Profesiones relacionadas con la educación

Sorprende ver la gran cantidad de negocios que han surgido relacionados con la educación. Son tantos que, a veces, a uno se le despista si realmente la educación sigue siendo eso que permite el aprendizaje de los alumnos o, simplemente, un modelo piramidal de negocio. Es que, sinceramente, si uno pone la lupa en el asunto puede encontrarse cientos de negocios y chiringuitos, más allá de los ejemplos que voy a poneros a continuación.

Fuente: ShutterStock

Una de las profesiones mejor remuneradas es la de charlatán, autodenominado gurú o evangelizador, que copa todas las ponencias y medios de comunicación. Con cuatro charlas de una hora a la semana, hay algunos que multiplican el sueldo de un docente por un número interesante. Especialistas en no pisar charcos, en soltar frases prediseñadas (que podemos encontrar en nuestro buscador favorito) y, en muchas ocasiones, sin ninguna experiencia real en la docencia. O, al menos en esa docencia no universitaria cuyas charlas dan pingües beneficios. Una profesión en auge porque viendo la gran cantidad de personajes, que surgen cual setas en buena temporada, tiene aún un nicho de negocio interesante. Además, seamos sinceros, el coste de mantener el negocio es entre cero y ninguno. Bueno, más allá de que ya seas un top del vodevil y, por motivos obvios de gestión y relación con los medios, debas pagar a un relaciones públicas y a un secretario.

Relacionado con la profesión anterior, existe la de coach educativo. Sorprende ver la gran cantidad de ofertas de «coach» en diferentes aspectos de la profesión que están surgiendo. Incluso algunos docentes de aula ofrecen su «dilatada» (ya, no son los que más años llevan en el aula) experiencia para asesorar a sus compañeros a un módico precio. Sin ninguna formación, más allá de con suerte un título de Magisterio o Licenciatura en Farmacia, se atreven a decir cómo se debe dar clase, cómo se puede lidiar con alumnos conflictivos e, incluso, cómo puedes encontrar la paz interior en una clase de segundo de ESO o FP Básica para no plantearte asesinar a alguno de esos angelitos que te la lían cada dos por tres.

Sigo, si me permitís, con otra profesión que, últimamente, está en boga: la de mago o payaso educativo. Por lo visto hay algunos que viven de hacer magia y contar cómo consiguen hacer de Tamariz, en versión de muy aficionado, en sus aulas. No olvidemos que ya hay cursos de formación acerca del uso de la magia en el aula y otras que, por lo visto, imparten payasos en activo. En muchos eventos educativos aparecen esas figuras para dotarlos de un poco más de caché. Bueno, viendo a los ponentes no me extraña que el payaso o el mago sean quienes más saben de educación.

¿Y los profesores de baile? Si hasta las monjas de ese colegio que cree en las inteligencias múltiples se atreven a arremangarse las faldas, hasta el punto adecuado de recatamiento, para hacer un gran baile. No hay evento educativo sin su baile. No hay evento fin de trimestre en los centros sin que docentes se pongan a bailar frente a sus alumnos en una ensayada coreografía. A ver si no hay negocio para esos que enseñan a mover el esqueleto.

También tenemos a los neuroeducadores. Personajes sin ninguna formación en neurociencia, medicina o psicología, que se permiten hablar de cómo la configuración del cerebro va a dictar la manera de trabajar con nuestros alumnos. No hay más que ver la gran cantidad de memos que acuden a sus charlas y, complementando las mismas, también podemos encontrarnos a arquitectos venidos a menos con la crisis, reconvertidos en expertos de mindfulness. Dos negocios muy interesantes.

Los que montan una academia virtual también estarían incluidos como nuevo modelo de negocio. No sé de dónde les da el tiempo a algunos, entre clases, charlas en horario lectivo o grabación de vídeos pero, por lo visto, cada vez son más los docentes que se montan un chiringuito de esos.

¿Me permitís relacionar a los profes youtubers? Dejadme también mezclarlo con el modelo de negocio que subyace tras los materiales, certificados y cursos de experto en flipped classroom. Los flippeds también hacen negocio. Además, su profesión es prima hermana de la de youtuber. Por tanto los pongo en el mismo pack.

También tenemos como modelo de negocio a los que hacen libros de texto (sí, algunos de los que escriben libros para determinadas editoriales, incluso se atreven a decir después que los libros de texto desprofesionalizan al docente), a los políticos que gestionan la educación (en la Comunidad de Madrid están algunos sacándose unos cien mil euros anuales) y, a los que montan másters de «cosas» (inteligencias múltiples, innovación educativa, etc.).

No querría dejarme a los que tienen un blog educativo en el que solo anuncian productos de terceros (sin decir que son artículos promocionados), a los escritores de libros de autoayuda para el docente, a las empresas de catering que traen comida a determinados edueventos, a los propietarios de centros educativos privados (especialmente los que tienen el salario de sus trabajadores y los gastos de mantenimiento pagados por todos), a los que gracias a la presión de algunas religiones tienen puesto de trabajo fijo para poner vídeos y, como no, todas aquellas profesiones que están pugnando por llevarse parte del pastel (academias de idiomas, de repaso, preparación de oposiciones, de método Kumon, etc.).

Sumemos a lo anterior a las editoriales y a los que hacen las pruebas PISA, amén de todas aquellas empresas que llevan las aplicaciones informáticas de las administraciones educativas, para hacernos una idea de la gran cantidad de dinero que mueve la educación. Y, además, por lo visto da mucho trabajo a algunos. Eso sí, de mejorar la educación como servicio público, fin social o, del aprendizaje de los alumnos, ya hablaremos otro día.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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