¿Qué hacemos con el Yonatan?

Conforme pasan los años cada vez tengo más preguntas acerca de cuestiones que afectan a mi profesión. Ser un mal docente es lo que tiene: la necesidad de preguntarse uno mismo por qué no hay nada que funcione siempre, qué pasa con ciertas cuestiones que parece que no puedas revertir desde el aula o, simplemente, ya acabas planteándote para qué sirve realmente lo que estás haciendo y el objetivo último del sistema educativo del que formas parte activa.

Fuente: Ramón Martín (CC)

Es por lo anterior mi preocupación acerca de milagros educativos, la conversión de la educación en un espectáculo circense o, simplemente, las justificaciones inverosímiles de algunos para defender ciertas cosas. Por cierto, también me preocupa el monolitismo de algunos porque, sinceramente, no entiendo que uno que se dedique a esto tenga las cosas tan claras. Yo no las tengo después de más de veinte años de profesión. Supongo que debo ser un mal profesional porque, visto lo que dicen algunos que llevan muy poco tiempo en el aula, mi problema es que no sirvo para esto.

Hay preguntas que siempre me planteo. Y entre ellas, siempre me surgen las mismas. Algunas de forma muy recurrente como por ejemplo qué hacemos con el Yonatan. Me preocupa saber que el Yonatan, la Jessi o el Kevin no van a llegar a estudiar más allá de los dieciséis, posiblemente se dedicarán al negocio familiar y, al final, van a seguir parados en el mismo piso (en ese ascensor social que tanto gusta obviar a algunos, que antaño era la educación) que sus padres. Y eso con suerte porque, por desgracia, la sociedad actual es mucho más compleja y la explotación laboral está a la ordn del día. Eso con suerte. Si no la hay, todos sabemos cómo van a acabar.

También me preocupa saber qué pasará con aquellos con los que se está experimentando con determinadas cosas. Con esos a los que se les está vendiendo que dar Sociales en inglés es un plus futuro o, simplemente, con los que, guiados por determinados entes, creen que el mundo está plagado de unicornios. Creo que los niños burbuja (y no hablo solo de la faceta educativa) van a ser un problema. La incapacidad de asumir el fracaso es algo muy serio. Lo vamos a pagar. Tiempo al tiempo.

¿Y con los chavales que ven en su casa como un día sí y al otro también su padre da una tunda a su madre? ¿Qué pasará con ellos? ¿Y con los que tienen a sus padres en la cárcel, los que les acompañan a apostar en una de esas casas de apuestas que tanto proliferan en los barrios pobres o, simplemente, con aquellos cuyos padres, antes de cumplir los dieciséis los llevan de putas para que vean cómo puede abusarse de una mujer? Hay contextos muy jodidos y me preocupa saber qué pasara con los chavales que ven ciertas cosas en sus casas. No estoy hablando de forma sesgada porque todos sabemos que ciertas actitudes públicas se dan más en familias socialmente complejas. ¿La gente con posibles no hace ciertas cosas? Claro que sí pero, al menos, procuran que sus hijos no lo vean o participen en ellas.

Hoy me ha dado por preguntarme qué hacemos con esos chavales a los que se ha dejado a la dula, en un sistema educativo cada vez más comprensivo y menos sancionador o, simplemente, en unos edificios donde, al final, lo único que se hace de forma más o menos encubierta es acabar segregando en grupos de nivel o poder adquisitivo de las familias. Me preocupa porque, al final, todos los chavales van a formar parte de la sociedad y, aunque sea por egoísmo y querer la mejor sociedad posible para que pueda pasear por ella, disfrutar de ella y que pueda disfrutar de la misma mi hija, quiero que la escuela sea un verdadero lugar, con sus limitaciones y todo lo que debamos hacer para que lo sea (actuar con las familias, poner asistentes sociales, ayudas económicas específicas, etc.), para que no haya ningún techo de cristal para nadie porque, al final, los niños cuando nacen son iguales. O, al menos, deberían serlo. Y no me vengáis con el tema de las inteligencias predefinidas porque, curiosamente, todos los estudios e investigaciones dicen que el contexto de nuestros alumnos es más importante que esa genética intelectual tan sobrevalorada por determinados intereses.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.

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