Pureza

Es imposible ser puro. Hoy que he puesto mi nuevo libro al lado de las lavadoras, me ha tocado volver a enfrentarme con una realidad que, nos guste más o menos, hace que cualquier lucha titánica se convierta en pura utopía. No es solo lo anterior. Es ver la dependencia de los bancos a la hora de comprar una casa, de determinadas multinacionales de telecomunicaciones si queremos tener conectividad o, simplemente, de determinadas tiendas que por desgracia, sabemos que ni pagan los impuestos que debieran ni, lamentablemente, remuneran correctamente al trabajador. Claro que uno puede prescindir de comer en determinados lugares pero, ¿sabemos a ciencia cierta que el restaurante al que vamos no explotan a sus trabajadores? ¿Tenemos claro que en un pequeña frutería las condiciones laborales son mejores que las de uno que trabaja en un gran supermercado? ¿De verdad podemos llegar a juzgar tanto? ¿De verdad podemos ser tan puros para hacer investigación continua acerca de las decisiones que tomamos? ¿De la ropa que compramos? ¿De las herramientas que usamos a diario? ¿De las personas con las que nos relacionamos?

Fuente: ShutterStock

Resulta harto complejo pretender que alguien mire más por la sociedad en su conjunto que por sus hijos. Ya no digo por ellos mismos como personas. Digo por algo que es lo que más se quiere. Por tanto, ¿debemos juzgar a los padres que toman determinadas decisiones que, supuestamente, lo hacen por el bien de sus hijos? Claro que puedes intentar contraargumentar pero, al final, las dinámicas son las que son. Y la pureza, por mucho que pretendamos llegar a ella, una simple quimera.

No renuncio ni renunciaré a mis ideas (o ideales). Quizás, al igual que me suceda en estas elecciones, toque votar con un par de pinzas en la nariz o, simplemente, escoja entre el menos malo de los productos que se me ofrecen. Al final es todo cuestión de necesidad. De satisfacer necesidades básicas. De la necesidad de pertenecer a una sociedad en la que, por muchos motivos, hay problemas para que sea configurada de otra manera. Eso sí, ello sin dejar de creer en que otra sociedad es posible. En intentar, dentro de nuestras limitadas posibilidades, poner ese granito de arena para que, al menos, podamos aportar algo para que, según nuestra opción, se vaya vislumbrando una luz al final del túnel. Y recordar siempre que ese túnel jamás va a ser el mismo para todos porque cada uno piensa y decide libremente.

Ya sé que no es un post que siga el modelo de cómo escribo o acerca de qué escribo pero, en ocasiones, uno debe reconocer que quizás, en ciertos momentos de la vida, uno actúa en contra de sus creencias porque, por suerte, el ser humano es tan racional como incoherente. Porque, en definitiva, siempre hay momentos en los que uno no puede ser puro porque, en ciertos momentos, también le apetece tomar la vía más cómoda. Y seamos sinceros, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Eso sí, ir de pecador por la vida ya es harina de otro costal.

Soy imperfecto e impuro y no me avergüenzo por ello.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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2 comments

  1. Clara Muñoz 5 marzo, 2019 at 21:29 Responder

    Creo que, si queremos lo mejor para las generaciones futuras, de lo que se trata es de trabajar para que tengan un futuro mejor que el que se les está preparando. La fórmula, desde luego, no es sencilla. Cada día me pregunto cómo hacerlo. La ”pureza” … (de raza, de María, del agua, del color, ..? )

    • Jordi Martí 10 marzo, 2019 at 11:14 Responder

      La idea está clara y la resumes perfectamente bien… “trabajar para que tengan un futuro mejor para el que se les está preparando”. O, más bien, para el que se les está educando, llevando o, con mayor o menos disimulo, adoctrinando (en el sentido del contexto).

      Un saludo y gracias por comentar.

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