¿Por qué escribo acerca de ciertas cosas?

La verdad es que podría optar por las dos posturas más habituales en mi profesión: la de cerrar los ojos ante todo lo que está sucediendo y centrarme en mi trabajo de aula (algo encomiable) o, simplemente, mantener un determinado perfil bajo equidistante para poder pillar tajada. Ya, lo sé, también hay el grupo que observa qué está sucediendo y que, por motivos ignotos, se dedica a hacer de palmero acrítico de determinados personajes pero, en este caso, ya es una situación demasiado anómala para ser tomada como base del posicionamiento de uno.

Fuente: ShutterStock

Hace unos años que opté por iniciar este blog y mantener un determinado perfil en las redes sociales. Al final me he decantado por Twitter ya que, por desgracia, sigo sin estar demasiado cómodo en Facebook y ya no digamos en Instagram. Red en la que no he tenido, ni tiempo ni ganas, de crearme un perfil. Que lo de contestar en Twitter me lleva unos pocos minutos y, además, últimamente me estoy riendo mucho al ver cómo determinados personajes intentan justificar lo injustificable y la gran cantidad de palabras que, más allá de ser totalmente ininteligibles, tampoco pretenden nada más que demostrar que hay mucho truhán y demasiado docente amante del seguidismo en esa red. Algo que no es malo. Al menos, como siempre he dicho, en una profesión en la que todo el mundo tenemos nuestro pequeño desorden mental (sí, no me miréis así, que todos sabemos que para dedicarse a la docencia algo de eso hay), es lógico que algunos estén más jodidos que otros. Es lo que tiene la heterogeneidad de nuestro colectivo. Una heterogeneidad que mola pero que, por lo visto, a algunos no les gusta demasiado. Y después, curiosamente, hablan de la necesidad de personalizar el aprendizaje de los alumnos. Nada, lo mismo que dar una ponencia sobre metodologías activas (sic.) desde una tarima en formato clase magistral. Muy coherente el asunto.

Pero no iba a hablar acerca de terceros y sí a responder a la pregunta que, últimamente algunos me están realizando, acerca de mi uso de determinadas expresiones, más o menos extremistas, que vierto tanto en determinados artículos como en esa red que he comentado antes. La verdad es que la respuesta es compleja. Bueno, tampoco lo es tanto si partimos de la necesidad de dudar en voz alta de ciertos asuntos, reírme de otros muchos y, por qué no, acabar denunciando a determinados charlatanes, fundaciones u organizaciones cuyos objetivos distan mucho del procomún. Es lógico hacerlo. Uno ya lleva veinte años en el aula, disfrutando cada día más y viendo que, por suerte, la realidad y las necesidades de mis alumnos y mis compañeros distan enormemente de lo que algunos defienden o venden alegremente. No sé si darán clase o no pero, si la dan tienen un problema de falta de visión. O, a lo mejor es que, a todo el mundo le gusta que le den una palmadita y que le suban el ego. Ya si hay pasta por medio, algunos se venden por muy poco. Todos tenemos un precio. Yo también. Eso sí, con el mercado educativo actual me sale muchísimo más a cuenta dormir tranquilo. Bueno, roncando un poco estos días por una gripe que no sabe si acabar de activarse o no en mi organismo.

Me gusta escribir sobre temas educativos. Quizás es de lo único que puedo saber algo. No se me ocurriría, a diferencia de otros, hablar sobre algo que desconozco. La verdad es que también podría hablar de algunos cultivos (soy de formación ingeniero agrónomo) o, por autoaprendizaje, de algunos conceptos o hechos relacionados con temas informáticos pero, en el último caso jamás se me ocurriría creer que tengo más razón que alguien que lleva veinte años gestionando un proyecto relacionado con ese ámbito. Bueno, dar mi opinión la daría. Es lo que tiene la opinología que se nos ha incrustado últimamente en el ADN al personal.

En estos últimos tiempos estoy viendo que faltan blogs donde se cuestionen ciertas cosas y, que el discurso educativo es bastante monolítico en las redes acerca de determinadas metodologías salvadoras o la necesidad de acudir a determinados eventos o concursos. No digo que éste sea la panacea porque no es nada más que una retahíla de palabras, más o menos desorganizadas, acerca de ciertas cosas pero, al menos, escribo lo que pienso sin plantearme las consecuencias (a ver, algunas veces sí) de lo que hago. No es ser inconsciente. Es, simplemente, mi visión particular acerca de ciertas cosas. Siento si alguien se ofende pero creo que si se ofende con lo que escribo, no contraargumenta o, simplemente, se dedica a hablar en privado con sus «colegas y palmeros» para decir lo malo que soy, tiene un problema. Con lo bonito que es dar la cara. Bueno, eso siempre que no tengas intereses personales o necesidad de ser equidistante en ciertos aspectos 😉

Cada vez me lo paso mejor. Cuánto me alegro de no haber dejado el blog ni mi red favorita Twitter. Esto, últimamente, se está poniendo muy interesante…

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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