¿Por qué sigo en Twitter?

La respuesta corta es muy fácil… por lo que ahorro en psicólogos. Y eso del ahorro sabéis que para un catalán de pura raza, sin contaminaciones mesetarias como soy yo, es algo sublime. Supongo que se entiende que el tópico es irónico porque, todos tenéis claro que tirar de tópico es algo que solo hacen quienes no tienen ningún otro tipo de argumento. Vale para cualquier homo ¿sapiens? geolocalizado o geolocalizable. Pero lo anterior tiene mucho que ver con lo que está pasando en Twitter y que hace que, por desgracia, la red cada vez me compense menos. Aún así hay mucho bueno. Y en la balanza cada cierto tiempo sale ganando por goleada el continuar en esa red que, antaño tuvo 140 y hoy ya va por el doble. Más caracteres para el odio. Bueno, o más caracteres para el aprendizaje. Eso sin contar con esos fabulosos hilos, demasiado efímeros para mi gusto (sigo siendo de los carcas del blog) en los que se desgranan verdades, mentiras e inventos a partes iguales. Pero molan. Más aún cuando ves cómo se difunden. Retuits y favs que validan sardinas como atún en escabeche. Es lo que tiene la inmediatez de su consumo y la facilidad de difusión de la red. Lo mismo que en Facebook pero con unas diferencias que para mí, la siguen haciendo, mi vedette particular.

Fuente: Shutterstock

En los últimos tiempos ha habido muchos docentes que han aterrizado en Twitter. Algunos de ellos con visiones opuestas a mi concepto de educación. Con la mayoría se puede debatir. Incluso, en no pocas ocasiones, han conseguido cambiar mi forma de ver las cosas. Por mucho que algunos digan que me he radicalizado, creo que los años, las hemerotecas 2.0 y la experiencia, me hacen ver las cosas de otra manera. Es lo que tiene ser perro viejo. Un perro que, como todos, puede equivocarse. El asilvestramiento e individualidad es lo que tienen. Además, esto de poder ir por libre mola. Y en Twitter puedes. Puedes coger pareja de baile o elegir bailar solo. Ambas cosas totalmente respetables siempre y cuando la primera no anule tus ganas de bailar pasodobles mientras tu compañero se hace fan del reggaeton. Bailar pegados poco. Menos aún en verano. Hace calor. Demasiado.

Una de las ventajas que tiene Twitter es que tras los perfiles existen personas. Algunas más o menos anónimas que otras por cuestiones variopintas. Hay docentes que, por ejemplo, no pueden decir ciertas cosas porque trabajan en un determinado tipo de centro. Otros que prefieren mantener una cuenta en la que ser controlados y otra para decir lo que realmente piensan. Hay muchos motivos para ser anónimos. A mí, sinceramente, no me gusta. Siempre he dado la cara. Para lo bueno y para lo malo pero, sinceramente, creo que prefiero que algunos estén que no estén. De trolls también tenemos con nombre y apellidos. Y si uno es anónimo sabe que se arriesga a que nadie interactúe con él, perdiendo toda la esencia de lo que para mí es esta red social. No voy a ser yo quien voy a cuestionar cómo la usen otros. Ni mucho menos.

Además se trata de una red horizontal. Uno puede hablar con todo el mundo con independencia de su número de followers. Bueno, salvo que alguno se crea que es alguien por un número que representa bien poco y decida no contestar nunca o, simplemente, dedicarse a tuitear tan solo para vender su propia marca personal. En docencia también tenemos de estas cuentas. Y cada vez alguna más. Quizás es que algunos tienen otra concepción de la horizontalidad o rehúsan libremente a usarla. Libertad absoluta. Nadie te obliga a responder, a seguir a tal o cual persona o, simplemente, a dar tu punto de vista. Menos aún a compartir.

Cada cierto tiempo me planteo qué hago en Twitter. Más aún después de determinados personajes que intentan llevar cuestiones profesionales, reconvertidas por su parte por odio hacia mi persona, a insultos o búsqueda de apoyo entre sus palmeros para lanzarse como una jauría contra todo lo que pueda decir o hacer (ni tan solo se plantean el fin de lo que haga o analizan el contexto). Es lo que tiene tener actividad en la red. Algo que no es bueno ni malo y que es por decisión propia. Nadie te pone una pistola en la cabeza para continuar en Twitter. Ni nadie te impide eliminar tu cuenta. Eso me gusta. Me parece fantástico.

Sigo en Twitter porque me da la gana. Porque considero que aún sigue siendo mi principal fuente de aprendizaje. Porque he conseguido (sigo haciéndolo) conocer experiencias fantásticas aplicables, mediante la lógica adaptación a mi aula, en mi profesión. Porque, por suerte, he conseguido conocer a grandes profesionales y, lo que es más importante, me lo paso bien. No solo eso, también he sacado algún amiguete. Sí, a pesar de decir algunas barbaridades de las que digo 😉

Nos vemos en Twitter…

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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