Por su tapa un libro no deberéis juzgar

Hay personas que tienen prejuicios. Personas a las que les encanta personalizarlo todo y convertir, desde el simple debate ideológico hasta los números objetivos, en algo que va a depender de quién o dónde lo diga. Ya no entro en aquellos que se quedan con los titulares y rehuyen la lectura del texto completo. Esos ya estarían a otro nivel.

Fuente: Desconocida

Cuando uno usa el enfrentamiento personal o acude al «pobre de mí» para intentar imponer sus opiniones tiene un problema. Bueno, el problema lo tiene, en ocasiones, la falta de discursos o la necesidad de, en muchas ocasiones, salir a ganar sí o sí. A veces hay debates que se pierden. A veces hay profesionales, yendo a mi ámbito profesional, con los que no se comulga en todo lo que dicen o proponen pero sí en ciertas cuestiones. No es malo comprar parte de los discursos. No es malo tampoco pensar que, a pesar que haya cuestiones indefendibles, se puedan intercalar cosas que aportan valor añadido a la educación.

Cuestionar a los personajes (o a lo que representan) es sano. Lo que no lo es, es llevar ese cuestionamiento a lo personal o prejuzgar que, ya todo lo que van a decir, es malo porque lo digan ellos. Hay veces en los que hay aportaciones interesantes. Aportaciones más allá de la tapa con la que algunos les apetece quedarse. Claro que no puede comprarse todo en bruto por bien que te caiga la persona que propone ciertas cosas. Lo mismo para la compra de cosas que venden otros que, en muchas ocasiones, dicen cosas que deben ser puestas entre muchos condicionantes. Incluso, hay veces en los que no puedes menos que enfrentarte a determinados discursos.

Prejuzgar siempre es poco positivo. Quedarte en lo que te vendan terceros o, simplemente, anclarte en un bando de forma inamovible, tampoco lleva a nada. Es que, al final, uno se olvida de las realidades para acudir a prejuzgar situaciones. Y prejuzgar no es opinar. Prejuzgar ya es decir que algo es bueno o malo antes de leerse, con suerte, el primer párrafo más allá de la tapa de un libro.

¿Os imagináis juzgar a alguien por lo bien o mal que os cae? ¿Habéis pensado en qué sucedería si alguien estuviera condenado o absuelto previo a un juicio sin escuchar a las partes? Pues eso.

Mirar más allá de la portada exige un esfuerzo. Plantearse en comprar un libro de autores desconocidos o de alguien que, ideológicamente esté en nuestras antípodas, es algo que todos deberíamos hacer. No solo comprarlo. Habríamos de hacer el esfuerzo de leerlo. En ocasiones hay cosas que nos pueden llegar a aportar.

Esto de prejuzgar a las personas por lo que hicieron sus abuelos o padres es algo muy preocupante porque, sinceramente, si usáramos ese rasero nos encontraríamos con muchos descendientes de antiguas dictaduras porque, vamos a ser claros… un dictador no muere en la cama si no hay una mayoría de su pueblo apoyándole.

Por favor, dejemos de prejuzgar y creer que todo el mundo nos prejuzga. Hablemos de hechos y abandonemos el victimismo ideológico. Eso sí, por favor, que cuando uno cuestione algo lo haga desde lo que se dice o lo que hace intentando no tirar a lo personal porque, al final, al menos en las redes sociales, en muchas ocasiones el personaje tiene muy poco que ver con la persona aunque a algunos les guste interesadamente confundirlo.

Ya si eso sigo reflexionando acerca del tema porque, por lo visto, es algo realmente complejo.

Dedicado a todos aquellos que tienen tendencia a prejuzgar y que, por ese motivo, creen que todo el mundo les está prejuzgando. Hay vida más allá del victimismo y la victimización.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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