¿Por qué aún seguimos hablando de tecnología educativa en 2017?

La verdad es que cuando empecé en esto de la docencia, el debate acerca del uso de determinados medios tecnológicos en el aula estaba en su máximo esplendor. Cientos de docentes proponiendo, miles de horas de formación a disposición del profesorado y, cómo no, desembarco masivo de elementos electrónicos, con sus complementos, en nuestras aulas. Moodle, blogs, sociedades virtuales y, un gran campo ilusionante de posibilidades inmediatas de todo lo que nos ofrecía el paso de una red, basada en una transmisión muy lenta de datos, a algo mucho más inmediato.

Fuente: https://elauthentisch.wordpress.com

Veinte años después seguimos hablando de tecnología educativa, de herramientas para gestionar el aula y, por qué no decirlo, de cambios de modelos transmisores basados en las TIC. Sí, seguimos hablando de TIC, TAC o TEP para aquellos que les guste ir avanzando entre las siglas aunque, por desgracia, las tres se basan en la misma base tecnológica aunque se intente aplicar diferente filosofía de uso. Una concepción educativa que, al final, sigue dando los mismos frutos que antaño. Eso sí, ahora con muchos más artefactos, más posibilidades de obviar la parte creativa y, permitiendo, cada vez más el calco de los copia y pega originales que han ahorrado miles de hojas de papel. No, ni tan sólo la Wikipedia ha cambiado como web de referencia de nuestros alumnos a la hora de buscar información para esos trabajos que, con mayor o menor desgana, algunos docentes plantean a sus alumnos. Al igual que da la sensación que todas las nuevas metodologías que nos están mediatizando últimamente tienen mucho de casposo, el uso de la tecnología sigue usando los mismos modelos que llevan más de veinte años fracasando. Y erre que erre con buscar la herramienta fantástica, hablar de las bondades del asunto y, cómo no, vender la tecnología como solución a todos los problemas educativos. No lo digo yo, se deduce de cada acto que hacen algunos, proponen otros y validan terceros. Tecnología sí o sí achacando la culpa de su mala implementación a las manos que hacen dicho diseño.

Seguimos hablando de tecnología educativa en 2017 porque los docentes somos unos auténticos cafres en su uso. Seguimos hablando de tecnología en 2017 porque, al final, no es la tecnología ni lo que podemos hacer con ella ya que nos han vendido como un fin último el uso de la misma en el aula y nos lo hemos tragado sin rechistar. Seguimos hablando de tecnología en 2017 porque da mucho dinero a algunos. Seguimos, lamentablemente, hablando de cuestiones que al final se demuestran que son sólo una cortina de humo para no plantearse que hay cosas más importantes.

Creer en la necesidad de conectividad y plantearse las posibilidades de ese desembarco tecnológico hace aún más desagradable la sensación de que algo está fallando. Y no creo que la culpa la tengamos los miles de docentes que las usamos y planteamos actividades mediadadas por esos cacharros. Creo que la culpa es que nos hemos planteado una concepción errónea de la tecnología porque, ni es sustento pedagógico ni se debería plantear como herramienta educativa. La tecnología debería ser, simple y llanamente, un mecanismo para el acceso a información porque, a nivel de creatividad, gestión o similares, donde esté un buen conjunto de herramientas analógicas, que permiten hacer lo anterior más fácil y que depende más de las capacidades/habilidades del alumno o del docente, sobran los fuegos de artificio.

Me da la sensación que, al igual que en muchas otras cosas en educación, nos hemos dejado llevar por las olas sin plantearnos, ni tan sólo si era bueno que nos llevaran a un determinado lugar porque, al final, ¿qué ha cambiado realmente en veinte años de boom tecnológico en nuestras aulas más allá de poder mediatizarlas un poco más? ¿Ha mejorado el aprendizaje de nuestros alumnos? ¿Ha facilitado nuestro trabajo? ¿Ha valido la pena la inversión a la vista de los resultados obtenidos? Y no, no me vale decir, tal y como diría yo si me preguntaran, que la tecnología es imprescindible en las aulas o que la culpa es que no sabemos bien qué hacer con ella. No, el debate es algo más complejo que lo anterior. Muchísimo más.

Al final deberíamos volver a aplicar el sentido común al aula. Algo que, quizás, dependa más bien poco de la tecnología o de cómo usarla.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Mi querido Jordi, como siempre dando en el clavo con los asuntos de los que deberíamos hablar.
    Hace unos años yo escribí sobre lo que llamé «la falacia de la tecnología educativa»: esa rara idea de poner expectativas en la tecnología cuando en realidad la mejora y el cambio educativo no se definen por ahí.
    https://pensarlaescuela.com/2014/09/26/la-falacia-de-la-tecnologia-educativa/
    Pero es más fácil y funcional, sobre todo para los políticos, vender el humo de la «salvación» de la mano de las TIC.
    Por supuesto que esto nunca querría decir volver a la edad de piedra de la educación, pero en el fondo las cosas que realmente resultan a la hora de enseñar no tienen que ver con aparatos o dispositivos sino con la propuesta de un buen docente. A algunos la tecnología los ayuda a desplegar mejor su creatividad y su potencial de innovación, y sumado al interés que despierta en los alumnos todo aquello que viene de la mano de las TIC, ya con lograr su interés en el aula parece que podemos hacer maravillas.
    Cuando estos días apareció el libro «La escuela de las pantallas», a donde relato la experiencia iniciada hace 15 años con TIC en la Ciudad de Buenos Aires con el Proyecto «Aulas en Red», reveo que desde allí hasta hoy no se ha cambiado mucho más que dispositivos y como bien dices, algunos han hecho grandes negocios. Si la tecnología fuera la clave, hoy estaríamos años luz de esa experiencia.
    Pero claro, la tecnología «luce bien» en la escuela.
    Aquí por ejemplo en lo que menos se invierte es en Internet, porque no se puede «mostrar» como un equipamiento para la foto. Sin embargo, lo que debería ser lo natural para acceder hoy a la información termina siendo un lujo asiático. Los has dicho bien claro: «La tecnología debería ser, simple y llanamente, un mecanismo para el acceso a información». Parece que para algunos esto no resulta suficiente negocio…
    Abrazo enorme y gracias por traer siempre a la agenda del debate los temas esenciales!
    Débora

    1. Lo explicas fantásticamente bien en el post que enlazas que, complementa a la perfección, lo que he intentado plantear en este artículo. Nadie -y menos alguien que tiene un blog- quiere volver a la edad de piedra pero sí tomarse un cierto respiro ante, por desgracia, tanto bombardeo acrítico de productos y herramientas que van a solucionarlo todo de un plumazo. No se ha cambiado pero sí que se ha dilapidado. Si todo el dinero derrochado -sí, lo digo claramente- en proyectos faraónicos de dotación tecnológica se hubiera gestionado bien, hoy no hablaríamos de estas cosas.

      La conectividad, como bien dices, es el gran problema de la mayoría de centros educativos pero, no se sabe por qué, sigue siendo el gran tema abandonado.

      Un fuerte abrazo de vuelta.

  2. Es resultona y hace más fácil la vida a los alumnos (se es menos estricto en la corrección, permite mucha ayuda externa, los apaños son más fáciles para cumplir con un copia-pega…) y a los profesores (vende innovación y viene bien cuando los resultados no son buenos y algo hay que hacer para disimular estadísticas). Realmente su uso se asemeja muchas veces a las antiguas cartulinas para murales. Bien utilizadas, deberían resultar todo lo contrario a lo antes comentado al poner en juego muchas «competencias».

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