¿Por qué se debería prohibir el libro “75 consejos para sobrevivir en el colegio”?

No voy a entrar en el típico discurso mojigato acerca de qué debe estar permitido o, dedicarme a justificar la creación de un sistema de censores como el que existía antaño en nuestro país. No voy a entrar tampoco en la necesidad de alguien de hacer caja vendiendo lo que legalmente pueda vender. Eso sí, hay un aspecto que hace que, al igual que sucedió en el caso de los titiriteros (y, a mi entender, es incomparable el contenido de este libro que la obra teatral que desencadenó prisión para los responsables) deba exigirse responsabilidades a quien publique algo que, para una sociedad evolucionada y proteccionista para los menores, debe ser considerado algo que va mucho más allá de lo permisible. Sí, seguro que en este momento habrá algunos padres que, amparándose en su rol, dirán que son ellos quienes deben decidir qué leen sus hijos. Un argumento que, por cierto, ya se esgrime en el perfil de Facebook de la autora del libro.

Fuente: https://www.facebook.com/maria.frisa
Fuente: https://www.facebook.com/maria.frisa

No, en este caso no vale todo porque, por suerte, en los países democráticos hay un sistema de protección automático del menor por parte del Estado. Y, más allá de la decisión de los padres, hay alguien que decide cuándo se vulneran los derechos del menor. Sí, un menor tiene derechos individuales. Unos derechos que están por encima de los de sus padres y que, en este caso, obligan a activar todos los mecanismos para evitar que este tipo de lectura en la que se potencia conducta machista y bullying llegue a las librerías. No, no estamos en períodos donde la mujer era relegada a ser una esclava ni el trabajador a seguir los dictámenes del amo que le trataba, en ocasiones, de poco menos que mercancía. Estamos en pleno siglo XXI y la evolución ha llevado a que haya unos derechos y deberes para todos los ciudadanos.

Por cierto, no me vale la típica comparación de que “en horario infantil ya se ven conductas desaconsejables”. Estamos hablando de un caso concreto y que, por mucho que consideremos que los otros casos también deberían atacarse por parte de la fiscalía de menores, éste es del que estamos hablando. No hay excusa más maravillosa que decir que otras cosas también son perjudiciales para nuestros niños. Algo que no sirve como eximente de nada por mucho que algunos lo usen como falsa argumentación.

Sinceramente, no veo por dónde coger el libro (sí, lo he leído más allá de las cuatro imágenes que se han viralizado) para defender que siga vendiéndose. No, no lo veo. Y eso que ya sabéis los que os pasáis por aquí que soy muy tolerante con la libertad de expresión. Eso sí, cuando entramos en el tema de menores, esa libertad de expresión u opinión ya tiene otros matices.

Sinceramente, no he podido resistirme a pedir desde este blog que se retire algo tan surrealista -por decir algo y no entrar en palabras más gruesas- como este panfleto, defendida su venta como sentido de ironía, que incluye aberraciones como las que pueden comprobarse en el tuit anterior y que vulneran muchos derechos de nuestras niñas. No vale todo para vender, ni es todo debe estar a la venta.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

18 Comments
  1. En un Estado de derecho no puede haber censura previa de casi nada, menos de una obra de ficción. Si la obra cae dentro de algún tipo delictivo, será la justicia quien deba decidirlo, previa denuncia.

    Sinceramente, los fragmentos que se reproducen por Twitter y otros medios de esta obra no merecen mayor atención, son de mal gusto y muy simples… Pero ¿delictivos?

  2. Por definición, lo que propone Jordi no es censura previa, evidentemente. El libro ya ha sido publicado. Y es un libro dirigido a menores de edad, por lo que tiene que haber cierta tutela que, en este caso, la editorial no ha hecho. Lo que se propone en el libro es no solo reaccionario, sino que atenta contra los derechos humanos, que me parece un límite muy lógico de la libertad de expresión.

  3. No puedo estar más de acuerdo. No todo vale para vender.
    Si fuera una obra con contenido machista pero dirigido a mujeres adultas hubiéramos puesto todos el grito en el cielo, ¿no debemos hacer lo mismo, aún con más fuerza si cabe, con una obra de estas características dirigida a menores? Les estamos diciendo todos los días a nuestras niñas que tienen que hacerse valer, que cada una es diferente y eso es genial. Por supuesto que confiamos y tenemos que confiar es su discernimiento, pero ¿con qué cara les contestamos cuando llegue a sus manos este libro y vean que es todo lo contrario a las ideas con que les machacamos todos los días?
    Lo siento, no puedo estar de acuerdo con este libro, y menos que sea una editorial como Alfaguara, con gran tradición de libro juvenil, quien lo publique.
    Recuerdo que hace un par de años salió un libro tipo “manual de la buena esposa” que gracias a la presión social se consiguió retirar. ¿No es este el mismo caso?

    1. Poner el grito en el cielo, protestar, todo lo que uno quiera… pero ¿prohibir? ¿No es eso lo que pretenden todos los pensamientos únicos, los fanatismos religiosos y morales? La libertad de expresión es algo demasiado importante como para despreciarla por un libro tan insustancial como éste. Los límites a la libertad de expresión deben ser muy tasados por la ley y aplicados por la justicia. Si aplicáramos la censura literaria no quedaría en las escuelas ni la mitad de la literatura universal, empezando por la Ilíada. Ni Peter Pan (no las versiones animadas) se salvaría.

    2. Me acuerdo del libro y de la campaña mediática que se hizo para que fuera retirado de las librerías. Como bien dices no todo vale para vender y, lo que es más grave, no todo vale en la actualidad para ponerse a disposición de un colectivo tan sensible como son los menores. Menos aún los que van de edades de ocho a 12 años que es la recomendación de éste.

      Gracias por dejar tu comentario.

  4. Pues a mí (de las cuatro hojas que he leído) me parece un clásico a la altura de “El arte de la prudencia” de Baltasar Gracián y de “El príncipe” de Maquiavelo.

  5. Ya que has utilizado un texto publicado en mi facebook, aunque sea de otra persona, y tu discurso es cuando menos eso, un discurso, no un arrebato de emociones primarias sin un ápice de reflexión, te adjunto el de mi cosecha, igualmente publicado en mi muro y en el de María Frisa. También te recomiendo que leas los de muchos otros (escritores y no escritores) que han mostrado su apoyo a la autora y, sobre todo, su oposición a la censura de su obra, con argumentos mejores que los míos. Ojalá consigamos convencerte de que es un error firmar esa petición:
    “Entre alucinado y asustado por la campaña contra la colección de libros escritos por María Frisa, la de los “75 consejos…” y contra su persona. Incluye recogida de firmas para su prohibición y mensajes contra la autora, que van desde el reproche o el insulto hasta las amenazas.
    No sé cuántos, entre los miles de firmantes, han leído algún volumen de la colección. Y si quienes lo han hecho lo interpretan como una incitación al acoso o al machismo, no han entendido su ironía. Argumentar que son sus hijos quienes no la van a comprender, y que por su culpa imitarán en la vida real a la protagonista, es menospreciar su inteligencia. O desconocer su realidad. Por analogía, ¿censuramos también series como “Los Simpson”, por el mal ejemplo para la sociedad de ciertos personajes infantiles? ¿O las películas de Disney, ya que, en un reciente estudio de la Universidad de Duke, entre otras lindezas, se las ha relacionado con la perpetuación de roles de género machistas?¿Prohibimos la gran mayoría de Dibujos animados o videojuegos, por su apología constante de la violencia?
    Si alguien no está de acuerdo con el contenido de un libro, basta con no leerlo, o no dárselo a leer a sus hijos. Igual que si no le gusta una película basta con no ir al cine o apagar la televisión. O si teme los peligros de internet, bloquear las páginas y no dejar que los adolescentes tengan móviles ni usen las redes sociales (¿cuántos de los firmantes son consecuentes con todo esto?).
    Puedo admitir las críticas hacia lo que se cuenta en estos libros, aunque no las comparta, pero no las peticiones para su prohibición. Ni mucho menos que alguien amenace a su autora.”

    1. En primer lugar me gustaría recordar la posibilidad de usar cualquier tipo de texto de terceros siempre que el mismo se encuentre publicado “en abierto” en cualquier red social. O sea, que no tenga ni el candado en Twitter ni la privacidad adecuada en Facebook. En este caso el texto ha sido sacado del perfil de María Frisa que, por cierto, publicó en abierto tu intervención. Una vez aclarado lo anterior voy a exponer, como docente, qué supone para mi trabajo que un libro que defienda el bullying (ironías al margen, ¿realmente alguien cree que la influencia de un determinado texto o lo que subyace tras las líneas -que incluso nos cuesta ver a alguien con, supuestamente, un determinado nivel cultural- no va a afectar a las niñas que lo lean?), al igual que otro que pudiera defender cualquier otro tipo de situación -y vuelvo a repetir, bajo las suposiciones que cualquiera quiera darle- que genera muchos problemas sociales. Pues supone un problema. Un problema cuando el bullying no es algo irreal y que, por desgracia, es algo que recurrentemente -en mayor o menor grado- sucede en nuestros centros educativos. Y ahí está el problema. No todo vale ni todo es permisible. Si me hablaran de un libro destinado para adultos ahí quizás no hubiera habido ningún problema pero todos sabemos a quién estaba destinado el libro.

      También me gustaría hablarte de las reacciones que ha suscitado el libro. Ya has visto y has podido leer que aquí, habiendo leído el libro y no sólo quedándome en las piezas que se han viralizado del mismo, no se ataca a la autora ni se la amenaza. Simplemente se plantea que no es un libro adecuado para estar a la venta bajo el paraguas de “ser un libro para niños”. Algo que no lo digo sólo yo porque en tu comentario das a entender que hay una gran cantidad de escritores y otro tipo de personas que están a favor de su publicación y de la autora. Yo te digo que comparando las intervenciones (curioso que alguien que publica un libro defendiendo -sí, de forma irónica- ciertas actuaciones amparándose en la libertad de expresión la evite en su página de Facebook eliminando todos los comentarios que no son acordes con ese apoyo) de unos y otros hay aún bastante margen en un determinado sentido que, por lo visto, no es el tuyo ni el de los que dan su apoyo a esta publicación.

      Finalmente, y ya que has entrado en el tema de la censura de las películas de Disney u otro tipo de publicaciones a las cuales pueden acceder los niños no te niego tu parte de razón acerca de la responsabilidad que tienen los padres pero, ¿todos los padres son responsables? ¿Hasta qué punto la libertad del padre de educar en un determinado sentido a sus hijos está permitido? ¿Debe, por ejemplo, un padre, tal y como está reconocido en el país más “democrático” del mundo, permitir que su hijo muera porque su religión le prohibe recibir transfusiones sanguíneas? Algunos creemos que el bienestar de los niños está, en algunas ocasiones, por encima de las decisiones de los padres.

      Y permíteme concluir con una pequeña frase que he publicado hace bien poco en una red social de la que soy usuario… “para algunos no debería haber límites en la literatura dirigida a niños, otros pensamos que debemos protegerlos frente a barbaridades”.

      A propósito, no puedo menos que agradecerte el tono del comentario. Sí, podemos estar en desacuerdo en lo que debería hacerse con este libro e, incluso en la percepción acerca del mismo pero sí que podemos disentir de forma más que correcta. Algo que no siempre es posible con todo el mundo y menos en cuestiones tan “viscerales”.

  6. En primer lugar, la referencia a que utilizabas un texto publicado en mi muro era una simple justificación de una respuesta en tu blog, no tenía ninguna connotación agresiva. Por supuesto, el texto era público.
    Respecto al tema en sí, insistes en que es un libro que defiende el bullying, cuando es todo lo contrario. Es una ficción que muestra situaciones perfectamente reales a través del humor irónico y la provocación para, precisamente, al final, darles la vuelta y mandar un mensaje contra el acoso. Que ese humor provocativo guste o no, ya es cuestión del lector.
    No es cierto que la autora evite la libertad de expresión en su muro. De hecho, puedes leer opiniones contrarias a su obra que llevan días colgadas. Respecto a que existen más críticos que defensores, pienso que no es mensurable. Si lo dices por la cantidad de firmas se podría oponer la cantidad de ventas, que las cuadriplica. Por no hablar que muchas de las firmas se han efectuado por un simple efecto rebote. Sabes que una gran mayoría no han leído más allá de esos cuatro extractos que circulan por Internet, comenzando por el chaval que encabeza la petición en change. Algunos, ante el revuelo formado, se han tomado la molestia de informarse y han revocado su firma. En todo caso, esto da para otras reflexiones, comenzando por la frivolidad con que demasiada gente toma decisiones en el mundo virtual que afectan al mundo real.
    Pero ése no es el fondo. El fondo es el intento de censura, de prohibir un libro basándose en la teoría de que promueve valores tóxicos (falso), de que va dirigido a niñas (falso, va dirigido a ambos sexos) que no disciernen la ficción de la realidad y son, no sólo vulnerables, sino seres que imitan al pie de la letra lo que ven o leen. Por fortuna, si trabajas con adolescentes y, sobre todo, si tienes hijos, sabrás que todo eso es falso. Como muy bien expresa en su muro el escritor Mario de los Santos, los niños aceptan el pacto de ficción, disciernen entre ésta y la realidad. A un niño de 5 años le narras el cuento de los tres cerditos y lo disfruta, pero sabe que un cerdito de verdad no habla ni construye casas. Un adolescente distingue la ironía con que está estructurada la novela, porque no es tonto. Después de un lustro publicada – con gran éxito -, y de que su autora haya trabajado con ella en multitud de colegios, tienes a tu disposición, si te interesa, suficiente material educativo para corroborarlo.
    Podemos intentar que nuestros hijos vivan en campanas de cristal, sobreprotegerlos de los “peligros” de la intemperie y aislarlos en un mundo de fantasía. Craso error. Así, sólo se conseguirá una de estas dos cosas: 1) Que acepten la mentira y el engaño como forma de relación con sus padres -porque ellos vivirán en la realidad de todos modos – y terminen siendo adultos instalados en la hipocresía y la doble moral (un discurso que ya sufrimos bastante en este país durante cuatro décadas); 2) Si llegan a asimilar esa irrealidad impuesta por sus padres, que se frene su maduración y, cuando deban afrontar el mundo como adultos, sufran un lamentable fracaso personal.
    La única opción inteligente es que nuestros hijos desarrollen, a la par que crecen y maduran, el sentido crítico. Es la mejor herramienta de crecimiento personal y la que te lleva a ser un ciudadano completo y no un idiota (en su doble sentido, griego y actual). Los padres, por supuesto (y la sociedad en general, comenzando por los docentes) tienen la responsabilidad de vigilar y encauzar ese crecimiento personal, sin coartarlo. El ejemplo de los testigos de Jehová, sinceramente, no sé qué pinta aquí, pero igualmente le podría dar la vuelta: ¿Se debe permitir que unos padres prohíban a sus hijos la lectura de un libro que puede ser beneficioso para ellos, porque les muestra sin tapujos una realidad que viven cada día y, convenientemente trabajado su contenido junto a progenitores y docentes, tomar conciencia del daño que produce en la víctima el acoso, ese acoso del que, quizás, son cómplices involuntarios? ¿Debemos permitir que esos padres apoyen a los docentes que les evitan la crudeza de lo que viven, obligándoles en clase a leer relatos donde el mundo es color de rosa y enseñándoles a que es bueno mostrar una sonrisa beatífica, reprimiendo el bostezo con astucia, mientras esperan a que llegue la hora del recreo para divertirse un poco con el patoso de la clase? Como ves, el argumento puede tener efecto boomerang y dar lugar a otro debate enconado.
    Muchos tenemos clara la mejor opción educativa para nuestros hijos (y la experiencia personal nos reafirma en ella) y por ello combatimos esta campaña inquisitorial.

    1. En la vida hay muchas opciones educativas y, por desgracia, dejar en manos de uno la decisión unilateral sin margen a que nuestros hijos puedan ver que hay otras cosas -entre las que hay de mejores y peores- y que, por desgracia, no todo debería ser considerado desde la misma óptica creo que es un error. No me gusta el concepto de Papá Estado ni el de Papá/Mamá como ente absolutista porque, a veces, todos podemos equivocarnos en nuestras percepciones y tener las ideas quizás, no tan maravillosas como nos hemos creído.

      Si uno decide que sus hijos se eduquen siguiendo doctrinas machistas, racistas, valoración del prójimo por su poder adquisitivo, amén de otras cuestiones… creo que está haciendo un flaco favor a sus hijos. Eso sí, como bien comentas, defendiendo la “libertad ideológica de los padres en criar a sus hijos a su imagen y semejanza”.

      Un saludo y felicidades por la suerte de saber en todo momento lo que es correcto. Algunos tenemos, en muchas ocasiones, nuestras dudas existenciales sobre el tema.

  7. Yo si me leí el libro y estoy totalmente de acuerdo en su retirada de las librerías. No hay sátira alguna en ese libro. Sara no es un personaje que aprende de sus errores, que madura y avanza, de hecho su cambio al final del libro es mínimo y por eso la autora puede hacer otros libros donde la temática es muy similar. Sobre esto: “¿Debemos permitir que esos padres apoyen a los docentes que les evitan la crudeza de lo que viven, obligándoles en clase a leer relatos donde el mundo es color de rosa y enseñándoles a que es bueno mostrar una sonrisa beatífica, reprimiendo el bostezo con astucia, mientras esperan a que llegue la hora del recreo para divertirse un poco con el patoso de la clase?” Esto es justo lo que el libro propone. Miente, disimula, finge y métete con el débil.

  8. Y por cierto, la campaña de apoyo a la escritora, orquestado por la editorial, me parece de lo más patético que he visto. Te dejo este video donde se hizo una lectura del libro y queda muy claro el motivo de nuestro descontento:

    1. Cada uno es libre de defender lo que le da de comer, al igual que otros tenemos todo el derecho del mundo en pedir que algo que potencia conductas que, a nuestro entender, no deberían darse sean relegadas a algo marginal. No, no es un libro para niñas -ni niños- de esas edades. No es sentido de sobreprotección, es sentido común.

      1. Nada, las obras de arte se reconocen porque no dejan indiferente a nadie. Todos los que hemos pasado por la escuela sabemos que es así. Los niños no son idiotas y el rasgueo de vestiduras que veo aquí delata vuestra hipocresía.

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