¿Por qué tiene que ser Apple?

apple-logo-redLlevo un tiempo preguntándome por qué son los productos de la marca Apple (iPads, especialmente) los elegidos para escribir cientos, e incluso miles, de líneas sobre sus potencialidades educativas. ¿Por qué ha habido un reduccionismo tan brutal de la tecnología educativa que ha limitado la existencia, más allá de alguna breve reseña de alguien que defiende las bondades del software libre, de alternativas mediáticas a la gran invasión de la propaganda de los productos de la manzanita? Son productos caros, en muchos casos de uso limitado (por las restricciones que poseen al estar todo basado en software que nunca te llega a pertenecer del todo) y, con la única característica realmente diferencial, que han conseguido que se hable continuamente de ellos.

Buena estrategia de márqueting de Apple, mala estrategia del sector educativo. Un sector educativo lleno de palmeros, abrazamanzanas y visionarios de potencialidades que, curiosamente, casi nunca han probado en sus aulas. Muchos docentes tuiteando compulsivamente cualquier noticia que tenga a ver con el iPad o con cualquiera de sus otros productos. Muchas noticias insustanciales que, de forma viral, son expandidas como si no hubiera otro tipo de tecnología que la que nos suministran los sucesores de Steve Jobs. El dios de los aparatos. El gran vudú. La octava maravilla que ha venido a quedarse en el ámbito educativo para ayudar a una mejora real del aprendizaje de nuestros alumnos.

Reconozco que uso productos de la manzanita pero, a su vez, reconozco las grandes limitaciones que ofrecen los mismos. Unas limitaciones que tienen mucho que ver con sus actualizaciones (o falta de ellas cuando a la empresa le da por decir que un producto es obsoleto), con su modelo de negocio e, incluso, con no ser tan maravilloso como lo pintan cuando se intenta exportar su uso masivamente al ámbito educativo. Los proyectos educativos con tabletas (y, en este caso, nos referimos a iPads) no son tan bonitos como se pueden pintar en algunas investigaciones o difundirse en determinados blogs. La capacidad de manipulación para sesgar lo malo está a la orden del día. Si ese sesgo ayuda a seguir alabando al «monstruo de la tecnología» que, en demasiadas ocasiones ha sido acusado de producir en países del tercer mundo con unos empleados sujetos a condiciones de esclavitud, bienvenido sea.

No me cabe en la cabeza que, los mismos que sanamente critican a Microsoft por determinados motivos (ser una multinacional, querer ganar dinero a toda costa, etc.) sean los mismos que adoran a Apple por lo mismo que hace Microsoft. ¿Se deberá a que los primeros tienen una mala estrategia de venta de sus productos? ¿Tendrá algo que ver con la calidad real de ambos productos? ¿Tan malo es el producto de uno, o tan bueno es el de otro, para que esas diferencias se expongan de forma tan diferente?

Se ha conseguido vender casi todo, incluso que no sea cierto, de Apple. Su fiabilidad, la inexistencia de virus, su facilidad a la hora de crear contenidos digitales (iBooks Author está bien, pero no para echar cohetes) e, incluso, la posibilidad de pertenecer a una clase social diferente por usar ese tipo de productos. Medias verdades que esconden realidades como los tiempos de reparación, el coste oculto que supone la actualización anual a un nuevo sistema operativo (porque hay cosas que dejarán de funcionar o no te permitirán el uso de determinadas opciones nuevas), las garantías que no cumplen la normativa de la UE (sólo doce meses), etc.

Lo de Apple tiene tintes surrealistas. Una empresa que ha conseguido monopolizar el mercado educativo en muy poco tiempo gracias a sus «vendedores de producto desinteresados» y que, a pesar de no haber presentado ninguna innovación importante en los últimos tiempos (ver últimas presentaciones de los productos Apple y sus actualizaciones) consigue seguir siendo considerada como la empresa puntera que va a salvar la educación. Eso sí, el coste de esa supuesta salvación siempre se esconde tras la factura final del proceso.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

13 Comments
  1. Creo que se te ha colado un vudú donde querías decir gurú. Totalmente de acuerdo con el artículo. Creo que el pecado de Microsoft fue ser el primer dominador mundial y convertirse en una especie de Gran Hermano para una generación que siente simpatía por esos pequeños (Apple, Google…) que ahora son tan enormes como el gigante de Redmont.

    1. No se ha colado. Iba específicamente la palabra vudú (para referirse a temas más religiosos que de gurusismo). Para muchos su iPad es un dios. Al mismo nivel que otros de los que pululan en las diferentes religiones. Un dios que pide, con su voz más suave y envuelto en finas telas, cada vez más ofrendas (en forma de actualizaciones, obsolescencia programada, etc.) para seguir satisfaciendo a más de uno. Y así nos va…

  2. Tiene que ser apple porque es una de sus líneas de «investigación» (o mejor dicho, negocio)
    Según la bio de Steve Jobs, sus objetivos son el entretenimiento personal, la comunicación y la educación. En educación la cosa iba sobre dispositivos que permitiesen el acceso a toda la información del mundo mundial, fáciles de utilizar (transparentes al usuario) y con aplicaciones ‘verificadas’ por apple que faciliten ese uso transparente.
    Apple es homogeneo, sus app pasan unos controles de homologación, su interactividad y conectividad ha sido orientada al uso educativo y su megamáquina de márqueting es muy eficiente.

    Personalmente nunca he usado un apple, salvo trastear un poco el iphone de alguien (con su permiso) y dudo mucho que llegue a comprar algo a lo que le tenga que instalar un programa llamado «jailbreack» para poder tener la sensación de ‘libertad’ que me dan otros SO

    Creo que está muy bien que exista apple y que vaya abriendo brecha en el mundo educativo con sus apps y sus conectividades, eso permite que otros desarrolladores se fijen en el graaaaaan nicho de negocio que supone la educacióndigital y vayan liberando aplicaciones similares.

    De todos modos, por buena que sea la herramienta, lo que cuenta es el cerebro que la maneja, y créeme, yo he visto hacer filigranas con un trozo de botella de cerveza y unas maderitas, que yo no sabría reproducir en un torno (ni que fuese con CN)

    Salut!

    1. No se discute en el artículo la necesidad de que haya el máximo de opciones tecnológicas para el mercado educativo. Tampoco que haya empresas (no sólo ha sido Apple, ya que la fundación de Bill Gates también hace sus pinitos) que pretendan gestionar la Educación. Lo que sí es triste es caer en las garras del pensamiento que alguien que se dedica a fabricar aparatos tenga la varita mágica de la mejora educativa. Una mejora educativa que, para más de uno, pasa por los iPads. ¿Y cuándo esos aparatos no funcionen -como ha pasado con los netbooks de la Escuela 2.0- tendremos que probar otra cosa? Hacer experimentos con el dinero de todos (impuestos) o de las familias es algo que debería ser mucho más meditado de lo que se está haciendo.

      Totalmente de acuerdo con tu última frase. El cerebro, por mucha maquinita que se le dé, siempre va a ser lo prioritario. Algo que muchos no ven o no quieren ver (el humo mediático tecnoeducativo hace muchísimo daño).

      1. Que no funcionen? Ô.Ô
        Supongo que debe ser cosa del uso que se le da y del cuidado con que se tratan, yo sigo teniendo operativa mi primera PDA (Una Airis) ya no hay soft ‘nuevo’ pero sigue haciendo sus funciones a la perfección.
        También te escribo desde uno de los primeros netbooks, un asus eeepc en el que me he atrevido a poner ubuntu 13.04 y salvo algún contratiempo con flash y algún otro plug-in va de coña.

        Lo que «no va» es el no entender que una herramienta sirve para un uso y si ese uso sigue siendo válido, por más colorines y touchscreens que tenga el nuevo cacharro, sustancialmente no va a ser diferente.

        Pero ‘ca u, és ca u i ca dos, una piragua’ (pronunciar en valencià 🙂 )

        Salut!

  3. Totalmente de acuerdo contigo Jordi. Si queremos una educación libre que potencie la investigación, necesitamos alimentarnos con algo más que manzanas. Un abrazo, Mila

    1. El iPad es la dieta Dunkan de la tecnología educativa. Muchos la ven maravillosa, aunque los médicos lo desaconsejen por sus consecuencias a medio/largo plazo.

    1. Hay muchos ejemplos de falta de apertura de los dispositivos estancos de Apple. Eso sí, siempre existirá el docente que considera su aula como su templo y, es por ello, que este tipo de dispositivos tienen un nicho de potenciales usuarios único. Un nicho que no sirve de mucho en plena sociedad del conocimiento (aperturista y de compartir experiencias) pero que sirve para perpetuar prácticas docentes.

    1. Los defensores de algunos modelos más relacionados con la introducción de tecnología que con la mejora de la calidad educativa también lo hacen. Pero, como mínimo, ellos lo disimulan 😉

  4. Estoy de acuerdo contigo pero a medias.
    Soy «consumidor» de aparatos Apple, que por cierto van muy bien, pero por su precio, su política de actualizaciones y sincompatibilidades no lo recomendaria en Educación.
    Para preparar mis classes lo hago con software libre que funciona muy bien también y economicamente es muy barato con un sin fin de personas que actualizan y/o mejoran dia a dia.
    En mi comunidad, por ejemplo, empezaron un proyecto para tener un Sistema Operativo propio, creado por y para las escuelas catalanas. Me refiero a Linkat, un SO basado en Ubuntu, por desgracia muy pocos centros lo usan.

    Con todo esto quiero decir que no hace falta usar ni Windows ni Apple para que nuestros alumnos reciban una «educación» de calidad… Eso sí, es muy urgente que mejoran la conectividad a Internet.
    Saludos.

    1. No discuto la calidad de los productos de Apple ni sus potencialidades para ser implementados en el ámbito educativo. Lo que sí que me permito discutir es la necesidad de establecer actitudes monopolísticas, avaladas por demasiados docentes, en un contexto donde la libertad de elección, la necesidad de conocer opciones y, principalmente, la versatilidad de otras herramientas (no sólo digitales) hacen que resulte contraproducente lo que está pasando con el iPad (por poner un ejemplo).

      Hay algo que se me escapa, y es la fascinación que un dispositivo, sin datos contrastados de eficacia (más allá de experimentos controlados en contextos homogéneos -mismo poder adquisitivo de los padres, niveles socioculturales similares, etc.-). Unos datos que, si añadimos los que nadie se atreve a publicar por dañar la tecnofilia imperante en la mediatización educativa, como son las tasas de rotura (cercanas al 40% en los centros que han optado por iPad -sólo hace falta darse una vuelta por la red-) y el uso real (poco diferencial respecto a lo anterior) que se da de los aparatejos, debería hacernos replantear muchas cosas. No sólo sobre la «manzanita»… sería cuestión de revisar también todos sus allegados. Pero, ¿qué pasaría con las experiencias innovadoras de muchos? ¿Qué pasaría con el coolismo educativo? Porque, no lo olvidemos, se opta fundamentalmente en el ámbito educativo por productos de Apple por lo guay que se queda (al menos más que con las otras alternativas) frente al gran público.

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