¿Por qué sigo escribiendo en el blog?

La respuesta corta es «porque me apetece». El problema es que, por desgracia, la simple respuesta no me llena la satisfacción que tengo cada vez que, al igual que hacen muchos con otros hobbies, culmino de una forma más o menos abierta cualquiera de esos despropósitos que vierto por aquí.

Fuente: Wikimedia

Escribir por obligación es muy aburrido. Si a uno no le apetece escribir, a menos que use el blog como manera de conseguir sanear su economía, mejor que lo deje. Tener un blog es como tener afición por irse a hacer running (sí, el correr de toda la vida). La diferencia fundamental es que, uno encuentra más satisfacción en lo primero o en lo segundo según sean sus gustos u opciones.

La blogosfera educativa, tan potente hace un tiempo, se ha ido al garete. Quedamos cuatro que seguimos usando el blog para escribir acerca de cuestiones educativas sin tener necesidad, cada dos posts, de escribir tres en los que promocionamos un servicio o un producto. La mercantilización ha llegado, por desgracia, para quedarse. Y los blogs no se han alejado de ello. Además, seamos sinceros, teniendo la inmediatez de Twitter, la posibilidad de no dar la cara para hacer de «fascinerosos» o, simplemente, la posibilidad de hacerse una foto de la verruguilla esa que te ha salido al lado de la nariz para compartirla en Instagram, ¿a quién le interesa seguir reflexionando más profundamente? Solo a los frikis. Sí, tener un blog en el 2019 es de frikis. Y tenerlo acerca de educación, de alguien mucho más friki aún. Con lo fácil que sería escribir sobre el último vídeo de Leticia Sabater, los alienígenas que se reproducen con actrices porno o, simplemente, sobre el último estreno de la saga o serie de turno. O sobre horchata, ya puestos. Bueno, tener un blog sobre el tema es algo que siempre me planteo. Creo que conozco algo del tema. Al menos, por lo que me dicen algunos fans de esos que humedecen sus partes con cada uno de mis tuits, sabiendo que así pueden criticarme, seguro que sé más de horchatas que de educación. No lo niego. Jamás osaría negarlo. Sálveme cualquier entre divino de hacerlo.

Me encanta redactar. Me encanta poder, cada cierto tiempo, recordar cosas que escribí, reflexionar acerca de ellas y darme cuenta como, al final, he acabado evolucionando (o involucionando). Los tuits se los lleva el viento y para mí es más fácil recuperar ciertas reflexiones desde el formato blog. Y ya no entro en las cuestiones técnicas que supone mantenerlo y mejorarlo. La de cosas que he aprendido de WordPress en los últimos tiempos. Ya me merezco el WordPress Certified nivel 0,0. A ver si empiezan a sacar certificaciones de cosas que valgan la pena.

Hace tiempo que me preocupa bastante poco si alguien se pasa por aquí. Al final, lo que me importa realmente, es pasármelo bien. Y esto de juntar (o arrejuntar) letras me gusta. Así que, por ahora seguiré dando la tabarra.

Por cierto, una diferencia fundamental cuando leéis el blog o ciertos tuits que «vomito» alegremente es que, al menos el blog sabéis que no lo he escrito con las posaderas apoyadas en un determinado lugar. No, los vaivenes del momento no me dan para tener apoyado el portátil 😉

Un abracico a todos los que os pasáis por aquí. Especialmente a aquellos que les guste la horchata y sepan que una paella no es arroz con cosas. En nada empiezan cuatro meses de vacaciones para muchos. A disfrutarlos.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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