Premios al mejor (sic.) docente de España

No entiendo a día de hoy las ganas de algunos de autoproponerse o que les propongan a premios, organizados por entidades bancarias, multinacionales o, simplemente, entramados de venta de productos armamentísticos. No me cabe en la cabeza que alguien pueda buscar, a toda costa, el reconocimiento de su tarea profesional participando en un puto concurso educativo, gestionado por intereses alejados de lo que debería ser la educación y, participado a partes iguales por quienes ofrecen ese reconocimiento como por quienes, libremente, eligen participar en el circo. Docentes innovadores, Global Teacher Prize, blogs más molones y un largo etcétera de premios para satisfacer los egos de demasiados que surgen cual setas en el mundillo educativo. Y siempre hay docentes dispuestos, con independencia de las connotaciones, a hacerse la foto, publicar en las redes sociales sus nombramientos como finalistas o simples nominados agradeciendo, sin ningún tipo de sonrojo, aparecer en determinadas listas. Son las listas de la fama docente. No reflejan una mierda pero, por lo visto, molan mazo.

Fuente: https://www.mundoeduca.org

Hay mucho docente que ha convertido su blog en un simple lugar donde ofrecer sus servicios. Asesoramiento a centros educativos, formación a docentes, cursos de mindfulness, realización de la página web o, simplemente, desfile en ropa interior para el solazamiento de los que puedan acudir a verles. Escriben reseñas falsas acerca de productos y/o servicios educativos, alaban a determinadas empresas porque reciben, a cambio, un bonito pago e, incluso, alardean del número de lectores del blog o seguidores en las redes sociales para que les contraten. El problema de algunos es que, por desgracia, no pueden largarse a tiempo completo del aula y, por ello, deben cuidar su marca personal hasta el mínimo detalle. Por cierto, ¿os habéis dado cuenta que algunos docentes se han hecho hacer su página web por una empresa y que, en caso de tener blog de aula, lo descuidan frente a su escaparate virtual?

Seguro que algunos tienen muy claro su objetivo en esta vida: el medrar para salir del aula. No es malo. No es malo participar en concursos educativos, desear que te nombren el mejor (sic.) docente de las Antillas o, simplemente, encontrarte con la posibilidad de sacarte unos eurillos extra haciendo trabajos fuera de tu profesión principal. El gran problema de lo anterior es que, en muchos casos, esos soñadores en el escaqueo acaban pringando a sus compañeros y perjudicando el aprendizaje de sus alumnos. Claro que todos los docentes tenemos derecho a cogernos días para irnos a evangelizar marmotas o, simplemente, irnos a un país lejano a hacernos una foto con alguno de esos gurús internacionales que jamás pisó un aula. Claro que sí. El único problema es qué hacemos con los alumnos. Y no, la culpa no es sólo de la administración porque, si yo como docente esta semana me cojo el lunes, la que viene el martes y el jueves y, a la siguiente vuelvo a repetir la serie, me encuentro con el nombramiento de seis sustitutos mensuales. Lo que, al final, supone que los alumnos de ese docente tengan, a lo largo del curso, cerca de cincuenta personas diferentes que le han dado clase. Sinceramente nunca he entendido cómo se puede dar permiso a un docente para que se vaya a evangelizar. Otra cuestión son temas de salud o problemas familiares.

La verdad es que no entiendo que gana un centro educativo teniendo docentes «estrella» que, en lugar de dar clase se van de ruta evangelizadora. No creo ni que sean los mejores docentes del centro ni, tampoco, me cabe en la cabeza que alguien pueda decir que son grandes profesionales. Hay profesionales como la copa de un pino que, para no perjudicar a los alumnos, han decidido libremente dejar de dar clase por una temporada. Es muy cómodo cobrar cada fin de mes y buscar largarte mientras allanas el camino desde un trabajo donde cobras a final de mes. El problema es que perjudicas a terceros. Y no, no es sólo la incapacidad de la administración de sustituir desde el primer día (algo, simplemente, imposible a nivel de gestión). Es no entender algunos cuál es su objetivo profesional. Un objetivo muy alejado de la satisfacción de egos y muy relacionado con dar clase (y que nadie entienda dar clase como sólo dar el temario).

Me da la sensación que tenemos algunos personajes que aún no se han enterado de quién cobran y para qué. Creo que tampoco entienden que ese reconocimiento vía premio que tanto ansían tiene muy poco que ver con su profesionalidad como docentes porque, al final, preocuparse más por el premio personal y personalizado que por otro tipo de cuestiones, tiene su repercusión en el aula y en su centro. No es que sus compañeros les tengan envidia y que los padres acaben quejándose ante, sus cada vez más clamorosas ausencias; es que tienen muchísimo morro y algunos están hasta más allá de lo indecible de cubrir sus guardias o ver como sus hijos no aprenden. Cómo van a aprender si no tienen docentes y lo único que tienen, en el caso que comento, son aspirantes al Hollywood educativo.

No es una crítica, como he dicho antes y llevo muchísimo tiempo diciendo a los que, libremente, han decidido labrarse un futuro fuera del aula. Tampoco es una crítica a aquellos que consideran el participar en premios educativos como necesidad vital. Sí que es una crítica a todos aquellos que han pervertido la educación hasta convertirla en una venta de marca personal y que, por suerte, sólo te los encuentras en Twitter y, en ocasiones (a menos que el centro educativo esté dirigido por equipos directivos muy raros) aislados en sus ordenadores mientras planifican, a lo largo de la clase, cómo deben dar la ponencia de mañana, qué premio hay y cuántos seguidores ganan o pierden en Twitter. Sus alumnos, por suerte, van a tener a lo largo de su trayectoria educativa otro tipo de docentes bastante más serios y profesionales en su trabajo porque, trabajar más cara a la galería y decir las maravillosas cosas que uno ha planificado para su aula, acaba siendo una simple declaración de intenciones que tiene muy poco que ver con la profesionalidad de uno como docente.

Un detalle... la profesionalidad de un docente no debería medirse por lo premios que uno recibe, la mediatización que uno tiene o la cantidad de visitas a su blog. Es algo mucho más complejo que lo anterior porque, la profesionalidad de uno como docente, sólo se puede valorar en el aula.
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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