¿Qué formación en TIC necesitan los docentes?

Una de las cuestiones más peliagudas cuando se hablan de formación del profesorado es la necesidad de definir qué tipo de formación va a ser la más adecuada. Una formación que debería estar basada en cubrir sus necesidades puntuales, de tal forma que la misma se revierta a las aulas de todos esos docentes que, a lo largo de unas ciertas horas, se dedican a formarse en aplicaciones y metodologías relacionadas con la implantación de las nuevas tecnologías. Bueno, más bien tecnologías que ya llevan tiempo con nosotros pero que, por desgracia, siempre van a ser consideradas como «nuevas» por el desastre, a todos los niveles, que ha supuesto su desembarco en las aulas. Pero bueno, vayamos a lo que nos interesa que es hablar del tipo de formación en TIC que necesitan la mayoría de los docentes de nuestras aulas…

Fuente: Néstor Alonso
Fuente: Néstor Alonso

En primer lugar debe ser una formación a demanda y adecuada al contexto de cada docente. No tiene demasiado sentido ofrecer formación descontextualizada sobre equipos o herramientas que va a ser imposible que utilicen en las aulas (por falta de recursos tecnológicos en el centro o por ser los recursos tecnológicos disponibles para el uso incompatibles con la herramienta que «va a solucionar todos los problemas»). Yo, sinceramente, a día de hoy sigo sin entender cómo desde las asesorías se permite que docentes que se sabe que están en centros donde no hay posibilidad de disponer de equipos móviles o, incluso con conexiones a la red más que deficientes, puedan matricularse en cursos de formación para saber, por ejemplo, usar iPads (o cualquier otra tableta basada en Android). No me lo explico. Llevo años viendo ese despropósito y sigo sin entender que se pueda ofertar formación -y destinar dinero a ello- para usar tecnologías que no van a poder ser implementadas en el aula. ¿A alguien le suenan los cursos de impresión 3D cuando en más del 99% de los centros públicos de nuestro país sólo existen dichos dispositivos si algún docente ha comprado de su bolsillo la impresora o ha conseguido sablear al secretario de turno? Pues sí, cursos haylos.

No tiene tampoco ningún sentido ofrecer formación finalista a nivel de temporización. ¿Qué sentido tiene ofertar paquetes de diez, veinte o treinta horas -los más habituales- de formación cuando, a lo mejor, sobra o falta tiempo? ¿Realmente es necesario temporizar y finalizar la formación o convendría tratar de dejar la formación abierta mientras sigan existiendo necesidades? Porque, muchas veces las dudas surgen una vez llevado al aula «el invento». Y si ya se ha acabado la formación se acaban las posibilidades de contacto directo con el «experto». Por tanto, los docentes necesitan formación en TIC atemporal y con un espacio virtual (y, por qué no presencial) donde poder consultar esas dudas cuando implementan las TIC en sus aulas.

Es importante también el contacto humano con el formador en TIC. Sí, lo virtual queda muy bien y permite reducir los costes de la formación pero, ¿nadie entiende que lo mejor sería tener una combinación de esa virtualidad con la presencialidad en los propios centros educativos? Además, ¿nadie ve las ventajas de disponer de futuras visitas del formador para que fuera viendo cómo se está aplicando lo que enseñó y que, tanto formador como formado, pudieran hacer mejoras en dicha formación?

Otra cuestión a revisar es quién gestiona los resultados de esa formación. No es suficiente con encuestas prediseñadas que evalúen la calidad de esa formación en TIC. Es imprescindible que, sea el responsable de la asesoría o el formador quien explique dicha evaluación a los docentes formados. No hay nada mejor que hacer una evaluación en abierto y transparente más allá de formularios de Google Docs que, la mayoría de docentes formados si no fuera porque son de obligatoria realización al finalizar la formación, no rellenarían.

Finalmente lo más importante cuando se habla de formación en TIC… olvidarse de la herramienta y plantear qué soluciones nos aportan su uso o qué metodologías nos permiten esas TIC tan divinizadas por unos y demonizadas por otros. Que, al final, lo de las TIC no es nada más que algo que debería ayudarnos a hacer las cosas en el aula de una manera más sencilla y establecer algunas mejoras en nuestras prácticas habituales. Obviar lo anterior es algo que, por desgracia, lleva a que la formación en TIC, en la mayoría de ocasiones, se haya convertido en una mera acumulación de cursos de formación sin ningún sentido.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. La formación docente debe estar encaminada a la metodología, no a las TICS, no tiene ningún sentido (como dice Jordi en su post) realizar una formación de ipads o tablets android, si luego no voy a saber como implementarlo en el aula (ya sea por problemas a nivel de centro: recursos, conexiones o por falta de formación metodológica). El año pasado me inscribí con mi centro en el plan de cultura digital (Territorio MEC), nos vendieron la moto preciosa, íbamos a tener formación (metodológica y TIC), ordenadores y tablets para todos los alumnos y un largo etcétera (a Jordi le sonará lo que estoy contando). Nuestro requisito era utilizar metodologías activas en el aula junto con el uso de las nuevas tecnologías. Empezó el curso, y nos dijeron que seguramente la formación se retrasaría. Pero nos emplazaron a hacer una evaluación inicial a los alumnos para determinar el nivel de competencia digital, nos mandaron una prueba estandarizada que no había por donde cogerla. Tuvimos serias dificultades durante todo el curso para implementar las nuevas tecnologías en el aula, no teníamos formación ninguna, utilizar el ordenador con los alumnos para que lleven a cabo una serie de ejercicios a través de aplicaciones es lo mismo que mandar ejercicios del libro. No tiene ningún sentido. La formación llegó tarde, pero llegó, y gracias a los asesores de formación de mi ciudad, pudimos sacar el proyecto adelante. Nos enseñaron a manejar ciertas aplicaciones, y posteriormente a través de la metodología de aprendizaje cooperativo, pudimos implementarlo en el aula, suprimiendo los clásicos exámenes por retos donde se trabajaba de manera individual y cooperativa. Soy de la opinión que el cambio está en el «cómo» no en el «qué», en cómo enseño al alumnado, las tic no son más que meros instrumentos, que ayudan a que los maestros enseñen y los niños aprendan con más facilidad.

    Un abrazo a todos.

    1. Me ha encantado ver cómo trabajáis en el aula. Nadie discute que las TIC pueden ser muy interesantes si se usan bien. El problema que intento plasmar en el artículo es que, por desgracia, los que gestionan la formación no se dan cuenta (o no quieren darse cuenta) que una formación finalista, en herramientas y con nula afección posterior en el aula no tiene ningún sentido. O, quizás, es que yo no se lo encuentro.

      Gracias por comentar. Un saludo desde unos kilómetros más arriba 🙂

  2. En buena medida comparto este enfoque que nos das. Añado un matiz, la formación TIC del profesorado ha de ser práctica, no señalando lo que puede hacerse en clase con tal o cual recurso, sino haciéndolo efectivamente en clase. Esto es más exigente de lo que pueda parecer. Cuando en algunos cursos de formación se propone un enfoque práctico suelen reproducirse entre profesores situaciones de clase; unos profesores hacen de alumnos y, generalmente, el formador hace de profesor convencional u otras variantes parecidas. Este tipo de situación no es equiparable a la situación de clase, pues lo que caracteriza una clase es, entre otras cosas, su alumnado, y si el alumnado es sustituido por el profesorado la situación invalida los resultados, o al menos los relativiza.

    Aquí está el fundamento de la formación práctica del profesorado, estar orientada a su clase, siendo su alumnado el destinatario final del programa formativo que se acometa. Y para esto hay que entrar en clase y demostrar o mostrar lo que se propone. Demostrar si la propuesta formativa es externa o mostrar si la propuesta formativa es interna.

    Este tipo de formación no se ajusta a calendario, a fechas o número de horas; es puntual, responde a demandas particulares dentro de un espacio formativo entre iguales, no excluye nada de lo que se hace habitualmente pero significa, en mi opinión, un importante avance respecto a las prácticas más habituales en lo que a formación docente se refiere.

  3. De acuerdo.
    Necesitamos más sentido común y menos fuegos de artificio.
    Formación práctica, didáctica, metodológica y tecnológica.
    Más rigor, mucho más para la formación en tecnología educativa en la que seguimos suspendiendo tanto en las facultades para futuros profesores como en la formación permanente.

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