¿Qué debería incluir la nueva ley educativa?

Ya, ya sé que soy un simple docente de aula y, al igual que las de mis compañeros, mis opiniones acerca de lo que debería hacerse en el ámbito educativo, van a ser consideradas entre cero y ningún segundo por parte de los responsables de la administración educativa. Tengo muy claro que, por desgracia, a los que nunca se consulta ni se tiene en cuenta para mejorar o postular propuestas que puedan servir para el aula, somos los profesionales que trabajamos en ella. Es por ello que, en lugar de estar reuniéndome -o estar reuniéndose alguno de mis compañeros, seleccionado por un simple sorteo (sí, la mediatización de un docente no está relacionada con la cantidad de ideas que pueda aportar), con el Ministro de Educación o los Consejeros del ramo, voy a escribir en este blog algunas ideas inconexas, espero que constructivas, acerca de algunos puntos que debería incorporar el nuevo articulado. Ya sé que nadie de los que debieran hacerlo lo va a leer pero, como profesional del ramo me veo en la obligación de hacerlo. Sí, no vale decir que ya me preguntarán porque, al final, nunca lo van a hacer.

Fuente: Flickr CC

En primer lugar tengo claro que debería reformularse el sentido que emane de la nueva ley de lo que supone la educación. Existe la necesidad imperiosa de plantear necesidades de padres o empresariales (sí, la típica coletilla de preparar a los alumnos para el mundo laboral siempre viene, más o menos explícitamente, incorporada) y jamás la de plantear la educación como un futuro cambio social. Es por ello que se hace necesario que el preámbulo de la misma incorpore los derechos de nuestros alumnos y la necesidad de aislar lo que sucede en los centros educativos de poderes externos a la misma. Con ello no se excluye la necesidad de trabajar en las aulas desde el contexto pero sí la obligatoriedad de pensar exclusivamente en los alumnos con independencia de la empleabilidad futura que puedan tener. Hablar de empleabilidad en etapas obligatorias de aprendizaje es una perversión del sentido de lo que supone la formación. Y sí, cuando me refiero a formación no me refiero sólo a la académica.

También se debería delimitar claramente qué entidades o personas pueden ofertar el servicio educativo. Conviene hablar de homeschooling, cooperativas, fondos de inversión que compran centros educativos para especular y, otros centros gestionados por organizaciones muy marcadas ideológicamente. Se debe hablar claro de una vez y decir qué vamos a permitir y qué no a nivel de gestión educativa planteándose de una vez quién debe emitir los títulos y bajo qué condiciones el alumnado que acude a centros que no gestiona directamente la administración educativa puede obtenerlos. Sí, estoy hablando de que sea sólo el Estado quien ofrezca esos títulos mediante pruebas externas a aquellos que hayan optado por otro tipo de educación diferente a la que ofrece. No, no estoy negándome en ningún momento a que los padres puedan elegir dónde llevan a sus hijos. Eso sí, delimitando muy bien qué son centros privados y qué son centros públicos, la libertad de los padres y, cómo no, el derecho de los ciudadanos a pagar con sus impuestos exclusivamente centros de gestión pública. Además, plantear lo anterior está mucho más acorde con la Constitución que lo que hay ahora. Eso sí, siempre con la obligatoriedad a la administración pública de velar por la seguridad y derechos de los niños que estén escolarizados en uno u otro sistema.

Muy relacionado con lo anterior está el currículum. Si permitimos la oferta privada del servicio, es de lógica que, más allá de la existencia de una prueba de validación final (se puede considerar cuándo y de qué forma se realizaría) en esos centros, debe permitirse que los mismos regulen su propio funcionamiento. Es por ello que debería permitirse total libertad de estructuración curricular en esos centros de gestión privada porque, más allá de la oferta educativa que se realice en los mismos, al no estar financiados con dinero público debería permitírseles su total autonomía. Autonomía curricular que no pedagógica porque la pedagógica debería ser decidida en cada uno de los Claustros. Por cierto, si un alumno de un centro privado o un homeschooler quiere volver al sistema educativo público debería facilitarse grupos de adaptación en los centros públicos para que, en caso que hubieran planteado un currículum al margen del oficial, pudiera adaptarse rápidamente al mismo.

Relacionado con lo anterior está la necesidad de plantearse el tema de los agrupamientos por edad, qué asignaturas debe incorporar la nueva ley y con qué distribución temporal y, cómo no, ver si el sistema de centros educativos de CEIP e IES funciona o debe plantearse otra tipología de centros. Y yendo más lejos si debemos reformular la tipología de docentes que den clase en los mismos o la necesidad de cambiar a los doce años de centro educativo. ¿Por qué no hablar también de si es necesaria la escolarización obligatoria hasta los 16, debemos rebajarla a los 14 o aumentarla hasta los 18? Sí, se puede hablar de muchas cosas. Y sí, seguro que ahora alguno me preguntaréis qué hacemos con la religión y su encaje en el currículum. Yo lo tengo claro… o abolir el acuerdo con la Santa Sede o, si quiere mantenerse, devolverle el estatus de que no cuente para la media y plantear su oferta los sábados para aquellos que lo elijan. Sí, ganamos horas libres para el alumno que no quiera cursarla porque, sinceramente, lo de los horarios de los chavales es infumable.

¿Y las optativas? ¿Y esa gran cantidad de asignaturas que aparecen porque, por desgracia, seguimos hablando de ciencias y letras en etapas obligatorias? Al haber planteado la posibilidad de que un alumno curse determinadas asignaturas (prefiero denominarlos módulos, como en FP, porque al poder matricularse en uno u otro el modelo sería similar) en cualquier momento, dejando para etapas de más madurez las que más le cuesten, por qué no eliminar de una vez la necesidad de taxonomizar al alumno entre ciencias y letras estableciendo un currículum, tanto para ESO como para Bachillerato idéntico para todos (pero que puede cursarse a su ritmo). Creo que ya está bien de plantear que uno debe hacer Matemáticas light porque quiere ser Filólogo y un Ingeniero debe desprenderse de la Literatura. No, no es de lógica porque la formación en etapas obligatorias debería de ser global y globalizadora.

Eliminar todo rastro de evaluaciones empresariales del sistema debería ser también un objetivo. No, la evaluación debe hacerse en cada uno de los módulos por los profesionales del mismo y, al llegar a etapas que certifiquen aprendizajes, plantearse un modelo único de evaluación que incluya las habilidades y capacidades que deben haber adquirido. ¿Estoy hablando de pruebas diagnóstico o de competencias básicas? No, estoy planteando un modelo que permita, para cada alumno que ha asimilado los conceptos, simplemente certificar los mismos. Y sí, al haber eliminado el agrupamiento por cursos, también se ha eliminado la promoción entre cursos con lo que ahorramos el dinero que supone la alta tasa de repetidores de nuestro país y podemos personalizar mucho más el aprendizaje.

Recordemos que, del planteamiento anterior, se infiere la necesidad de ratios menores (abriendo la posibilidad de la docencia compartida según elección del centro aunque, al estar trabajando por módulos es bastante complicado) y una gestión de los alumnos de forma muy individualizada porque nos podemos encontrar alumnos con el módulo cuatro de Ciencias que vayan por el dos de Lengua y otros que sea al revés. Es por ello que la gestión informática de los mismos debe estar muy bien diseñada por informáticos con el aporte imprescindible de docentes que sepan qué deben incluir los anteriores en el programa.

Ya, ya sé que me lío siempre que hablo sobre cambios en el sistema educativo pero, como tampoco nadie me va a llamar para pedirme mi opinión y, en caso que lo hagan tampoco van a hacerme ni puñetero caso, me puedo permitir el lujo de ser totalmente incoherente 🙂

Continuará…

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. A mí no me parece incoherente, más bien todo lo contrario. Ya podían leerte y hacerte un poco de caso… me ha encantado.

    Por cierto, no funcionan los RSS y tampoco la suscripción por email 🙁

    1. A mí me gustaría que hicieran más caso a los docentes que están en el aula porque, en determinadas profesiones -bueno, en todas- quien más sabe de la misma es el profesional.

      Solucionados los problemas con la suscripción por mail 🙂

      1. Ya recibí en el mail aviso del nuevo, si. Gracias!
        Debería ser obligatorio escuchar a los profesionales a la hora de legislar o regular en todas las profesiones, si. Pero no creo que se haga en ninguna, parece como si no interesara hacer las cosas bien. Supongo que si todas las fuerzas políticas llegaran a consensos estables y bien asesorados, no tendrían de qué discutir, y su existencia sería aún más cuestionada.

  2. Sólo un apunte al margen: los filólogos no estudian Matemáticas light sino que en el bachillerato van por el itinerario de Humanidades dentro de la modalidad Humanidades y Ciencias Sociales, y su troncal general exclusiva es Latín I. Así que aún es peor de lo que dices. En la ESO, la LOMCE pretendían que las Matemáticas Aplicadas no llevasen al bachillerato.

    1. Pues sí. Es un grave problema la sobreespecialización en etapas tan prematuras del aprendizaje. No, no es de recibo seguir teniendo un doble bachillerato que ningunea, en cualquier opción, un conocimiento global tanto de la parte más humanista como científico-matemática.

      Gracias por dejar tu comentario.

  3. Lo primero que tienen que entender nuestros políticos es que tiene que dar es estabilidad.
    Lo segundo, plantear la edad mínima. Yo voto por los 15…
    Y el resto, es hablar y negociar. Jordi, tus ideas tienen buena pinta.

    1. Tienes razón en el aporte acerca de la «estabilidad» ante cualquier articulado legislativo. No, no es de recibo cada cierto tiempo por motivos ignotos ir cambiando las reglas de juego que hacen que, por desgracia, el servicio ofertado cada vez sea peor al no tener tiempo de asentarse ni analizarse en condiciones.

      Hablar es positivo pero lo es aún más tomar en consideración esas palabras y plantearse hacer algo con sentido común alejado de intereses poco educativos.

      Un saludo Félix y gracias por pasarte por aquí.

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