Premios docentes

Llevo mucho tiempo cuestionando qué subyace tras los premios educativos. Incluso, como algunos ya sabréis, rizando el rizo del despropósito, hace un año acepté uno porque me permitió usar esa entrega para decir algunas cosas que, en más de una ocasión, he expresado tanto por aquí como por las redes, delante de algunos de quienes gestionan la educación en mi Comunidad. Ahora, mirado en perspectiva, creo que fue un error haber aceptado. Bueno, tampoco voy a flagelarme a estas alturas porque de errores he cometido a cientos y, muchos más voy a cometer. Más siendo como soy.

Fuente: Pixabay

Me preocupa el asunto. Ya no es solo quién hay detrás de la mayoría de ellos, el ver como algunos supeditan todo su trabajo a la obtención de un determinado premio o, simplemente, como tras los premios se ignora el trabajo de esos miles de docentes que, por desgracia, no tienen un altavoz mediático detrás. Lo realmente importante es el sentido de un premio a un docente por hacer su trabajo. ¿Os imagináis en otros ámbitos que se pusiera a dar premios al reponedor más hábil? ¿Al juez que tiene los casos con mayor repercusión mediática? ¿Al abogado que ha conseguido la libertad de un preso que se hallaba en situación muy complicada? ¿Os imagináis si esos premios tuvieran la misma visibilidad -o se les dotara de la misma- que lo que se está haciendo con los docentes? ¿De verdad os imagináis un juez que deja la judicatura para defender maneras de juzgar después de haber sido nombrado al Global Judge Prize? Pues yo es que no lo veo. Creo que lo de hacer bien tu trabajo ha de ser al margen del premio que puedes obtener por lo anterior. E iré más lejos, creo que todo lo que signifique premios en el ámbito educativo que no incluya a los alumnos no tiene ningún sentido. Ya si eso pongo muy matizable el tema de los alumnos porque, sinceramente, creo que a nadie le deben comprar una moto por haber aprobado cuarto de ESO. Es su obligación. Al igual que la nuestra, como docentes, es procurar que nuestros alumnos aprendan. Bueno, ahora la mía tampoco la tengo muy clara. Todo se andará porque acabo de aterrizar. O eso espero.

Me da la sensación que todo el tema de los premios se ha ido de madre. Además, lo más risible del asunto es que, en muchos casos, hay docentes que se prestan a hacer publicidad de las empresas o entidades que hay tras los mismos, sin obtener nada a cambio más allá de una nominación en un blog o, en caso de resultar ganadores, un simple papel. La verdad es que nos vendemos por poco. Como no sea que haya algunos que quieran convertirse en el próximo gurú de a tres mil euros la conferencia, no lo entiendo. Menos aún estar sometidos a la crítica necesaria en estos aspectos, por una simple foto. Algo no me cuadra. Bueno, que hemos perdido el norte en la educación ya es algo archiconocido. Al menos, en la parte más mediática del asunto.

También me parece un poco extraño que algunos defiendan determinados premios porque permiten dar voz a los docentes. Acabáramos. Seguro que todos los finalistas a esos premios hablan acerca de la cantidad de recursos que han esquilmado a la educación, de los recortes, de las necesidades de mejoras sociales o, simplemente, defienden la necesidad de luchar contra determinadas lacras que están sucediendo alrededor del globo. Es que me imagino la final de Miss Universo y le veo muchos parecidos. Lo de la paz en el mundo es interesante. Más aún si se gamifica o flippea. No me lo toméis a mal pero, a veces, me da la sensación que el personal se suma al carro de ciertas cosas porque se han mediatizado hasta la saciedad. Si solo son percepciones mías, disculpadme.

Los premios docentes me demuestran que tenemos algunos personajes que aún no se han enterado de quién cobran y para qué. Creo que tampoco entienden que ese reconocimiento vía premio, que tanto ansían, tiene muy poco que ver con su profesionalidad como docentes porque, al final, preocuparse más por el premio personal y personalizado que por otro tipo de cuestiones, tiene su repercusión en el aula y en su centro. Por cierto, que nadie me malinterprete porque tengo claro que ni son todos los que se postulan a los premios ni todos los que salen nominados. Más aún, estoy convencidos de que la mayoría son excelentes profesionales.

No es una crítica, como he dicho antes y llevo muchísimo tiempo diciendo a los que, libremente, han decidido labrarse un futuro jugando al juego de la mediatización. Tampoco es una crítica a aquellos que consideran el participar en premios educativos como necesidad vital. Sí que es una crítica a todos aquellos que han pervertido la educación hasta convertirla en una venta de marca personal y que, por suerte, sólo te los encuentras en Twitter y, en ocasiones (a menos que el centro educativo esté dirigido por equipos directivos muy raros) aislados en sus ordenadores mientras planifican, a lo largo de la clase, cómo deben dar la ponencia de mañana, qué premio hay y cuántos seguidores ganan o pierden en Twitter. Los demás hacen lo que les dice su contrato. Un contrato que habla de dar clase y procurar que los alumnos aprendan.

¿Os imagináis que en otros colectivos hubiera la profusión de premios que han surgido últimamente para docentes? Que si innovadores, que si flippeds, que si másters del Universo, que si el Dinio del aula,… La verdad es que si no fuera por lo que implica, algunos nos echaríamos unas risas.

Un detalle importante, a tener en cuenta, antes de finalizar el post: «este tipo de mediatización no beneficia en nada a la educación de este país». Así que, toca posicionarse.

Seguro que sale alguien con el tema de los premios literarios. No, no tienen nada que ver. Y es fácil de saber el porqué.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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