más relacionado con nuestra educación. Un detalle, tanto mi mujer como yo somos profesores de Secundaria y sobre eso, si no me hubiera liado al empezar a escribir, ya hubiera empezado a hablar.

Fuente: ShutterStock

Voy al tema. La preocupación que me genera ver como hay algunos que son tan críticos de forma global con el profesorado de Secundaria. La verdad es que no entiendo, o no quiero entender, esa actitud. Ayer, por ejemplo, otro que no ha pisado en su vida un aula dando clase en esa etapa (ni en ninguna otra) diciendo que la culpa de que no fuéramos innovadores en educación era del profesorado de Secundaria. De la falta de colaboración entre docentes en esa etapa y del gran cambio que se estaba produciendo en Primaria mientras que, en Secundaria, seguíamos sin cuestionarnos nada (fuente). En mi vida he criticado a los maestros porque creo que están haciendo un grandísimo trabajo en sus centros. Ni a los tildados de innovadores ni a los que no porque, estoy convencido de que quieren lo mejor para sus alumnos. No estoy convencido de ello, lo sé de buena tinta. Tengo grandes amigos que trabajan en esas etapas y sé lo bien que lo hacen. También tengo una hija en esa edad escolar y lo tengo claro. Quizás hay cuestiones que yo haría de otra manera pero reconozco que, al igual que cuando voy a un médico, el profesional sabe mucho más que yo. Puedo opinar pero, una cosa es opinar y otra lanzar una crítica global contra el colectivo por cuestiones más personales e ideológicas que de realidad fehaciente o demostrable. Lamentablemente resulta curioso observar como algunos maestros (los menos pero, curiosamente, los más mediáticos) son los que solo suertan bilis por la boca cuando hablan del profesorado de Secundaria. Que no personalizamos el aprendizaje, que no les tratamos bien, que pierden todo lo que les han enseñado, que… un largo etcétera de recriminaciones por, o bien visión subjetiva o, en algunos casos, por odio que procede de no se sabe bien qué percepción/tradición. Lo mismo que sucede ahora con ciertos lugares geográficos. Y creo que se me entiende bastante bien.

No son solo algunos personajes como los que hay detrás del intento privatizador de cargarse la escuela pública como pueden ser los de Escola Nova 21 (o su matriz, la Fundación Bofill). Ah, por cierto, no me gustaría dejar de recordar la entrevista que hicieron hace poco tiempo a Eduard Vallory, el responsable del proyecto, que se congratulaba de haber repetido tres veces en Bachillerato. Creo que con personajes que se congratulan de su fracaso escolar (o más bien académico) no se puede ir a ninguna parte. Bueno, tampoco con aquellos políticos que lo único que quieren es cargarse la educación (especialmente la pública) cobrando un maravilloso sueldo que procede del erario público. Qué bonito cobrar de algo para cargártelo. Todo muy lógico. Supongo que el profesorado de Secundaria para ellos también es un lastre. Por eso esa propuesta del máster de Secundaria, como impuesto revolucionario para quien quiera entrar a trabajar en los IES, impartido por alguno de esos profesores universitarios que también tienen alergia a esos geógrafos, historiadores, licenciados en latín o griego, filósofos, ingenieros, matemáticos, titulados superiores de Conservatorio, licenciados en INEF o Bellas Artes o, simplemente, que tengan un título universitario. Una propuesta que algunos que no han pisado como docentes un aula de Secundaria en su vida trasladan a la necesidad que sean las Facultades de Educación las que expidan un título propio para ser profesor de Secundaria. Que lo de tener titulados superiores capacitados y que dominen su materia no interesa. Lo importante es que sepan dar clase. Hay qué joderse. Uno no puede aprender a dar clase de nada sin saber de qué tiene que dar clase. Es de primero de Infantil. Curiosamente, otra etapa muy vilipendiada por algunos.

Estoy muy harto de determinados personajes. Entiendo que hoy en día, en una sociedad en la que alguien es capaz de cuestionar a un pediatra diciendo que las vacunas, por lo que le ha dicho su vecina del sexto mientras compraba en el mercado, son malas y provocan autismo en muchísimas ocasiones. Que lo de parir en casa es moderno o, simplemente, aquel jubilado que sabe más de la contrucción de un puente por el que tiene que pasar el AVE que un ingeniero de puentes y caminos, ya es algo preocupante. Pues me da la sensación que les pasa lo mismo a algunos con la educación. Mucho opinar sin saber y, en ocasiones, por un odio absoluto a todo lo que pueda suponer que alguien cuestione ciertas cosas con conocimiento de causa. Bienvenidos a la horizontalidad mal entendida en la que, lo que más interesa a algunos, es que la sociedad no sea cada vez más culta o llegue más lejos. Lo realmente importante es que el personal gane menos que uno o, simplemente, si yo no sé distinguir el «haber» del «a ver» no lo puedan distinguir otros. Una bonita campaña que tiene en el punto de mira últimamente a las Universidades y, por qué no decirlo claramente, desde hace muchos años al profesorado de Secundaria. Es lo que tiene la incultura y el no saber.

Por cierto, os habéis dado cuenta que los maestros más críticos con el profesorado de Secundaria (una minoría pero que chillan mucho en las redes y en las ponencias), siempre se autodenominan profesores de Infantil o Primaria :)
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. «Hay qué joderse. Uno no puede aprender a dar clase de nada sin saber de qué tiene que dar clase». La entiendo como una generalización con la que vale la pena coopererar.

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