¿Qué es dar clase?

Ayer me surgió una duda en esos debates que, a menudo mantengo en Twitter con otros docentes. En este caso concreto acerca de la acepción que debería darse a la cuestión de «dar clase». Dentro de un diálogo donde se empezó hablando de los libros de texto, pasando por la necesaria confección de los mismos por parte de los docentes (no, no es algo que defienda yo, ni mucho menos), llegamos donde se afirma tajantemente que algunos acostumbran a dar clase en el aula, de lo que se puede inferir que lo que, por desgracia hacemos algunos, no es para lo que nos pagan.

Fuente: Twitter
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Eso me lleva a la reflexión acerca de qué supone dar clase. Dar clase, ¿es seguir una programación diseñada a principio de curso sin tener en cuenta las características del alumnado? ¿Es plantear la concepción de docente que imparte sus contenidos procurando preparar a los alumnos para ir quemando etapas -pasar exámenes- a lo largo de su escolarización? ¿Es usar unos materiales propios o de terceros y unas metodologías que permitan que sepan mucho de nuestra materia? La verdad es que da la sensación que algunos tengan esa idea de lo que supone dar clase. Una versión, para mí, tan válida como cualquiera del concepto.

Yo me pregunto… ¿los que movemos bibliotecas en nuestras horas lectivas, pintamos con nuestros alumnos un aula vacía porque no tenemos dónde ponerlos, pasamos cables, montamos elementos multimedia, montamos armarios e, incluso, nos permitimos el lujo de llevar a los chavales a que gestionen un huerto escolar, estamos dando clase? O, ¿quizás estamos cometiendo el grave pecado de considerar la docencia como una estrategia para que nuestros alumnos aprendan y que puedan desenvolverse en la sociedad al margen de tanto determinismo absoluto acerca de qué hacer y cómo hacerlo? La verdad es que después de dieciocho años no tengo ni idea de dar clase. Sí, puedo sentarme en una silla, dar vueltas por el aula, escribir en la pizarra o proyectar determinados PowerPoints y jugar a ser un buen docente que da clase pero, sinceramente, lo anterior que he hecho en ocasiones -y no pocas al principio de la profesión- me aburre. Me aburre soberanamente no poder pasar de las clases para hablar de cosas que están sucediendo en nuestro contexto, contar chistes malos e, incluso, no poder decidir cuándo y cómo hacer las cosas porque me lo marca una programación que a la semana de dar clases ya está obsoleta.

Creo que por suerte la acepción de «dar clase» es personal e intransferible. No creo que quienes están en el aula quieran o queramos hacer lo peor para nuestros alumnos; creo que todos nos adaptamos y configuramos nuestra actividad docente a lo que nos dicta la heterogeneidad de nuestros alumnos y a nuestra concepción educativa. No creo que sea malo dar clase de una manera u otra y, estoy convencido de que la inmensa mayoría de docentes lo hace con las mejores intenciones posibles. No sé si yo suelo dar clase, lo que sí que sé es que me lo paso bien y lo hago de esta manera por el bien de mis alumnos.

Vosotros, ¿qué entendéis por dar clase? Yo, como habéis podido comprobar, estoy muy perdido en la respuesta.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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